Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

 

Zacarías 12, 10-11; 13, 1

 

Mirarán al que atravesaron

Así dice el Señor: "Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia.

Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo Único, y llorarán como se llora al primogénito.

Aquel día, será grande el luto en Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido."

Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas.

 

Salmo responsorial: 62

 

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R.

 

Gálatas 3, 26-29

 

Los que habéis sido bautizados os habéis revestido de Cristo

Hermanos: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo.

Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús.

Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

 

Lucas 9, 18-24

 

Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?"

Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas."

Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?"

Pedro tomó la palabra y dijo: "El Mesías de Dios."

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día."

Y, dirigiéndose a todos, dijo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará."

 

Homilía

Atendamos a su Palabra, a la palabra que Dios nos ha dirigido. Es el momento en el que hay que poner toda la atención, como dice la Iglesia, participar activamente, conscientemente y piadosamente durante toda la misa, pero más ahora. Es su Palabra, ha sido Él el que ha proclamado el Evangelio, y el sacerdote sólo tiene una misión: explicaros lo que la Iglesia ha entendido e interpretado siempre a través de los siglos, lo que el Espíritu Santo, nos ha ido comunicando. Dios se nos ha comunicado en la historia, Dios se ha hecho hombre, se ha hecho como nosotros y todo eso, sólo para que nosotros lo entendamos bien, para que no tengamos excusa. Algún día cuando nos presentemos delante de Él, no poder decir: es que yo no te entendía lo que hablabas. Y Él nos dirá: hablaba claro porque hablaba con tu mismo lenguaje, humano.

Pues contemplando a Jesús en el Evangelio, esto debe ser entorno al año y medio de la vida pública, haría como un año o año y medio en que Él ha dejado Nazaret, que ha dejado a María, a la Virgen sola, en Nazaret, al cuidado de sus parientes, a los parientes de José porque ella no tenía hermanos ni tenía familia directa. Y Él ya ha hecho cosas, acordaos que cuando se va de Nazaret lo primero que hace es ir a Cafarnaum, allí resucita a la hija de Jairo, allí cura a la suegra de Pedro, allí hace ya unos pocos milagros, el centurión que le sale al encuentro. Él ya ha hecho milagros. Y en eso hace un alto en el camino, dice que está rezando, y debe estar rezando delante de los suyos, o sea que los suyos, lo ven. En un momento se acerca a ellos, se dirige a ellos y dice: “¿Quién dice la gente que soy Yo?”, la gente habla de mí, quién dice la gente que soy Yo –les pregunta Jesús-. Y ellos responden conforme a lo que han oído a la gente: Pues mira unos dicen que eres Elías. Los judíos tenían una creencia: Elías había sido el primero de los profetas, pero no había muerto, Eliseo había visto que un carro de fuego se lo había llevado al cielo, y ellos creían que tenía que volver, estaban también pues esperando a Elías. Pues unos dicen que eres Elías, otros que Juan el Bautista, que hacía justo un año… fijaos Jesús, que está en Nazaret trabajando de carpintero hasta que Dios parece que le da una señal, porque los evangelistas todos lo dicen, cuando Juan el Bautista fue apresado es cuando Jesús dejó a María, dejó Nazaret y se fue a predicar. Pues haría como año y medio que a Juan el Bautista lo había matado Herodes. Pues unos dicen que eres Juan el Bautista que ha resucitado y otros que eres uno de los grandes profetas que ha venido al mundo. “Vale, bien, eso es lo que dice la gente” y ahora Jesús que nunca habla sólo para que lo oigamos, habla de corazón a corazón para interpelarnos, Jesús dice “y vosotros quién decís que soy Yo”, vosotros que vivís conmigo, que dormís conmigo, que coméis conmigo, que habéis visto lo que no han visto los otros, los que dicen esas cosas de Mí, vosotros quién decís que soy Yo. Sólo responde Pedro y le dice: “Tú eres el Mesías de Dios”.

Nosotros todos los que venimos aquí, incluso los que sólo venimos a misa más que de vez en cuando sabemos lo que es el Mesías, pero hay que entenderlo como ellos lo entendían. Mesías en arameo, que era como ellos hablaban, significa ungido. En griego, que era como lo hemos adoptado, significa Cristo. Pues Tú eres el Cristo de Dios, Tú eres el Mesías de Dios. Cuando los judíos iban a coronar a uno rey, o a uno lo iban a hacer sacerdote o lo iban a hacer profeta, qué hacían: lo cogían lo sacerdotes, lo desnudaban, lo bañaban enterito y luego lo ungían de aceite. Hacían de ellos un cristo, un ungido. O sea que en los tiempos de Jesús, Cristo, Mesías, eran los sacerdotes, mesías eran los reyes, mesías eran los profetas. Pero es verdad que estaba escrito que Dios les había dicho, y ahí tenéis la primera lectura del profeta Zacarías, que aparecería, vendría un Mesías más grande que todos, un Cristo mayor que todos que salvaría al hombre. Y Pedro es el primer ser humano, la primera criatura que confiesa que Jesús es ese Mesías.

Y fijaos la reacción de Jesús. “Tú eres el Mesías el Hijo de Dios”, y Jesús acepta la confesión de Pedro, pero se lo prohibió terminantemente, categóricamente, no podéis decírselo a nadie. Si viene a salvarnos, si viene para que creamos en Él, por qué les pide que se callen. Para cambiarles la mentalidad, como a nosotros. Porque si hoy atendemos un poco a la lectura, a lo que Él nos dice nos revolvemos en los asientos todos, desde los más mayores hasta los más jóvenes, desde las monjas pasando por el cura. Jesús les cambia. Ellos sí sabían que tenía que venir el Mesías pero como somos, como dice Jesús, como dice el Señor en la Escritura: “Sois duros de cerviz, tenéis un entendimiento de bronce”. Las cosas tienen que ser como yo me las imagino y no como son, porque así las ha querido Dios. Ellos creían que el Mesías tenía que ser un gran caudillo, un gran político, un gran militar que librara a Israel de los romanos, de los griegos de todos aquellos de aquel entonces. O sea el Mesías tenía que ser alguien que pasase a espada a todos los enemigos de los judíos, pero escrito estaba, y luego os lo refleja en la primera lectura, escrito estaba, Dios había dicho que ese gran Mesías no era así. Dios hablaba que el gran Mesías tenía que padecer, tenía que sufrir. Y que sólo sufriendo y muriendo llevaría a cabo la obra de la salvación que Dios le había encomendado. O sea, Jesús le dice a Pedro: es verdad, Yo soy el Mesías, pero no lo digáis porque los vais a confundir. Porque Yo no soy un Mesías como ellos creen. Yo soy el Mesías del que hablan las Escrituras. Y por eso automáticamente, a continuación, qué les dice, lo habéis escuchado, les prohibió terminantemente decírselo a nadie, y les añadió: “El Hijo del Hombre”, o sea un servidor, Yo (Hijo de hombre quiere decir un servidor), “el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho”, tiene que sufrir mucho, ojalá lo pudiera decir con mayúsculas, quedaos con esto, tiene que sufrir mucho, ser desechado, ser esquinado, tratado injustamente, abandonado. De quién, de los poderosos. Tiene que ser desechado por los ancianos por los Sumos sacerdotes, los escribas, los fariseos. Ya no sólo eso, tiene que ser ejecutado. Eso sí la última palabra la tiene Dios, al tercer día resucitará.

Jesús hace con los Apóstoles una cosa, la hace con ellos y la hace con nosotros: las cosas, la vida no es como yo la imagino, no es como yo creo. Jesús hoy yo creo que a todos los que venimos a misa quiere… Ya somos muy mayores algunos, ya pocas ilusiones nos quedan más que jubilarnos, y después qué, y después de la jubilación qué. Porque al cielo ninguno se quiere ir. Yo creo que Jesús viene a poner a todos sus discípulos, a los cristianos, en la realidad. No podemos vivir de ilusiones, la vida no es una ilusión. El matrimonio para muchos de vosotros seguro que no ha sido lo que imaginabais. Yo siempre lo digo, el sacerdocio, que yo si volviera  nacer querría ser cura otra vez, no es lo que yo creía, pero es que no se parece en nada. Pues es lo que Jesús viene a deciros: qué es ser cristiano. Es creer en Jesús, muchos creen en Jesús, y nadie niega que Jesús es el Hijo de Dios, y nadie niega que Jesús ha resucitado de los que venimos a misa. Pero fijaos muchos creen en Jesús como qué, como un gran profeta, uno que hablaba muy bien, el Maestro, es verdad lo que dice… y es muy bonito lo que dice. Y Jesús es un gran milagrero, Jesús es un gran médico, Jesús me puede curar el cáncer, Jesús me puede curar los riñones, Jesús puede hacer que vuelva mi marido que se ha ido con otra mujer. Jesús puede hacer muchas cosas. Y es verdad que Jesús es una gran Maestro y es verdad que Jesús es Dios y puede hacer milagros, pero Jesús es el Mesías que carga con su cruz, y que cargando con su cruz nos da la vida a nosotros. Fijaos lo que les dice a los apóstoles, no podemos olvidar eso. Jesús, Dios no es como nosotros lo imaginamos, Dios es como es y en la persona de Jesús lo tenemos.

Jesús decía: me veis a mí, pues ya habéis visto a Dios, no hace falta que se os aparezca. El rostro de Dios es el rostro de Jesús. Y dirigiéndose a todos, para que no se engañasen ni los apóstoles ni nosotros: el que quiera venirse conmigo, a nadie obligo. Dios nos ha dado un don inmenso que es el don de la libertad, y la respetará hasta el último de nuestros días. El que quiera venirse conmigo tiene que negarse a sí mismo, o sea dejar de creer en lo que él piensa, las cosas son así porque las digo yo –pensamos muchos-. No, las cosas son como Dios las anuncia. El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz –dice Jesús- de cada día y que se venga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, porque me ha hecho caso a Mí, ese la encontrará. Jesús hoy viene a decirnos, Dios hoy viene a decirnos por medio de Jesús en el Evangelio: qué es ser cristiano. Venir a misa todos los domingos, si vienen muchos y no se portan bien, incluso muchos curas y muchas mojas. Venimos muchos y no nos portamos bien. Confesarnos, sí. Pero muchos nos confesamos pero no nos arrepentimos de verdad, y volvemos al mes con los mismos pecados. Qué es ser cristiano. Ser cristiano es seguir a Jesús y es participar del destino de Jesús y de la Vida de Jesús. Si Jesús su destino era la Cruz, Él nos dice: tú cristiano casadito con una mujer te vienes conmigo, pues como Yo, carga con tu cruz cada día y vente. La mía era salvar a la humanidad de los pecados. Y la tuya cuál es, pues a lo mejor, de los que estamos aquí, la tuya es que estás enfermo, que no acabas de recuperar la salud. La cruz es que tienes un hijo y se ha ido de casa y no sabes ni donde duerme y si  trabaja y no quiere saber de ti. La cruz es a lo mejor un pecado que tienes y no eres capaz de verte libre de ese pecado por más que quieres y por más que lloras y por más que te confiesas. La cruz a lo mejor es que estás en el paro, después de 30 o 40 años y ahora tienes 55 y quién te va a coger, ¿verdad? Jesús es el único que nos dice verdad, que no nos engaña. Jesús es el único que nos dice que el matrimonio o el sacerdocio no es un camino de rosas, no. Jesús es el único que nos dice que en nuestra vida aparece la cruz y que la cruz no es un castigo de Dios. Aparece la enfermedad porque genéticamente estoy predispuesto para eso. Si hasta los médicos lo dicen, se murió tu madre de cáncer, pues a partir de los 40 años revísate, empiézate a hacerte revisiones porque eso se hereda, ¿qué es una castigo de Dios? No, Dios no castiga, Dios nos ama infinitamente.

Hoy al principio, Él decía en la misa, “Tú que quieres cimentarnos (o sea, ponernos) en el sólido fundamento de tu amor”. Dios quiere que nosotros tengamos conciencia de una cosa, que hay una cosa seria y real en nuestras vidas y que nadie puede cambiar, ni la pobreza, ni la riqueza, ni la salud ni la enfermedad, y es su Amor. Nadie puede apartarme a mí del Amor que Dios me tiene. Y como me ama me dice la verdad. O sea qué es lo que tiene que hacer una cristiana que lleva 30 años casada y empieza a aburrirse del marido, y el marido ya no es tan cariñoso como era, pues seguir amándolo. Y aunque ya no se lo merece porque es un “borrico” y despotrica y me hace la vida infeliz, y se está convirtiendo para mí en una cruz, pues qué tiene que hacer, pues seguir amando, perdiendo la vida –dice Jesús- el que pierda la vida por mi causa, el que pierde la vida por hacerme caso, ese la encontrará, y el que pierda la vida, y crea encontrar la vida, como muchos, a muchos nos pasa que, dónde creemos que está la felicidad mucha gente, en tener mucho dinero, los hombres en tener muchas mujeres, no nos basta con la propia, queremos más. Las mujeres también hay alguna así, pero ellas es más la belleza, el que no hablen mal de ellas… En qué creemos que está puesta la felicidad muchos de nosotros. Y corremos detrás de las cosas. Pues, dice Jesús, y no queremos oír ni de la cruz, ni de la humildad, ni de poner la otra mejilla, ni de perdonar setenta veces siete, de eso no queremos oír hablar. Pues, dice Jesús, el que haga, como dicen hoy, yo voy a misa porque me lo pide el cuerpo, no, a misa hay que ir el domingo, y porque me obliga el amor que Dios me tiene. El que haga lo que le apetece o le pide el cuerpo, el que quiera ganar su vida, al final la perderá. Pero el que por mi causa la entregue. Y esa madre que su hijo no la quiere y que se ha ido, pues lo sigue queriendo, y lo sigue llamando, y lo sigue acogiendo, y lo sigue socorriendo, aunque humanamente no se lo merezca, esa al final encontrará la vida, para ella y para su hijo. Además no me lo invento, está todo dicho. Decía Él, decía Jesús a sus discípulos y a nosotros: “De que le sirve a un hombre ganar el mundo entero si al final pierde el alma”. Vosotros, no creo, a lo mejor sí, yo ya he atendido a unos cuantos que se han muerto, estar con ellos, y oír a alguno que se está muriendo, o sea que en unos instantes se va a poner delante de Dios y decirte, “Padre y qué va a ser de mi dinero”, o como a una mujer: “Padre y qué va ser de mi coche”. Vamos, que te vas a presentar delante de Dios y te preocupas del coche. Que en el cielo no entran los coches, que para entrar en el cielo lo único es el amor. Pues ahí tenéis lo que dice el señor. Ser cristiano, no os olvidéis de esto porque es verdad y lo dice la Iglesia, y lo dice Jesús, ser cristiano es seguir a Jesús, es participar de su vida y de su destino. Y si el destino de Jesús fue la cruz, la de los discípulos de Cristo, los cristianos, también pasa por la cruz. Y cuando llega qué hay que hacer, pues cargarla, me tocó, esta. Además pensar una cosa, también lo decía Jesús, Dios nunca nos da más carga de la que podamos llevar. La cruz que tienes, los que me escucháis aquí, estés enfermos, como estés, que yo también la tengo, es la mía, es a medida porque Dios es justo. Es la que yo tengo que llevar, es la que yo puedo llevar y cargar. A lo mejor me gustaría la de Jorge, pero a lo mejor si me la pusieran no podría con el peso. Llevo la mí, a medida.

Y todo esto ya estaba escrito, es lo que os digo, es la primera lectura (y rapidito, no me gusta dejar ni la primera, ni las segunda sin comentaros). Zacarías, el último de los grandes profetas, lo mataron entre el altar y el atrio, a pedradas, un rey. Y qué es lo que dice Zacarías, que habla al pueblo de Israel. Y el pueblo de Israel, cuando oigáis hablar, es figura nuestra, está hablando de nuestras almas. Dice: “Vendrán grandes desgracias, grandes pueblos, grandes sufrimientos, pero no temáis Israel, porque Dios os salvará“. Dios, ningún rey. Y cómo lo hará, dice, por medio de una muerte, por medio de uno al que traspasarán. Y qué decía Isaías, “derramaré mi espíritu de gracia y mirarán al que traspasaron”. Será un muerte tan terrible que conmoverá al mudo, y da ahí un nombre raro que a veces no sabéis casi ni pronunciar… Un rey que tuvieron ellos muy bueno y que lloraron mucho, mucho. Pues será una conmoción tan grande la muerte de ese al que traspasarán, más grande que cuando murió el rey Josías. O sea que Dios ya había hablado de la muerte de Jesús en la cruz. Y yo os decía, en la segunda lectura, ser cristiano es seguirle y es participar de su destino, la cruz, y es participar de su vida, es el Hijo de Dios. Habéis oído lo clarito que les dice San Pablo a los Gálatas: “Hermanos todos sois Hijos de Dios por la fe en Jesús”. Crees que Jesús es el Mesías, el ungido. Crees que Jesús es el único que es capaz de dar paz a tu corazón, es único que es capaz de apagar tu sed y tu hambre, “mi alma estás sedienta”, cantabais, el salmo 62, “mi alma está sedienta de ti, Dios mío”. Crees eso, y por eso te has bautizado, pues ten conciencia de una cosa, que a lo mejor no lo sientes, pero es verdad, porque lo ha dicho Jesús, eres Hijo de Dios. Participas de su destino, en esta vida caminas por donde Él caminó y cargas con tu cruz y llegas a donde Él llegó, a sentarte a la derecha del Padre en calidad de hijos. Dicen los santos, los ángeles envidian nuestro destino, ellos jamás serán Hijos de Dios. Pues pensad quién es Jesús para mí, no sólo puede ser un curandero, o un charlatán, es el Mesías que carga con la cruz. Pensad cuál es vuestra cruz, pensad cómo la lleváis. Hay gente, curas, monjas y laicos, que se pasan la vida quejándose y cargando a los demás y amargando la existencia a los demás, cuando la cruz sólo la puedes llevar tú. Pensad cuál es vuestra cruz, pensad si aceptáis vuestra cruz, pensad si tenéis fe en que detrás de la cruz está la vida, la vida eterna. Pensad todas esas cosas y hablad con Dios, porque rezar es hablar con Dios. Venga, ánimo.

Padre Julio González Pozo C.O.

(transcrito por Vanesa Olmedo)

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