Señor, amigo de la vida (Sb 11,26)

Don de Dios

El jueves pasado estuve rezando en la capilla del hospital de Parla, y leí este versículo del libro de la Sabiduría, que reconozco me zarandeó interiormente al darme cuenta de que estaba en la ciudad madrileña donde se habían registrado más abortos durante el año 2009 y la única de la región en que crecieron sus cifras; en Parla se realizaron más abortos que en Madrid capital... Y la palabra que Dios tenía ese día para mí era esa: que Él es "amigo de la vida", que ama a todos los seres y no odia nada de lo que ha creado.

Desde la mitad del capítulo 11 hasta la mitad del 12, el autor del libro de la Sabiduría nos ofrece una bella reflexión sobre el poder y la misericordia de Dios, es más, la idea central es que la misericordia de Dios es una manifestación de su omnipotencia: "Te compadeces de todo porque todo lo puedes" (Sb 11,23).

 

Es decir, Dios muestra su poder mediante el perdón y la misericordia con el pecador, siendo compasivo con el que le ofende, le desobedece o se aparta de Él, mientras que el ser humano manifiesta su poder frente a los demás mediante el control, el dominio, la violencia e incluso la muerte del otro...¿por qué? ¿qué lleva al hombre a actuar así? ¿por qué usar el poder eliminando la vida abortando niños en el vientre de su madre o impidiendo que aniden en su útero, acelerando y facilitando la muerte de ancianos y enfermos terminales, eliminando embriones "sobrantes" en técnicas de fecundación artificial, permitiendo que cada día mueran personas víctimas del hambre, de la explotación, de la guerra y muchas otras cosas más? ¿Por qué empeñarse en crear una cultura de muerte en lugar de construir una cultura del amor y de la vida?

Deduzco que, si el hombre no está usando las mismas formas que Dios, es porque se está apartando de Él, porque se ha empeñado en vivir sin Dios y así se aleja a pasos agigantados de la fuente de la vida, sustituyendo a Dios por otros dioses (fama, honor, dinero, poder,...); apartarse de Dios lleva parejo el perder la conciencia de ser criatura, limitada pero excelsa porque es persona: cada uno somos un ser único e irrepetible, obras originales que nunca se han dado ni jamás se repetirán. Y, por ser persona, somos seres libres llamados a vivir una comunión de amor: ese es el único camino para ser felices, vivir el amor en plenitud, y el amor siempre es generador de vida porque una de sus propiedades es la fecundidad. Por eso, Dios -que es amor- es "amigo de la vida", y en la medida que vivimos unidos a Él también nosotros somos "amigos de la vida"...y viceversa.

Allí, paseando a solas por la capilla del hospital, meditaba en que la felicidad de Dios es que el ser humano tenga vida en plenitud, su deseo más profundo -algo que sólo depende de mi libertad- es que yo alcance aquella vida para la cual he sido creado, que es la vida de la Trinidad, la vida eterna...algo que sería imposible si no existiese, si no hubiese tenido la oportunidad de vivir...y me alegré de no ser uno de esos embriones desechados por el flamante Dr. Robert Edwards, padre de la fecundación in vitro y recientemente elegido Premio Nobel de Medicina 2010 por las autoridades suecas: es verdad que muchos miles de personas han nacido por esta técnica, pero muchísimos más son los que no sólo se les ha impedido desarrollarse sino que han sido tratados como material biológico desechable. Confieso que, en esos momentos, di infinitas gracias a Dios por mis padres.

Dios vivo, Señor y dador de vida, "no deja de llamarnos a una vida plenamente feliz" (PE Reconciliación I), no se arrepiente de habernos creado y no deja de invitarnos a mirarle a su Hijo para que descubramos el valor de la vida humana. Ante el Cristo crucificado que cuelga en la entrada de la capilla, destino de muchas miradas y caricias de enfermos y familiares que van a poner a sus pies el dolor y el sufrimiento de sus seres queridos, di gracias a Dios por su palabra, le pedí fuerzas para mostrarme siempre y en todo momento como "amigo de la vida", y me dispuse a celebrar la Eucaristía. La ofrecí por todos los niños abortados en el hospital de Parla.

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