Joaquín Rueda Sánchez

Sorry, you have not enough rights to view this image.“El Oratorio, del cual ha tomado nombre después la Congregación, fue instituido por el Santo Padre, para sólo el fin de ganar almas a Cristo: éste es su principal carácter, a esto se dirigen todos los ejercicios fundados en él; y, con toda verdad, puede llamarse el Oratorio una Misión cotidiana y perpetua por las frecuentes conquistas de almas que se ganan a Dios”. (Ejer. del Oratorio, año 1795).

Doy gracias a Dios por este 3 de Octubre del año 2009, en el que nació para la Iglesia la Congregación del Oratorio de Getafe, donde mi familia y yo nos encontramos incluidos. Esto ha sido fruto de un largo camino recorrido; no ha sido algo fulgurante que naciera con un “clic”. Son muchos años esperando algo que estaba ahí,  puesto por Dios, y que nos estaba esperando desde toda la eternidad. Bastaba con encontrarlo. Esta misión comenzó hace muchos años, tenían que aparecer  en nuestras vidas unas personas, entonces seminaristas, que nos marcaron el camino y -como dice más arriba- ganaron nuestras almas para Dios, único dueño de ellas. En nuestra andadura siempre hubo dificultades, pero el Señor nunca nos abandonó.

Siempre estuvo su mano poderosa detrás de nosotros, agarrándonos con fuerza cuando el camino se empinaba, levantándonos en las caídas y ayudándonos siempre, siempre, en las adversidades; nos bastó la perseverancia, la fidelidad.El camino ya lo sabíamos: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue así mismo, cargue con su Cruz y me siga”. Nos fiamos de nuestros sacerdotes y encontraron para nosotros a San Felipe, un modelo de vida a seguir. Hemos ido creciendo, con el paso de estos diez y seis años, en el conocimiento de Dios, y a la vez hemos ido creciendo en el amor a nuestros hermanos, conviviendo con ellos y aceptándolos como son. Ya no nos unen los lazos de la carne, nos unen los lazos del Espíritu, que son mucho más fuertes. Nos hemos hecho amigos de los Santos, porque leyendo sus vidas, nos han enseñado a amar a Dios y a intentar seguir sus pasos hacia la santidad, que es nuestra meta. Y lo bueno de todo esto es que nos lo hemos creído y buscamos con fuerza este camino. Nuestra paciencia ha tenido sus frutos y ahora el Señor nos regala algo importante. Estamos recibiendo el ciento por uno aquí en la tierra, y no lo podemos desaprovechar.

 

Publicado en Schola Amoris nº 1:

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