EL PADRE ENTREGA A SU HIJO EN LOS BRAZOS DE MARÍA, QUE LO OFRECE. En la Presentación del Señor

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Entran José y María en el Templo. José lleva a quien ha hecho hijo suyo legalmente y, sin duda, al que está en su afecto como hijo. María lleva a su hijo, a quien ha engendrado y gestado, al que ha dado a luz y ha amamantado, al que crece en su alma, día a día, hasta hacer de su hijo su propia casa. María lo lleva todo llevando a su hijo, para entregárselo a Dios como don.

Pero en los brazos de María, es también el Padre quien ofrece a su Hijo eterno, engendrado antes del tiempo y ungido con su Amor. El Padre entrega a su Hijo amado, en quien se complace. En los brazos de María el Padre lleva a su Hijo para entregarlo al hombre como don.

El largo diálogo entre Dios y el hombre, desde Abraham, desde Adán, se condensa ahora en María. María ofrece el fruto de su fe, el Padre ofrece el fruto de su amor eterno. Ambos llevarán su ofrenda hasta el final, María como madre de una nueva humanidad, Dios como el Padre de un Hijo lleva consigo, ya para siempre, la naturaleza de Adán. El diálogo de la revelación se desarrolla hasta el final: del seno virginal al templo, del templo a la cruz, donde María y Dios consumarán la entrega a su Hijo. Y el Hijo mismo, que toma de ambos lo que les es propio, de su Padre y de su madre, se ofrece a Dios —como nuevo y obediente Adán—, y se ofrece al hombre —como Dios que se ha abajado a la capacidad humana—.

La lógica del diálogo amoroso se cumple en la Cruz. Jesucristo desarrollará hasta el final la lógica: como Palabra pronunciada, encarnada y sacrificada por amor al hombre; como hombre verdadero, como nuevo Adán, cabeza de una nueva creación, entregado al Padre. Ha tomado la lógica del amor de Dios, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; y ha tomado la lógica de su Madre, que lo lleva en brazos hasta el Templo para consagrarlo y lo acompaña hasta la cruz.

En la presentación del Señor contemplamos un momento de este diálogo de amor entre Dios y el hombre, un diálogo pronto a culminarse, que se condensa en María. El Padre que entrega a su Hijo en los brazos de  María que lo ofrece.

P. Enrique Santayana C.O.

 



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