Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

 

Lecturas

1Reyes 19, 16b. 19-21

Eliseo se levantó y marchó tras Elías

En aquellos días, el Señor dijo a Elías: "Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén."

Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto.

Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: "Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo."

Elías le dijo: "Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?"

Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

 

Salmo responsorial: 15

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: "Tú eres mi bien." El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.

 

Gálatas 5, 1. 13-18

Vuestra vocación es la libertad

Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.

Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.

Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que

se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo."

Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente.

Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.

En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.

 

Lucas 9, 51-62

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: "Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?"

Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas."

Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza."

A otro le dijo: "Sígueme."

Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre."

Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios."

Otro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia."

Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."

Domingo XIII Tiempo Ordinario Ciclo C Homilía

Bueno recordemos un poquito. La palabra que nos dirigía Jesús el domingo pasado: “¿Quién dice la gente que soy Yo? Maestro unos dicen que Elías, un profeta. Vosotros ¿quién decís que soy Yo? Tú eres el Mesías, el ungido, el que tenía que venir, el Mesías que está por encima de todos los otros mesías, de todos los otros ungidos”. Bien Jesús acepta esa confesión de Pedro y es verdad, y dice que tiene que guardar silencio. Soy Mesías, pero no como ellos creen. Yo soy el Mesías como está escrito, como Dios desde siempre nos indicó y dejó dicho que tenía que ser el Mesías. Y luego nos explicaba a nosotros cómo se es cristiano. Uno no es cristiano haciendo muchas cosas, de eso nada. El que crea (ya sabéis lo borrico que soy yo desde aquí), el que crea que por hacer muchas prácticas va a llegar al cielo, yo le diría, espera. En el cielo entra el que haya amado, el que haya practicado la caridad. Pues el Señor nos mostraba el domingo pasado quién es Él y cómo han de ser los que quieran ir detrás de Él. Decía: Los que quieran venirse conmigo han de vincularse a Mí, se han de vincular a mi vida. Vivir mi misma vida y aceptar mi mismo destino. El que quiera ser cristiano… es cristiano ¿quién? ¿El que reza mucho? Hay que rezar, es verdad, pero es cristiano el que carga con su cruz cada día y se viene conmigo. O sea que, el domingo pasado teníamos que salir de aquí pensando y ¿cuál es mi cruz? A lo mejor mi cruz es que estoy enfermo, a lo mejor mi cruz es mi marido que quiere a otra y ya no me quiere a mí. A lo mejor mi cruz son mis hijos, a lo mejor mi cruz es un pecado del que no puedo liberarme. Hay que cargar con la cruz de cada día y seguir.

Y hoy las lecturas, pues como que inciden en eso, en que es cristiano el que se vincula de por vida, para siempre a Jesús. O sea, el que se une a Él y no hay nada más importante, ni hombre ni mujer ni criatura alguna más importante que Jesús. Fijaos lo que os digo: nada hay en mi vida, como cura, ni en la vuestra, casados, solteros, separados, divorciados, viudos, más importante que Jesucristo. Habéis visto Él… las lecturas… la primera es del profeta Elías, Eliseo… Jesús deja claro una cosa: Él no es un profeta como decía… (dice la gente que eres un profeta). Él no es un profeta, Él es más que un profeta y pone las diferencias. Fijaos, empieza el Evangelio diciendo que Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén a morir. Él sabía, como nosotros, cuando iba a morir, a que hora iba a morir y esas cosas. Nosotros no. Pues Él toma la decisión de ir a Jerusalén. Camino de Jerusalén qué es lo que pasa, cuando toma esa [decisión]… pues que se encuentra que hay gente mala, que la ha habido en los tiempos de Jesús y la hay en nuestros tiempos. Y Judas ha habido siempre por todos los lados. Pues camino de Jerusalén pasan por un pueblo y en ese pueblo no les dan ni agua, ni agua les dan. Por qué, porque van a Jerusalén, son los samaritanos. Entonces Santiago, fijaos un santo, el que está enterrado ahí en Compostela, Santiago y su hermano Juan hacen… quiere que Jesús haga como había hecho Elías en sus tiempos. “Maestro ¿quieres que nosotros en tu nombre mandemos que baje fuego del cielo y que acabe con todos éstos?” Y Jesús ya veis lo que dice, el evangelista lo dice así como suena, los regañó. Jesús se enfadó. Otro evangelista dice, Jesús les dice: no sabéis de que espíritu sois. O sea, todavía no me conocéis. Ellos tenían, su idea, incluso los Apóstoles, de cómo tenía que ser el Mesías. Resulta que Elías, del que habla la primera lectura, el más grande de los profetas después de Moisés. Había una reina que lo quería amar y lo quería matar y un rey, Ozoquías, lo manda llamar. Y van unos soldados, cincuenta soldados a buscar a Elías y lo insultan. Pues hoy diríamos: beato o beatorro. Dice: “Hombre de Dios, dice el rey que bajes”. Y Elías se ofende: “Pues si soy un hombre de Dios mira que baje ahora mismo fuego del cielo y que acabe con vosotros”. Los cincuenta murieron. Eso se repite hasta tres veces, o sea que, Elías, sí, mando bajar fuego del cielo y acabó con los que le ofendieron. Jesús no tiene nada que ver con Elías. Jesús no es Elías. A Jesús no lo recibe ningún pueblo y qué es lo que hace ¿se enfada? No, se va a otro. Y ¿permite que se responda al mal con la violencia? No. Jesús carga con su cruz y Jesús se va. Jesús nos deja clara una cosa: Él no es un profeta, Él no es un simple hombre, Él es más que todo eso.

Atendiendo a estas cosas, veis la primera lectura, bueno pues sí el profeta Eliseo… El profeta Eliseo que habla en el nombre de Dios, tiene intimidad con Dios, y Dios le dice: “se acaba tu vida, se acaba tu ciclo, te vas a morir. Nombra a Eliseo (se lo dice a Elías), nombra a Eliseo sucesor tuyo”. Eliseo es un hombre rico, es un terrateniente. Tiene muchas posesiones, tiene mucha familia. Dice la escritura: “estaba arando con doce, con doce bueyes”. Pasa Elías por allí y hace un gesto que ellos entendían, a nosotros hoy nos puede resultar ridículo, pero ellos lo entendían. Se quita el manto Elías, se lo echa por encima y le está diciendo: “Vente conmigo, a compartir mi vida y ser mi sucesor”. Y Eliseo qué es lo que hace. “Me voy, me voy porque Elías es un hombre de Dios, es un gran profeta, éste habla en nombre de Dios y me ha elegido. Déjame una cosa, que vaya a despedirme de mis padres”. “Vete, quién te lo impide”. ¿Veis? Otra diferencia entre Jesús y Elías. Jesús no deja, Jesús no deja, porque Jesús no es Elías. Jesús es más que un hombre, Jesús es más que un profeta. Jesús, nuestro Jesús, Jesucristo es Dios. Cuando Jesús nos llama, cuando Jesús nos pide, lo está haciendo Dios, no lo está haciendo el cura, la monja, el marido o la mujer. ¿Quién te lo impide? Vete, se va se despide de su familia y fijaos toma una decisión. Dice mata a todos los bueyes, vende sus posesiones, las da, lo sacrifica todo y se va. O sea, Eliseo toma una decisión para siempre. Todo aquello que podía darle alguna seguridad, “bueno, sí, me voy detrás de ti pero voy a guardarme estas cosas, voy a dejarlo aquí por si acaso, porque yo que sé qué tal me va a ir contigo”. Es como cuando os casáis. Cuando os casáis entre vosotros, o cuando a nosotros nos hacen curas. Qué sabemos nosotros de qué va ser de nosotros, qué sabemos del futuro. Yo qué sé, yo qué sabía hace veinte años cuando me hice cura, si iba a poder ser obediente al obispo, que mandara donde quisiera, ser virgen, guardar mi virginidad, no tener nunca mujer y ser pobre, no vivir pendiente del dinero, yo qué sabía. Sabía que mi corazón me decía vete detrás de Dios, vete detrás de Jesús y me fui. Y el Señor me ha cuidado, con todo eso he podido, hice un acto de fe. Cuando os casáis qué hacéis más que un acto de fe. ¿Tendré yo amor bastante para amar a esta mujer toda la vida? Porque ahora está muy guapa, muy bonita y eso, pero seguro que se va a poner mayor, vieja, fea e insoportable a lo mejor. ¿No hacéis un acto de fe? Eso es lo que hace Eliseo. Eliseo hace un acto de fe, yo me voy detrás de Elías, pero para siempre, ya no miro para atrás, o sea que los bueyes y las riquezas las dejo.

Pensad en estas cosas porque todos los que estamos aquí hemos hecho una elección, hemos hecho un acto de fe. Yo hice una acto de fe en el Amor de Dios que me llamaba a ser sacerdote. Ya lo he dicho alguna vez aquí, si volviera a nacer querría ser cura otra vez y se pasa mal. Todos los que estáis aquí habéis hecho un acto de fe. Tú en la tuya, tú en tu marido, un acto de fe, no hay vuelta para atrás. O sea, el camino que me lleva a Dios pasa por aquí, por mi sacerdocio y por vuestro matrimonio. Lo que hay que pensar es si lo hemos hecho como Eliseo. Eliseo nunca más miró para atrás se dedicó… fue uno de los profetas… Fijaos Eliseo ha pasado a la historia porque ha sido, después de Jesucristo, el que más milagros ha hecho, o sea que le fue bien. La primera lectura: hay que fiarse de Dios. Cuando Dios nos llama hay que fiarse de Dios, hay que echar a andar detrás de Dios y además como Eliseo. Todos tenemos una vocación general, todos los que estamos aquí. Cuál es la vocación, o sea la llamada de Dios, ¿Dios a qué nos llama? A ser sus hijos. Dios no quiere, me oiréis todos los domingos que vayáis a misa, de una manera o de otra el cura os lo dirá. Todos somos Hijos de Dios, todos. Todos estamos llamados, no hay distinción, ni guapos, ni feos, ni niños ni viejos, ni blancos ni negros. Todos somos Hijos de Dios. Pero luego hay una forma específica, concreta de vivir esa filiación. Yo siendo sacerdote, tú casado. Ahora ¿cómo se vive eso? Radicalmente porque Dios me llama al cielo así. Yo llegaré al cielo vestido de cura, tú llegarás al cielo con tu mujer, y tú con tu marido y tú… yo qué sé.

Pues pensad esas cosas y además cogéis el Evangelio luego en casa lo pensáis lo meditáis y respondéis a Dios porque dice Jesús, esto es ya casi un año, le quedaría a Jesús como un año de vida. Pues tomó la decisión ya en serio de ir a Jerusalén. Él ya sabe que va a morir. O sea, inicia, por decirlo de alguna manera el camino de la cruz. La vocación de Jesús ¿cuál es? Ser sacerdote, no era sacerdote. Casarse, no se casó. ¿Cuál era la vocación de Jesús? Morir en la cruz. La vocación de Jesús era su misma Cruz. Muchas veces nuestra vocación, tu matrimonio, se convierte para ti en tu cruz, como le pasó a Jesús. Muchas veces el sacerdocio para el cura, se convierte en su cruz. Su vocación se vuelve una cruz de lo pesada que se hace, o para las monjas aquí adentro. ¿Y qué dice Jesús? Decidió iniciar el camino, ir a Jerusalén. Mi vocación es la cruz, allá que voy. Y en ese caminar, o sea desarrollando su vocación, qué es lo que pasa, lo que os he dicho yo, se encuentra con gente mala en un pueblo que no lo quiere. Pues en tu matrimonio, mi sacerdocio, en la vida consagrada de éstas, nos vamos a encontrar en nuestro alrededor con mucha gente mala. Pues con mucha gente mala, es lo que os he dicho. Hay una proporción mayor de Judas en nuestra vida, que de apóstoles santos. Hay más Judas en nuestras vidas que de apóstoles. Y de qué nos extrañamos los cristianos si ya Jesús nos lo ha dicho. Hay gente que no nos quiere, hay gente que le caemos mal, hay gente que positivamente nos hace daño y nos hace el mal. Y Jesús nos lo dice. Y ahora, Él que es la luz, que es el Hijo de Dios, por eso de hacerle más caso a Él que a Elías, me dice cómo he de  vivir esto. A nosotros lo que nos sale, por desgracia, lo que nos sale cuando nos hacen mal o hacen mal a los nuestros, lo que nos sale es la ira, lo que nos sale es lo de Santiago y Juan: que baje fuego del cielo y que acabe con éstos. Eso, nosotros los cristianos, no nos lo podemos permitir, si somos discípulos de Cristo. En nuestra vida y en nuestra vocación matrimonial, sacerdotal, vida consagrada, aparecerán muchas personas malas y muchos momentos malos. Pues aquí os tenéis que sentar, nos tenemos que sentar todos, y yo ¿cómo reacciono? Al mal que me prodiga a mí mi suegra, que me gusta aterrizar, yo ¿cómo respondo? Al mal con el que me regala a mí mi marido, que no he tenido más hombre que él, ni he amado más hombre que él, y me entregado en cuerpo y alma a él, yo ¿cómo respondo? Si soy discípula de Cristo, discípulo de Cristo, he de vencer el mal con el bien: amar, amar, amar. Hasta dónde padre Julio, hasta que te mueras amando porque nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Y al mal no podemos responder con el mal, nosotros los cristianos.

Seguís y veis como que el Evangelio se corta y te cuenta que uno que le sale al encuentro a Jesús y le dice: “Maestro te seguiré donde quiera que vayas”. Cuando uno está bien, y parece que todas las cosas le van bien, no me duele nada y todo parece que está controlado, bajo control, pues es verdad, qué bonito es el Evangelio y qué bonito es escuchar a Jesús y cómo me gustaría a mí ser santo. Pero Jesús es el único que no nos engaña. Fijaos, ahora vienen… el año que viene ya empezamos a votar otra vez, elecciones para una cosa, elecciones para otra. Cuántas mentiras nos van a decir, cuántas promesas para que los votemos que luego no van a cumplir, unos y otros, unos y otros. Jesús no lo hace así. ¿Te quieres venir conmigo? Maestro te seguiré donde quiera que vayas. Bien pero mira te digo una cosa: no tengo nada, o sea que no te puedo ofrecer nada. Los pájaros, nido; las zorras, madriguera, Yo no tengo donde reclinar la cabeza. No vengas conmigo, pensando que por venir conmigo te va a ir mejor física o materialmente mejor que a otro, no. Si te vienes conmigo lo único que te puedo ofrecer es mi misma vida, mi mismo destino, la cruz, enseñarte a cargar con mi cruz y mi misma vida. Al final la vida eterna, eso sí que te lo doy. Jesús no nos engaña. Jesús no nos hace vivir de ilusiones. Ni el sacerdocio es una panacea. A mí no me ha ido la vida mejor por haber dejado mujer, dineros y libertad. No me ha ido mejor que a cualquier otro. Ni a muchos de vosotros por ser cristianos de comunión diaria, de confesión frecuente y casados, os ha ido mejor que a otros. Jesús eso en ningún sitio lo promete. Maestro iré contigo donde quiera que vayas. Bien, pero que nadie te engañe, ni te engañes tú a ti mismo. No puedo ofrecerte lo que no tengo, no tengo donde reclinar la cabeza ¿Os acordáis? Muchos de vosotros habéis ido al Santuario de Lourdes, Santa Bernardita Soubirou, os acordáis de aquella niñita que se le apareció la Virgen, la Virgen de Lourdes. ¿Qué fue lo que le dijo la Virgen a Santa Bernardita? Dice: no puedo ofrecerte… no, no puedo prometerte la felicidad en este mundo, dice, pero sí en el otro. Está incorrupta, yo la he visto, está enterita, enterita y hermosísima en una tumba de cristal. Otro se le acerca y le dice Maestro, le dice Jesús: sígueme, a ése le llama Jesús. Vale, pero mira, déjame antes despedirme de mis padres, déjame ir… no está diciendo el Señor que no atendamos a nuestros padres, no. Hemos de atendernos y hemos hasta de gastarnos lo que no tenemos con ellos. Éste que se lee en el Evangelio, lo que le está diciendo al Señor, mira voy a ir contigo pero ahora no, dice, porque cuando se mueran mis padres, cuando yo me vea más libre, cuando… mira cuando el Señor llama no se le puede poner excusas. Cuánta gente, como cura, he conocido yo así, casados, bien y tal que me decía: Padre a mí el Señor me está pidiendo algo más. Yo me confieso, comulgo, mis hijos los crío en cristiano, pero a mí el Señor me está pidiendo algo más. Entrégate, pues date. Es que ahora tengo a la niña que llevarla al baile o al ballet, y tengo que llevar al hijo al Yudo y es que cuando son más mayores tengo que… le has ido poniendo al Señor, le has ido diciendo al Señor: espera, espera, espera, espera… y al final el Señor se ha ido. No esperes a convertirte a mañana. No esperes, no, a empezar a ser bueno mañana, empieza ya ahora porque el Señor está pasando por delante y te está diciendo que la felicidad, la paz, lo que tú ansías… está en que le hagas caso y en que empieces a ser bueno. Empieza a ahora.

Y al final al otro que le dice al Señor: déjame ir contigo pero déjame despedirme de mi familia. Le dice mira no. No se puede estar detrás de Dios y con otros amores, no. El que… el que decide consagrarse en el sacerdocio y después de veinte años está toda la vida diciendo: ay, si me hubiera casado, ay si hubiera estado yo trabajando con mis hermanos que qué bien los colocó mi padre en la empresa, y tal. Ése, dice Jesús, no sirve para el cielo. Aquella que se casa: uy, si yo llego a saber esto no me caso, si yo llego a saber esto… El que mira para atrás continuamente… Tenemos una vocación y es esta: Hijos de Dios todos, hacia el cielo caminamos. Yo como cura, vosotros como casados. Esta vocación, esta llamada es más cruz que ninguna otra cosa porque Él nos lo dijo: No tengo donde reclinar la cabeza. Problemas con los hijos, problemas con el marido. Si se lo cuentas a tu madre no te entiende. A tus cuñadas, a tus hermanas, para qué les vas a decir para que sufran también. No hay donde reclinar la cabeza. Pero Jesús no nos engañó. Pero nosotros fijos los ojos en Aquel que inicia y completa nuestra fe. Sólo en Dios está mi salvación, mi paz. Y Él no me ha prometido aquí nada, pero sí me ha prometido la vida eterna. Esto, a lo mejor puede parecer una exageración, pero es que este es el Amor, este es el Amor. Y donde mejor se manifiesta el amor de Dios es en el matrimonio. La gente le exige mucho a los curas, nos exige que seamos pulcros, puros, inmaculados y santos. Y se olvidan que somos unos pobres hombres. Pero los que manifiestan el Amor de Dios son los casados. A esos no se les pide tanto. Resulta que te encuentras con uno que se ha casado tres veces y se ha divorciado cuatro, ¡jo, qué hombre es!, qué bien lo ha hecho, no, no, no, no… eso no así. Cuando uno se casa, no tiene más que, y se casa según la voluntad de Dios, no tiene más que amor y corazón para su mujer. Y la ama, cómo, sintiéndolo todos los días, no. Dando la vida todos los días por ella. Que ella no sufra. Sufro yo, como hizo Jesús en la Cruz. Pensad un poco todas estas cosas. Todos estamos llamados al cielo, todos somos Hijos de Dios. Cada uno en su vocación específica, es Cruz. Es el único que no nos ha mentido nunca, Jesucristo. No hay donde reclinar la cabeza. Pero la perseverancia en su amor, en que Él sea el centro de mi vida, el único al que yo hago caso, eso me trae como consecuencia la vida eterna. Y si dijo que iba a resucitar y resucitó y ha dicho que nos da la Vida eterna, nos la dará, pero hemos de perseverar. Venga, hermanos, ánimo.

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