¡Súbete al árbol, que va a pasar!

Zaqueo

En la primera carta que escribe a Timoteo, San Pablo le asegura que Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (I Tim 2,4), lo cual es prueba de la universalidad de la redención de Cristo y garantía para todos de poder acercarnos a Dios con la confianza y la seguridad de experimentar su amor y su perdón. Pero, aunque Dios nos tiende su mano ofreciéndonos una vida fundamentada en la Verdad, me parece que no nos atrevemos a coger su mano...¿por qué? Las respuestas son múltiples.

Cuando leo en el libro de la Sabiduría que Dios "cierra los ojos a los pecados de los hombres para llevarlos al arrepentimiento" (Sb 11,23), como que es capaz de olvidar mis pecados mostrándome que me ama por encima de ellos  que es capaz de perdonar cualquier cosa, siempre que yo me arrepienta y le pida perdón, entiendo lo valioso que soy para Él y lo grande que es el plan que tiene para mí. Sólo cuando tomo conciencia de cuánto se me ha perdonado soy consciente de cuánto he sido amado, de cuál es la grandeza de mi valor.

Jesucristo, Dios visible, es la mano tendida de Dios para que vuelva a vivir de cara a Él, para construir mi vida sobre la verdad; el pecado es el fruto de mi decisión de conducir mi existencia la margen de sus planes, de sus criterios, de su proyecto para mí. El perdón es la máxima expresión del amor que siente por mí...por encima de mis pecados, sean los que sean...y me lo ofrece una y otra vez, todos los días.

Zaqueo es un hombre que ha construido su vida al margen de Dios y de su ley, que vive apartado de Dios y, por tanto, de los demás; que ha edificado su vida sobre la roca del "tener", pero que no es feliz: lo tiene todo, pero le falta el amor. Aún así, se abre a la posibilidad de que Jesús pueda darle la felicidad que desea su corazón, la que lleva buscando desde hace años...pero eso significa abrirse a otra realidad, salir de mis criterios de vida, de la y darle a Jesús la oportunidad de entrar en ella. Y se sube al árbol, porque para "ver" a Jesús -a quien la gente, el mundo, sus criterios, su pensamiento único no le permite ver- necesita elevarse, superar la mentalidad del mundo; y espera, con silencio y emoción, el paso del Señor.

Al escuchar de Jesús: "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa" (Lc 19,5), no podía creerlo...¿yo? ¿por qué? ¿no soy digno? ¿de verdad quieres ser mi amigo?...cuenta San Lucas que "bajó en seguida", lo estaba deseando...y no desaprovechó la ocasión, aunque sabía que acceder a la invitación suponía dejar que Jesús iluminase toda su vida, permitirle entrar hasta las profundidades más recónditas para sanarlas, para darles un sentido nuevo. Sin embargo, el evangelista no nos cuenta qué hablaron concretamente Jesús y él, aunque el libro de la Sabiduría nos puede dar una pista: "corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor" (Sb 12,2).

¡Cuántas heridas hay en nosotros! ¡Cuántas cavernas a las que nunca ha llegado la luz de Jesús! ¡Cuántos secretos "inconfesados" que permitimos nos aparten del amor sanador de Dios!...Zaqueo le dejó entrar en su casa, tomó la mano que Jesús le tendía, se fió de Él, y experimentó la reconciliación con Dios y con sus hermanos: la conversión al amor de Dios lleva implícita la restauración del amor al prójimo, que se manifiesta en obras concretas ("la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y, si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más", Lc 19,8)...¡Y eso fue la salvación de la casa de Zaqueo, de su vida!

Como dice San Pedro, "la paciencia de Dios es nuestra salvación" (II Pe 3,15). Una vez más, Dios sale a tu encuentro, tiende su mano amorosa hacia ti porque quiere ser la salvación de tu casa. No quiere entrar en tu casa sin tu permiso. Quiere iluminar tu vida, corregir lo que está desviado y potenciar lo que está bien dirigido. Si le abres -como Zaqueo y tantos otros a lo largo de la vida de la Iglesia- y le dejas entrar, será la salvación de tu casa.

Comentarios   

 
0 #4 egomantes 24-11-2010 00:23
:oops:
 
 
+1 #3 P. Pedro, C.O. 11-11-2010 08:36
No estoy de acuerdo en que ya no haga falta subirse a la higuera para ver a Jesús, me explico. Hace 2000 años Jesús era de carne y hueso, perfectamente visible; todos reconocían en Él a un hombre, pero pocos llegaron reconocer al Hijo de Dios, al Mesías Salvador.
Entiendo por "subirse a la higuera" elevarse por encima de la mentalidad del mundo, de la visión superficial de la realidad, del pensamiento único, para poder ver más allá, para poder descubrir la verdad de Jesucristo y encontrarme con la salvación...Aun que tienes razón cuando dices que en la cruz es donde más claramente se visibiliza la verdad del amor salvador del Señor.
 
 
0 #2 egomantes 08-11-2010 10:59
Ya no hace falta que, como Zaqueo, nos subamos a higuera alguna para ver a Jesús. Ahora es el tiempo en el que Jesús se nos hace claramente visible desde su propia higuera, la cruz.
 
 
0 #1 wilson 08-11-2010 03:33
EL SEÑOR ES MI PASTOR Y NADA ME FALTA, EL BENDICE MIS PROYECTOS29209 Y ENZANCHA MIS TERRITORIOS GLORIA A DIOS, YA QUE LA la paciencia de Dios es MI salvación.DIOS YO SOY QUIEN TE DESEA QUE ENTRES EN MI CORAZON EN MI CASA EN MI VIDA Y LA HONRES LA GLORIFIQUES LA PROSPERES LA LLENES DE ABUNDANCIA DE TRABAJO DE SALUD DE DINERO DE AMOR DE SABIDURIA DE FELICIDAD PARA GLORIA TUYA AMEN Y QUE TENGAS UNA EXELENTISISISMA SEMANA TE AMO Y GRACIAS POR ESCUCHARMEEEEEE E29209 :P
 

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