Breve recorrido histórico

Como resumen del itinerario que nos ha traído hasta aquí ofrecemos la carta enviada al Santo Padre poco antes de ser constituidos como Congregación

Cubas de la Sagra. 16 de abril de 2008. Beatísimo Padre:

Julio González Pozo, Enrique Santayana Lozano, Alberto Velasco Esteban, Enrique Alonso Guerrero y Pedro Castañón López, sacerdotes de la diócesis de Getafe, le dirigimos la presente para expresadle nuestro profundo deseo de ser constituidos como Congregación del Oratorio de San Felipe Neri.
Llevamos una historia común ya bastante prolongada. Tres de nosotros, Julio, Alberto y Enrique Santayana, éramos compañeros de curso en el Seminario Diocesano de Madrid. Los tres teníamos sensibilidades humanas y espirituales no diremos que contrarias, pero sí bastante diferentes. Y el círculo de amistades, que cada uno de nosotros tenía, marcaba y subrayaba estas diferencias.

Sin embargo nos unió, sobre todo a partir del cuarto curso de teología, una común aspiración a la santidad de vida en el ejercicio del sacerdocio y de la caridad fraterna en la vida común.
Así, nos planteamos el futuro ejercicio de nuestro sacerdocio en el marco de una fraternidad sacerdotal que iba bastante más allá de lo que es común habitualmente en un presbiterio diocesano. Por eso, en el momento de la división de la antigua diócesis de Madrid-Alcalá, buscamos quedar los tres incardinados en la diócesis de Getafe, pensando que pertenecer a un mismo presbiterio diocesano facilitaría nuestro objetivo. Julio era de dicha diócesis, Alberto era de la diócesis de Madrid y Enrique estaba más vinculado eclesialmente a la diócesis de Madrid, aunque sus orígenes familiares estaban en la de Getafe. Alberto fue el que tuvo más problemas para poder incardinarse en nuestra diócesis, lo que se consiguió a los dos años de ser ordenado en la diócesis de Madrid.

Los dos primeros años de ejercicio ministerial estuvieron marcados por la distancia que nos imponían nuestros destinos pastorales. Enrique fue párroco de Rozas de Puerto Real y formador del Seminario Menor, Julio vicario parroquial de Santos Justo y Pastor, en Parla, y Alberto vicario parroquial en Ntra. Sra. de los Desamparados, en Villaverde. Y a pesar de los kilómetros que nos separaban mantuvimos casa común y cuenta común y reservábamos nuestros pocos ratos libres para estar juntos y estimularnos en el objetivo común que permanecía invariable.

De la labor pastoral desarrollada por aquellos años primeros y, sobre todo, de la gracia de Dios, surgieron algunas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Enrique Alonso figura entre aquellas que permanecen. Él llegó al sacerdocio y además quiso desde el principio unirse a los que le precedían, en su objetivo y vida común. Durante los años posteriores otro sacerdote, Pedro Castañón, se unió a nosotros en nuestra forma de vida. Su vocación no surgió entre nosotros, sino que venía de atrás. Tenía relación con uno de nosotros desde antes de entrar en el Seminario de Getafe y nos conoció a los demás por el tiempo de su ingreso en el Seminario. La relación con él creció durante el año en que recibió las Sagradas Ordenes y desembocó, dos años después, en su llegada a nuestra casa y a la vida común con los cuatro anteriores.

Desde el principio consideramos que la vida fraterna que queríamos llevar era la vida en una misma casa, compartiéndolo todo, permaneciendo juntos hasta al final de nuestros días, ayudándonos tanto en las cosas propias de nuestra condición humana, como en las propias de nuestra vocación cristiana y sacerdotal, con el fin último de alcanzar juntos el don de la vida bienaventurada.

Así pues, desde que tuvimos nuestros primeros sueldos como diáconos alquilamos en Parla un piso en el que poder vivir. Vivienda que mantuvimos a pesar de la distancia de los dos primeros años de ministerio sacerdotal, como lugar de referencia para nuestra pequeña comunidad.

Posteriormente, cuando Julio y Enrique Santayana fueron enviados a iniciar la parroquia de san Bernardo en Parla, dejamos el alquiler y nos fuimos a la casa sacerdotal de dicha parroquia. Allí vivimos desde entonces, primero Julio, Enrique Santayana y Alberto, más tarde, Enrique Alonso y Pedro. 
Viviendo ya en la parroquia de san Bernardo, en Parla, se sumó a nosotros un joven laico, Raúl Malagón. La estrechez de la casa para todos los que ya vivíamos juntos nos hizo cambiar el domicilio a la casa parroquial de Torrejón de Velasco, donde Alberto es párroco desde su llegada a nuestra Diócesis. Allí hemos vivido desde septiembre de 2004 hasta hace unos pocos días. En ese mismo Septiembre se incorporó a nuestra fraternidad Jonatan Mirón. Jonatan es un joven ha entrado este año en el Seminario de Getafe con el deseo de ser sacerdote.

Enrique Alonso, Raúl y Jonatan nos conocieron a los más antiguos cuando eran muy jóvenes. Enrique Alonso formaba parte de un grupo que se preparaba para el Sacramento de la Confirmación, Raúl llegó después, con 17 años. Había recibido la primera comunión años atrás, pero sin ninguna verdadera catequesis de iniciación. Jonatan llegó ya con 18 años y ni siquiera había hecho recibido la Eucaristía. Todos ellos se unían en un grupo muy amplio de jóvenes y de algunos adultos. Jóvenes que, desde niños se habían convertido en "habituales" en nuestra vida. Se reunían en la parroquia para la misa dominical, para la catequesis y para la celebración de la Palabra, que empezamos a hacer los sábados y que aún continuamos. También en convivencias, en campamentos y peregrinaciones. Pero no sólo en estas actividades, catequesis y celebraciones litúrgicas, sino que muchos de ellos nos buscaban permanentemente y, sin buscarlo ni pretenderlo, nos convertimos en algo más que catequistas y confesores.

Ese es el origen de lo que ahora podríamos llamar "el oratorio seglar". Muchos de aquellos muchachos se casaron y tienen hijos. Y se añadieron otros adultos y otros más jóvenes. También entre ellos ha crecido durante muchos años el amor cristiano y el deseo de una vida comunitaria más estrecha. Desde hace ya varios años, durante el verano, todos compartimos un mes de vida común: bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos. Alquilamos las instalaciones de una "monjitas" en el campo y, con un gran sacrificio por parte de los que deben seguir viajando todos los días para trabajar, pero con gran gozo de todos, compartimos un tiempo de descanso, de oración, de formación cristiana, de trabajo y de vida común.

Los que actualmente vivimos juntos, los cinto sacerdotes que firmamos esta carta, más Raúl y Jonatan, tenemos la voluntad firme de ayudarnos durante toda la vida en el crecimiento de las virtudes de la vida cristiana, especialmente en la caridad. Tenemos la esperanza de que la comunión con Cristo, la permanente llamada a estar con él y de trabajar con él por la expansión del Evangelio, haga cada vez más fuerte la comunión entre nosotros; y que, al mismo tiempo, nuestra común amistad y los vínculos del amor fraterno nos hagan cada vez más íntimos al amor de Cristo y de su Iglesia.

Aunque nunca quisimos fundar nada nuevo en la Iglesia, es verdad que desde siempre quisimos preservar y permanecer en este deseo y en su realización, y de hecho, nos preocupaba que pudiese llegar un momento en que, por la obediencia que debemos a nuestro obispo, viésemos, de hecho, rota nuestra vida común, durante tanto tiempo cultivada y tan querida para nosotros.

Quizá fue esto mismo lo que hizo que nuestro anterior obispo, ya fallecido, D. Francisco, tomase la iniciativa y nos invitase él mismo a pensar en redactar unos estatutos que a modo de experimento regulasen la vida de nuestra casa, y que esa vida quedase bajo la tutela maternal de la Iglesia.
Pero no sabíamos cómo dar forma a nuestro deseo. El obispo actual, Don Joaquín, nos invitó a dejarnos llevar por la vida, de forma que la misma vida, guiada por el Espíritu Santo, fuese "hablando". Y sin duda creemos que así ha sido. Porque sin esperarlo apareció ante nosotros la mediación de san Felipe Neri y de su Oratorio.

 

De forma providencial, dos de nosotros, uno por motivos espirituales, otro por motivos de estudio, nos acercamos a la figura del cardenal John Henry Newman. Su itinerario espiritual, junto al de los amigos que le acompañaron, desde su acción en la Iglesia Anglicana y en el movimiento tratactariano, el retiro con sus amigos a Littlemore, su conversión e ingreso en la Iglesia Católica, hasta llegar a abrazar la vocación oratoriana como la propia, nos mostró lo que deseábamos, pero que no buscábamos de una forma explícita.

Newman nos mostró la obra de san Felipe Neri, en la que de forma providencial y provechosa para la Iglesia encajaron él mismo y los amigos que le acompañaron en su itinerario espiritual. Y sin pretender compararnos con él, ni con sus virtudes humanas y cristianas, el famoso converso de la Iglesia anglicana nos mostró el lugar donde podríamos encajar nosotros.

A partir de ahí creció nuestro deseo de conocer la congregación del Oratorio de san Felipe Neri. Y nos acercamos a ella no sólo a través del cardenal británico, sino también a través del propio san Felipe Neri. Contactamos con los miembros responsables de la Confederación del Oratorio, tanto en España, como en Roma. Y cada paso que dábamos y cada acercamiento que hacíamos se convertían en una emocionada certeza de que habíamos encontrado nuestro propio lugar en la Única Iglesia Católica que tanto amamos y a la cual deseamos servir.

Todo esto nos llevó a pedir a nuestro obispo licencia para constituirnos en casa de formación del oratorio. Nuestro obispo nos dio tal licencia unos meses después y empezamos enseguida dicha formación bajo la guía del Procurador General de la Confederación. Así hemos ahondado en el conocimiento de las Constituciones de la Congregación del Oratorio. Hemos rezado y meditado largamente. Hemos pedido la intercesión de los santos y de Ntra. Señora, la Virgen María. Y hemos implorado el auxilio del Espíritu Santo.

Todo eso no ha sido obstáculo para que cada uno de nosotros siguiese con sus responsabilidades pastorales. En la actualidad, Julio es Director del Santuario Diocesano de Santa María de la Cruz y capellán de la comunidad de monjas clarisas que allí viven, en Cubas de la Sagra. Enrique Santayana es Delegado Episcopal para el Catecumenado y Director del Secretariado Diocesano para la Catequesis. Alberto Velasco es Párroco de San Esteban Protomartir, en Torrejón de Velasco, y capellán de una residencia de ancianos en Parla. Además Alberto es arcipreste de Valdemoro, donde está su parroquia. Pedro es párroco de San Bernardo, en Parla, y el arcipreste de dicho arciprestazgo. Es también el Consiliario Diocesano de la Adoración Nocturna. Enrique Alonso es vicario parroquial de San Bernardo, en Parla, y atiende también un par de residencias de ancianos.

Guiados por Dios, sin saber en muchos momentos qué paso sería el siguiente que tendríamos que dar, ha madurado entre nosotros la voluntad de ser constituidos en Congregación del Oratorio y progresar así en el camino hacia la vida eterna. Esa es nuestra voluntad firme y la súplica que dirigimos a su santidad, en esta carta que cuenta brevemente nuestra historia y que firmamos los sacerdotes

Julio González Pozo
Enrique Santayana Lozano
Alberto Velasco Esteban
Enrique Alonso Guerrero
Pedro Castañón López


Alcalá de Henares es una ciudad del centro de España, situada en la Comunidad Autónoma de Madrid, junto al río Henares y cuenta con una población de aproximadamente 180.000 habitantes. Está situada al este de Madrid, la Capital de España y dista de ella 30 km. El aeropuerto de Madrid-Barajas está muy próximo a la ciudad de Alcalá y se comunica con la ciudad por la misma autopista que Madrid.

Alcalá fue fundada por los romanos y a la que ésto dieron nombre de Complutum. Fue destruida hacia el año 1000 y reconstruida en 1083 por los musulmanes. En 1348 fue sede de las Cortes de Castilla convocadas por Alfonso XI en las que se elaboró el Ordenamiento de Alcalá y Las Partidas.</p>
En 1498 el eclesiástico y político Francisco Jiménez de Cisneros creó aquí la Universidad Complutense, que se convirtió en un importante centro de enseñanza de España y hasta el día de hoy, es la perla de la ciudad. En 1517 se imprimió en Alcalá la famosa Biblia Políglota Complutense. Es el lugar de nacimiento de dos destacados escritores españoles: el Arcipreste de Hita y Miguel de Cervantes Saavedra. Entre los monumentos más importantes caben citarse la iglesia Magistral, de estilo gótico, el palacio arzobispal (siglo XVI) y la universidad de estilo renacentista.

BREVE HISTORIA DE LA CONGREGACIÓN

La Congregación del Oratorio de San Felipe Neri de Alcalá de Henares, es una de las primeras fundadas en España, y corresponde a la época más abundante en fundaciones filipenses en el mundo, que es el siglo XVII y en España el tiempo del reinado de Carlos II, el mismo rey que concede a Alcalá el título de "ciudad".

El fundador del Oratorio de Alcalá es Don Martín de Bonilla y Echevarría, un canónigo de la iglesia de Ávila, que empieza las primeras gestiones fundacionales en agosto de 1694, presentando un memorial al cardenal de Toledo D. Luis Fernando Potocarrero. En el documento D. Martín Bonilla y Echevarría, pide la autorización para fundar una Congregación del Oratorio, a ejemplo de la existente en Madrid y en otras ciudades de España, Italia y otros países europeos. Asimismo el prelado indicaba en su memoria, que como Alcalá era una ciudad universitaria a la que acudían numerosos maestros y discípulos, el Oratorio podía prestar un adecuado servicio para contrarrestar la decadencia de instituciones en las que se aprecian síntomas de profunda crisis.

El Oratorio no iba a ser un colegio para estudiantes, sino un centro pastoral con dedicación a los universitarios y a todas las demás necesidades pastorales dentro de la ciudad y siempre en el marco diocesano. El Señor Cardenal, antes de autorizar la fundación consultó a distintos organismos de la ciudad y la misma Universidad, sobre la utilidad de una tal fundación. La consulta resultó favorable y D. Eusebio de los Ríos, catedrático de la Universidad, manifestó, por su parte, que no dudaba de la utilidad de esta fundación por los ejercicios a que se dedicaba, comprobados ya en toda Europa, con una tradición de más de un siglo de vida en el seno de la Iglesia Católica. Dieron sus pareceres otras personalidades como: D. Diego Castell, canónigo de la Magistral y D. Dionisio Paredes, prepósito del Oratorio de Madrid. Recogidos todos los informes, el Señor Vicario General y Gran Canciller de la Universidad, D. Juan Caldera, encargado por el Cardenal, de estudiar el tema, añadió de su parte, ante el Señor Cardenal: "... que la fundación sería de gran utilidad para los fieles y sería del agrado de Dios y haría bien a la juventud, pues aunque había tantos religiosos en la ciudad, éstos no tenían ninguna actividad pastoral, ocupados únicamente en actividades académicas. Por otro lado, la fundación del Oratorio no supondría ninguna carga económica ni para los fieles ni para la curia".

Una vez visto, que las razones alegadas por el Dr. D. Martín de Bonilla estaban bien fundadas, el 4 de noviembre de 1694, el Sr. Cardenal concedió la licencia para el nacimiento del Oratorio de Alcalá de Henares. El lugar de la fundación del Oratorio, desde los primeros momentos de la fundación, es el actual.

Los Padres fundadores compraron unas casas, en su mayor parte arruinadas y convertidas ya en solares. Dicha operación se hizo ante el escribano real Juan de Aranda. A toda prisa se habilitó una de las casas, para que sirviera al menos de oratorio provisional, y también se construyó un improvisado campanario. La primera misa fue celebrada el 5 de diciembre, por el Señor Vicario D. Juan Caldera, lo cual se hizo en presencia de toda la iglesia y la ciudad con la común aprobación. El provisional lugar del culto del Oratorio, fue por entonces, el espacio que hoy ocupa la Sacristía y así se quedó hasta 1698, año en que se toma la decisión de levantar una iglesia y cuya construcción termina en 1704.

El maestro que dirigió toda la obra fue Bartolomé Oñoro, colaboró con él D. Manuel Crespo a quien correspondió terminar la obra al morir D. Bartolomé Oñoro. Las puertas fueron obra del maestro Pedro Crespo. La nueva iglesia poseía un retablo, obra de Tomás de Busto. Las tallas de San Felipe y de Santa Teresa, que se conservan en el presbiterio, son todavía donativos de D. Martín de Bonilla y Echevarría. El principal bienhechor de la nueva fundación es su fundador D. Martín Bonilla y Echevarría quien hizo muchas donaciones a favor del Oratorio; otro, un Sargento de la Nueva España, D. Juan Pérez Merino, de quien se conserva la pintura de la Virgen de Guadalupe y el mismo pueblo de Alcalá con sus limosnas. Como hemos dicho, la Congregación del Oratorio fue fundada para labores pastorales.

Para asegurarles un buen nivel, los Padres de inmediato dieron prioridad a una buena Biblioteca para responder a la carencia intelectual de la época, dedicando un espacio privilegiado de la casa para ella. A lo largo de estos pasados tres siglos, no cabe duda, que la existencia del Oratorio tuvo su importancia en la historia de Alcalá. Baste con recordar a Acosta de la Torre, que publica su "Guía" a finales del siglo pasado, y dice lo siguiente: "El siglo XVII tocaba a su término y antes que sonara su última hora una nueva Congregación venía a ilustrar con su ciencia y su enseñanza a la ciudad de Alcalá. Tal fue la fundación que llevó a cabo el Doctor Don Martín de Bonilla y Echevarría".</p>

De las veintiuna comunidades religiosas que albergó en su seno Alcalá de Henares, hoy hay dos: la de los filipenses, única de las antiguas, (....) casi todas las jóvenes distinguidas de la ciudad, en número considerable forman una gran asociación de , que con entusiasmo creciente tributan solemnes cultos a la augusta Madre de Dios en el Oratorio de San Felipe (....).

Los Padres de esta respetable Congregación, misioneros perpetuos, por decirlo así, tienen por instituto confesar y predicar, y con sus trabajos evangélicos producen tan buenos resultados en la instrucción y moralización de los fieles, que no sólo los exceptuó el Gobierno del Decreto General de Extinción de Ordenes Religiosas, sino que les pasa una cantidad anual para su subsistencia (....). Los momentos más tristes en la historia del Oratorio fueron los que afectaron a toda la nación: Invasión Napoleónica y la Guerra Civil Española. En ambos casos los Padres del Oratorio tuvieron que suspender sus trabajos pastorales y desaparecer por algún tiempo.

Hasta 1811, la iglesia del Oratorio conservó su esplendor y decoración originales, pero en este año fue saqueado y expoliado por los franceses. Su espléndido retablo quemado y el templo convertido en granero. Tres años más tarde, con la vuelta de Fernando VII, la iglesia fue recuperada y más tarde, en 1854 restaurada a costa del reino de Isabel II. Otra interrupción en la historia del Oratorio se produjo en nuestros tiempos, que algunos recuerdan aún como si eso ocurriera sólo ayer. Nos estamos refiriendo naturalmente a la Guerra Civil Española. Los Padres tuvieron que abandonar el Oratorio, forzados por las circunstancias, viendo como la iglesia se convertía en almacén de material militar y el sótano del convento, en un lugar, donde muchas personas encontraron la muerte. Esto ocurrió en julio de 1936. Afortunadamente, ni la iglesia ni la residencia de los Padres sufrieron grandes destrozos, como por ejemplo, la tan cercana iglesia de la Magistral, (sí, se perdió el espléndido órgano que poseía la iglesia, traído desde Inglaterra a principios del siglo XX y montado por la casa Norman Beard, Ld. de Norwich) y los Padres pudieron rehacer la vida comunitaria con relativa facilidad, lo que tiene lugar el 1 de noviembre de 1942.

Antes de estallar la Guerra Civil Española, destacó en la historia del Oratorio la figura del P. José Lecanda, quién llevó a cabo una importante obra de restauración de la iglesia. Era Catedrático de Arte y como tal fue nombrado Delegado de Gobierno para la conservación del Patrimonio de toda la ciudad de Alcalá de Henares. A él se debe la conservación de muchos objetos de valor histórico-artístico. Siendo persona de gran prestigio y debido a su origen vasco, ejercía una gran influencia sobre su paisano D. Miguel de Unamuno, quien fue un fiel huésped del Oratorio, donde encontraba un alivio para su vida interior. El P. Lecanda murió en "exilio", en su tierra natal un día singular, el 26 de mayo de 1939.</p>

ORATORIO DE ALCALÁ EN LA ACTUALIDAD

En los últimos años, se acometieron importantes obras de rehabilitación y restauración del Patrimonio lo que necesitaban tanto los edificios como el momento, pues el Oratorio se acercaba a celebrar el III Centenario de la fundación (1694-1994). Desde entonces, el Oratorio cuenta con un Museo abierto al público, donde se expone una importante colección de pinturas del siglo XVII y XVIII; asimismo se han recuperado y modernizado las instalaciones de la mencionada Biblioteca, la cual alberga en sus dependencias el Legado de todas las generaciones de Padres que vivieron en esta casa y que la iban enriqueciendo con nuevas e importantes obras, convirtiendo su Biblioteca en un rincón histórico.

Respondiendo a la gran expansión de la Universidad Complutense en los últimos años, el Oratorio de Alcalá vuelve a su idea fundacional de dedicarse al mundo universitario y está habilitando su propio edificio para acoger estudiantes. Esta realidad de alguna manera obliga a los Padres que actualmente componen el Oratorio a orientar el futuro y la obra de esta casa por el camino tanto pastoral como cultural. Dada la cercanía de este Oratorio de la capital de España y del aeropuerto Internacional Madrid-Barajas, este Oratorio se ofrece a todos los Oratorios como puente entre América y Europa, para lo cual cuenta con adecuadas estancias para acoger a la gente de paso o para realizar estudios en Europa.

EL ORATORIO DE ALCALÁ DE HENARES QUEDA, PUES, ABIERTO A TODOS LOS FILIPENSES Y HOMBRES DE BIEN DEL MUNDO ENTERO.

(P.P. Bolek C.O.)



Comentarios   

 
0 #2 Teresa 14-09-2014 08:46
Gracias Dios nuestro por todo lo que has hecho con nosotros y sigues haciendo! Gracias a nuestros queridos sacerdotes por todos los sacrificios que hacen por nosotros y por permitirnos leer esta carta. Que emoción al recordar todo el camino recorrido hasta aquí y al comprobar como Dios nos ha ido guiando. Le pido a Él q siga haciéndolo, porque aún queda mucho por andar, y que nos ayude a no desfallecer. Sólo me queda decir: Bendito sea Dios!
 
 
+1 #1 egomantes 06-12-2009 23:11
:-)
 

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