Hora Santa: Modelo 2

HORA SANTA

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración introductoria.

Aquí estamos, amado Jesús, ante tu Cuerpo Sagrado, adorándote y acompañándote en tu última noche entre nosotros.

Creemos firmemente que estás presente en el Pan Consagrado, os adoramos y amamos profundamente y os pedimos perdón por todos los que, en esta noche, no os van a adorar y amar

Dejamos a un lado nuestras preocupaciones y agobios de cada día porque, esta noche, nuestra única preocupación va a ser amarte a ti, buen Jesús.

Venimos como unos pobres que desean dar mucho, pero no tienen nada: sólo necesidades y pobrezas. Buen Jesús, que tanto nos amas, nuestra pobreza es tuya, tómala.

Queremos acompañarte en esta noche en que te preparas para darnos la mayor prueba de amor. Nos preparamos para tu salvación. Algo grande vas hacer por nosotros y deseamos estar despiertos junto a ti, preparándonos para ello. Jesús: que esta pascua no se pase sin que dé fruto en mí.

Amado Jesús, que nuestras cobardías, durezas, lentitudes e indiferencias hieren y amargan tanto tu corazón, te pedimos perdón por todo y la gracia de permanecer despiertos y atentos a ti en esta hora santa y durante toda nuestra vida.

Te pedimos que nuestra vida espiritual no acabe en fracaso sino en triunfo final y eterno, pese a las muchas batallas que perdamos durante nuestra vida.

Te lo pedimos todo esto por los méritos infinitos de tu Sagrado Corazón y los del Inmaculado Corazón de María. AMÉN.

Canto. Alma de Cristo

1ª meditación. Jesús se dirige al huerto de los olivos.

Jesús camina con los 11 apóstoles hacia el huerto. Recorre las calles de Jerusalén en plena noche. Los apóstoles caminan detrás en silencio. Todos saben lo que va a ocurrir, porque Jesús se lo ha dicho claramente durante la cena. Todos callan. El miedo está en ellos. Les da la impresión que aquello de lo que no querían ni siquiera oír hablar a Jesús –su pasión y muerte- ha llegado demasiado pronto y no están aún preparados para ello. Ahora Jesús les lleva a Getsemaní, al huerto de los olivos para prepararse rezando. En sus mentes las palabras de Jesús:

“Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, pero lo mismo que dije a los judíos os digo a vosotros: donde yo voy no podéis venir. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”.

“Si el mundo os odia sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo el mundo os amaría pero, como no sois el mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo”.

“Todos vosotros os avergonzaréis de mí y huiréis y me dejaréis solo, pero yo no estoy solo, el Padre está conmigo”

“Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: “heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas”, pero cuando resucite iré antes que vosotros a Galilea. Pedro, Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo 2 veces, me habrás negado tres”

Los once apóstoles caminan silenciosos, llenos de miedo, tristeza y confusión. Piensan: “si Pedro va a negar 3 veces incluso haber conocido a Jesús, siendo Pedro nuestra cabeza, el más fuerte en la fe ¿qué será de nosotros?” Los apóstoles están desalentados, no recuerdan que es Dios mismo el que les conduce y no un simple maestro bueno, no recuerdan que todo es posible para el hombre si confía en Dios y no se separa de Él. La tristeza y desaliento no les deja reflexionar. Pedro caerá por su orgullo, pero se levantará totalmente renovado.

Silencio.

ORACIÓN. Señor Jesús, ¿cómo podemos consolar tu corazón tan ultrajado y herido por tanto odio como cae sobre él? Solamente amándonos como tú nos amaste. Sólo el amor me puede llevar a dar la vida por ti como tú la has dado por mí. Ya sé qué es lo que tengo que pedir con más insistencia: Señor, borra en mí toda huella de amor propio y lléname de amor puro hacia ti y hacia mis hermanos. Jesús, que al menos en nosotros veas que tu sacrificio y tu palabra no ha sido inútil.

Canto. Pastorcico

2ª meditación. Jesús y los Apóstoles en el huerto de los olivos.

Llegan al huerto. Es un lugar apartado y solitario que el Señor había elegido muchas veces para rezar.  En él era fácil olvidarse del mundo y encontrarse con el Padre. En este lugar solitario Jesús puede fortalecerse y llenarse de vida. Es necesario para Jesús este encuentro de amor con el Padre todos los días, pero en esta noche en que debe demostrar al mundo que ama al Padre y que nos ama a nosotros, la oración es más necesario que nunca.

Jesús ha rezado siempre todos los días de su vida para alabar a Dios, para darle gracias, para pedirle fuerzas con las que hacer su voluntad, pero ha rezado de modo más intenso antes de tomar una decisión importante (elegir a los Doce, comenzar su vida pública) o también antes de sufrir un gran sufrimiento. Esta noche reza con ardor e insistencia para no caer en la tentación, para que no le falte la gracia necesaria ni la voluntad suficiente para padecer su pasión por nosotros del modo más perfecto. Sólo desea romper nuestros duros corazones con su amor: todo está preparado para ello.

Llegan al huerto Getsemaní y Jesús les dice: “sentaos aquí mientras yo voy a allá a rezar”. Después elige a tres de ellos para que le acompañen en estas duras horas de oración y tentación: Jesús debe vencer en la oración lo que después tiene que vencer en la vida. Esos tres apóstoles son: Simón Pedro, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, los que serán considerados en el futuro las tres columnas de la Iglesia primitiva. Los elige para que recen con él y le acompañen con su amor. Los demás apóstoles están demasiado asustados y preocupados por salvar su vida, por encontrar un lugar donde esconderse y un camino por el que huir si fuese necesario. A todos ellos los eligió al principio para que estuvieran con él siempre, para permanecer fieles en todas sus pruebas, pero en esta noche de dolor y no de gloria sólo puede contar con estos tres. Los otros aman demasiado su vida. Jesús perdona y no tiene en cuenta esto.

Jesús les dice a los tres: “Triste está mi alma hasta la muerte, quedaos aquí y velad conmigo”. Y adelantándose Jesús un tramo de unos 50 metros comenzó su oración más importante, volcando en ella todas las preocupaciones y angustias de su alma, poniendo en ella toda su voluntad y deseo de salvarnos.

Jesús camina valiente y decidido hacia su prueba: tres horas de oración lleno de angustia y tentación. Camina decidido a vencer, no le preocupa lo que tenga que sufrir para ello. Va a fortalecer su decisión de que reine en él la voluntad del Padre.

Silencio.

ORACIÓN. Amado Jesús. Tú te mantuviste firme en la tentación por amor a nosotros y por amor al Padre. Danos tu fuerza para que nosotros también seamos fieles a tus mandamientos. Danos tu fuerza para que seamos fieles a la oración. Acoge esta hora de adoración como el mayor gesto de amor que podemos darte en este momento. Haremos tu voluntad, te amaremos más que a nuestra vida y estaremos contigo en las alegrías y en las penas, en los momentos de gloria y en las persecuciones y humillaciones. Ayúdanos para que así sea.

Canto. Nadie te ama como yo

3ª meditación. La oración y angustia de Jesús.

Jesús se ha retirado un poco de sus tres apóstoles elegidos y ha buscado un lugar escondido para rezar al Padre y sacar de él la fuerza necesaria para sufrir sin desfallecer su amarga pasión. Oculto de las miradas y pensamientos de los hombres, postrado en tierra reza una misma palabra:

“Abba, Papaíto mío bueno, hágase tu voluntad, dame tu fuerza para que pueda soportar con fidelidad a tu voluntad y a tu enseñanza los sufrimientos que voy a sufrir”.

“Papá santo y bueno, fortalece las almas de mis apóstoles y discípulos para  que cuando vean a su Maestro y Señor destrozado y humillado no pierdan la fe. Dios mío, no les sea yo ocasión de escándalo, que por mi causa no queden confundidos”.

“Yo les enseñé todo lo que aprendí de ti, todo se lo he dado a conocer y ellos han acogido mi palabra. Padre, no se pierda todo ahora, derrama tu gracia para que puedan ser perfeccionados por esta prueba necesaria para sus almas y para su futura misión”. “Te pido que no hieran también ellos mi corazón apartando su rostro de mí cuando me vean todo herido y destrozado, como varón de dolores”.

Jesús reza con todo su fervor por nosotros. Dedica una hora entera a ello: de rodillas, tumbado en el suelo con los brazos extendidos, de pie con los brazos alzados hacia el cielo, etc.

Al mismo tiempo, los tres apóstoles están sentados en el suelo, tratando de rezar, pero es demasiado grande la tristeza y el llanto por lo que va a ocurrir inmediatamente como para poder concentrarse. No saben qué rezar, qué hablar con Dios, qué pedirle. Lo único que ocupa todo su corazón y pensamiento es el deseo de que a Jesús no le pase nada malo. Están tristes porque parece que todo se acaba, ya que a Jesús lo van a matar humillantemente y ellos van a quedarse solos. La historia maravillosa que habían comenzado con Jesús iba a acabar toda ella en desastre trágico y amargo. No querían que Jesús tuviera que morir ni morir ellos tampoco de esa manera. Morir como Judas Macabeo era un honor deseable, pero dejarse matar como un criminal despreciable era pedirles demasiado. Pedro recuerda su impulsivas palabras durante la cena: “aunque todos te abandonen yo no: aunque tenga que morir contigo yo no te negaré”. Ahora está lleno de dudas y debilidad; la fuerza que sentía dentro de sí cuando dijo aquello ahora ha desaparecido y está lleno de miedo.

La tristeza les vence y están en una gran desolación. Satanás ha metido en ellos las dudas sobre si todo no habrá sido una ilusión ingenua, sobre si realmente Jesús no será un loco en vez de la Sabiduría de Dios. Luchan como pueden contra los líos de su cabeza, pero están demasiado cansados por tanto llorar y sufrir y quedan dormidos los tres.

Silencio.

ORACIÓN. Señor Jesús, que lleno de angustia y miedo no desfalleciste en tu voluntad de sufrir una muerte tan horrible para librarnos a nosotros del morir eterno, concédenos la gracia y voluntad para que aprovechemos tu sacrificio y saquemos de él una vida conforme a la voluntad del Padre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Canto. Crucificado

4ª. Meditación. Jesús encuentra a sus amigos dormidos.

Tras una terrible hora de tribulación y oración constante por nosotros, Jesús marcha a donde dejó a sus tres apóstoles y futuras columnas de su Iglesia. Acude a recibir consuelo de sus amigos. Desea verlos despiertos, obedientes, rezando a Dios en vela, pero al llegar, los encuentra totalmente dormidos. Se han dejado vencer, no han sabido poner toda su fuerza de voluntad, el diablo les ha vencido para que ellos no estén fuertes en la hora de la prueba y para que Jesús los vea y se desanime. Jesús despierta a Pedro y le dice:

“Pedro, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar conmigo? ¡cuánto daño me acabas de hacer!, pues yo te quiero mucho y las faltas de amor tuyas me duelen más que las de otros. Pedro, velad y orad para no caer en la tentación, que el espíritu es decidido y fuerte, pero la carne es débil. Yo sé que darías tu vida por mí, sé que nunca has deseado dejarme solo ni en los peores momentos, pero si tu espíritu no se hace más fuerte aún, es decir, tan fuerte como para vencer también a la carne, no resistirás la tentación. Pedro, recuerda que satanás va a por ti más que a por los otros”. “Pedro, recuerda que eres responsable de tus hermanos: no sólo debes darles ejemplo sino que debes hacer lo posible para que sean fieles”.

Juan también se ha dormido.¡ Pobre niño que ha quedado humillado ante su amado Jesús!. El que tantas alabanzas ha recibido siempre ahora le toca descubrir la poca verdad de todas ellas. No ha amado a Jesús velando y ahora le será ocasión de tentación y desánimo. Ha descubierto que es igual de pecador que los demás apóstoles.

Jesús vuelve a su lugar de oración. Ahora está espiritualmente más débil, porque los amigos no sólo no le han dado fuerzas con su amor sino que le han desanimado con su falta de fidelidad. ¡Cuánto tiene que sufrir Jesús en esta segunda hora como consecuencia del escándalo que le han producido los tres mejores apóstoles! ¿Merece la pena padecer tanto por gente tan desagradecida? Tanto tiempo enseñándoles con paciencia y sudor, tantos buenos ejemplos y ellos ¿ni siquiera han podido estar despiertos una hora por amor a mí?

Satanás se frota las manos. Los tres apóstoles le han servido de instrumento mejor que todas sus técnicas de la hora anterior. Se aprovecha de lo que Jesús acaba de ver para decirle: “¿te das cuenta lo inútil que es sufrir por ellos? Ellos son a los que más has dado y mira como se comportan: como los peores. ¿Crees que el resto de la gente es distinta a ellos, que sabrán aprovechar tanto sacrificio? Contempla el pecado y el desagradecimiento de los pasados, presentes y futuros hombres. Contempla tantos bautizados que viven sin fe ni amor, en pecado mortal, como si no hubieras hecho nada por ellos. ¿Para qué sufrir? ¿Sabes lo que ocurrirá con todos esos desagradecidos? Que la Justicia de Dios les sentenciará a un infierno mucho peor aún, gracias a tu sacrificio despreciado. Intenta darles más años de paciente y sacrificada predicación y milagros, pero no mueras ahora por ellos: no se lo merecen, no lo van a saber aprovechar para salvarse y les va a suponer un infierno terrible”.

La angustia y tribulación de Jesús es terrible y indescriptible. Jesús reza: “Abba, Padre mío bendito, infinitamente sabio: no me importa sufrir la pasión aunque no me amen, pero si es posible, aleja de mí el dolor de ser la causa de su condenación. Padre, tú lo sabes todo, sabes lo que es lo mejor: no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Silencio.

ORACIÓN. Señor Jesús, que no valoraste tu vida sino que la sacrificaste por amor y supiste sacrificar tu criterio y voluntad a los del Padre, concédenos no serte ocasión de eterno dolor, sino amarte con todo el corazón, el alma y las fuerzas y obedecer en todo la voluntad de Dios. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Canto. Toma que mi cuerpo

5ª Meditación. Jesús vence por nosotros.

Jesús no puede más y vuelve hasta sus tres apóstoles con la intención de encontrar en ellos amor que le consuele y fortalezca para seguir luchando. Si los ve obedeciendo encontrará consuelo. Podría haber desconfiado de ellos, pensando mal de ellos, estando seguro de que si antes los encontró dormidos ahora también, pero el amor le hace confiado y vuelve a ellos buscando consuelo de amor. Al llegar los vuelve a encontrar dormidos por el sueño y la tristeza. Jesús los mira con compasión y cariño: los comprende. Jesús ha vencido la tentación de amar sólo a los que le aman, de mirar los frutos de las acciones, la tentación del utilitarismo (hacer lo útil, aquello de lo que vamos a sacar algún beneficio). Los apóstoles no le aman como él quisiera ser amado sino mucho menos, pero no le importa: va a amarles de la mejor forma: dando la vida por ellos, y de ese amor sacará amor en ellos, los hará crecer en amor. Jesús no piensa en sí mismo sino en los demás y desea hacerles bien.

Jesús vuelve contento a su lugar de tentación: va decidido a decir de nuevo: “Padre, hágase tú voluntad y no la mía, lo quiero y llevo tú ley en mis entrañas”. Entonces contempla, uno a uno, los sufrimientos de su pasión. Tan terribles son que le hacen sentir pavor y sudar sangre. Satanás aprovecha para tentar: “¿De verdad vas a poder soportar tanta humillación y tortura seguida sin descanso? No podrás con ello y tus discípulos quedarán convencidos de que eras un mentiroso y un loco que se creía Dios”. “No sufras ahora, que aún no están preparados los hombres para saber apreciarlo”. “Todavía no estás tú tampoco preparado para esto: necesitarías otros 40 días como cuando fuiste al desierto después de tu bautismo”. “Sé prudente y no lo hagas” “¿No ves lo terrible de los golpes, de los odios de los hombres? Mira cómo te insultan y amenazan de muerte hombres más fieros que mastines, mira cómo te acusan y calumnian injustamente; observa cómo ni siquiera en la cárcel te dejarán de pegar y burlarse; no se te va a respetar por se Dios, ni judío, ni maestro, no van a respetar ni tu salud, ni tu pudo,r ni tu descanso; mira la tortura de dolor que sufrirá tu madre en su corazón, viéndolo todo ¿no te importa que alguien tan puro y santo, la única persona que te ha querido y consolado siempre como merecías y necesitabas sufra tanto por tu empeño y cabezonería de entregarte para salvar a los que no quieren convertirse ni seguir tus huellas: morir así y matar en lágrimas a tu madre santa por los que viven a gusto en su mediocre vida y que no quieren cambiar?” “Aún estás a tiempo, huye”.

Jesús persevera en su oración: “Padre, hágase tu voluntad y no la mía. Mi madre me acompañará en cada paso de mi pasión con su amor y su sufrimiento. Así lo desea ella y así lo deseas tú. Padre nuestro, acoge el sacrificio de estos dos corderos mansos y humildes, puros y perfectos, que desean demostrar al mundo que los amas y que lo entregas todo por ellos, para ganarles la gracia de la vida eterna y de la amistad contigo. Padre, muchos no lo aprovecharán y arruinarán su vida, pero otros muchos sí lo harán, y serán las flores hermosas y eternas del jardín celestial, donde contemplarás siempre en ellas el recuerdo del amor que en esta pascua única te tuvimos madre e hijo y verás reflejada en ellas tu infinita gloria”.

Jesús los reúne a todos y les dice: “el traidor está cerca, ahora será vencido el príncipe de este mundo”.

Silencio.

ORACIÓN. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: os adoramos profundamente. Os pedimos de todo corazón, por los méritos del Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María, la gracia del perdón y de la conversión para nosotros y para todos los hombres. Mucho daño hemos hecho a estos dos corazones, no permitas que su sufrimiento sea inútil en nosotros sino llévanos al Jardín celestial donde vivamos felices con Jesús y María por toda la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Canto. No me mueve



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