Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

 

2Macabeos 7, 1-2. 9-14

 

El rey del universo nos resucitará para una vida eterna

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.

Uno de ellos habló en nombre de los demás: "¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres."

El segundo, estando para morir, dijo: "Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna."

Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: "De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios."

El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.

Cuando murió este, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida."

 

Salmo responsorial: 16

 

Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi suplica, que en mis labios no hay engaño. R.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. R.

Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R.

 

2Tesalonicenses 2, 16-3, 5

 

El Señor os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas

Hermanos: Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas.

Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos.

El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.

Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.

Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo.

 

Lucas 20, 27-38

 

No es Dios de muertos, sino de vivos

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella."

Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.

Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos."

 

HOMILIA DOMINGO XXXII TIEMPO ORDINARIO

 

Mirad, estamos en el mes de Noviembre que, lo contaba ayer en la homilía de por la tarde y os lo repito un poquito. Es el mes, por decirlo de alguna manera, de los muertos, de los difuntos. Y además empieza el mes, el día de todos los Santos, que son los Santos, los canonizados. Pero nosotros los confundimos y vamos corriendo al cementerio y estas cosas. El día de los Difuntos es el día 2. Pero no voy a hablaros de eso. Empieza el mes con eso. Estamos toda la semana y toda esta semana la Iglesia concede una cosa que puede hacer y es una Indulgencia Plenaria a todo cristiano católico, bautizado, que esté en Gracia de Dios, que confiese sus pecados estos días, que comulgue y valla al cementerio. Que rece por los que allí descansan, por los muertos, la oración que quieran, la que le apetezca, más larga o más  corta y después también, que rece por el Papa, la oración del Señor, el Padre Nuestro y haga profesión de fe, que rece el Credo. Pues dice la Iglesia: estos ocho primeros días, que ya terminan, mañana creo que es, dice, Indulgencia Plenaria, o sea, un alma que esté en el Purgatorio, o sea, esperando estar lo suficientemente limpia para presentarse delante de Dios, saldrá del Purgatorio. O sea, que es un mes centrado en los difuntos, un mes bastante centrado en la muerte y todos tenemos experiencia de eso. No de habernos muerto nosotros, pero sí que se nos han muerto los que hemos querido. Yo el Domingo pasado no estaba aquí, estaba enterrando a un hombre con el que me crié cuando era un niño todos los veranos, que había sido para mí como familia, que se lo ha comido el cáncer. Lo enterraba el Domingo con 60 años. Frente a la muerte, frente a ese trauma tan grande que hay ahí, nosotros ¿Qué hacemos? ¿Qué respondemos? ¿Qué decimos?. Lo más que hacemos, algunas veces, es llorar. Los que tenemos fe, nos consolamos con las Palabras de Vida Eterna de Cristo y con lo que nos enseña la Iglesia. Los que apenas tienen fe, se desesperan y dicen, permitidme la expresión, tonterías. Tenemos otra experiencia ¿Cuál es? La del Amor. A todos los que estamos aquí se nos ha muerto alguien, ya hace tiempo y en la memoria queda el recuerdo. La cara ya casi ni te acuerdas, ni como eran los rasgos, ni esto ni lo otro, tu amor no alcanza a tanto. Pero lo que si sabes es que no has dejado de quererlos. Que se han muerto, que se han ido, que ya no están, que casi no te acuerdas, que para recordarlos tienes que ver bien una foto. Ya no están. Pero sí sabes una cosa, que no has dejado de quererlos. Y frente a esta situación, frente a esto, tan doloroso, tan triste, tan traumático, tan… ¿Qué decimos los cristianos, qué hacemos los cristianos? Hacemos lo que hoy. Además es lo que Dios quiere que hagamos. Que hagamos profesión de fe. Profesión de fe sobre todo en una cosa, hermanos. Sobre todo en una cosa, que es lo más importante del Evangelio y que no hemos entrado bien en eso. Es profesión en el Amor que Dios nos tiene. Fijaos, si mi amor fuese tan poderoso, tan poderoso o el vuestro ¿creéis que se nos iba a morir la gente?. Yo recuerdo una vez a una persona, a la que quiero mucho, que se le murió su padre hace ya años. Y todavía lo sigue llorando. Todavía sigue llorando a su padre. Y me decía un día llorando acordándose de su padre: “Quién me diera, quién me diera cinco minutos, cinco minutos, para resucitarlo y poder decirle… ¡Cuánto te quiero!” Y después que volviera otra vez al seno de la muerte. Nosotros amamos, amamos y quisiéramos dar la vida a los que amamos. Que no se nos murieran nunca, pero no podemos. Somos muy limitados, muy limitados. Pero es que resulta que a nosotros los cristianos, se nos ha revelado Dios. O sea, no nos hemos inventado un camino para llegar al cielo, sino que ha nosotros Dios ha bajado del cielo y se nos ha revelado. Nos ha mostrado lo que hay en su corazón y lo primero que nos ha dicho, que es lo que yo quisiera grabar a fuego como se graba a las vaquitas y les deja la señal de la ganadería, en el corazón de los cristianos. Lo primero que se nos ha enseñado es que Dios es amor, o sea que Dios nos ama infinitamente, aunque yo no lo sienta, aunque me cueste creerlo. Yo no veo el aire pero está, porque si no tuviera aire me moriría. Pues es lo mismo con el amor de Dios. Dios nos ama infinitamente y su amor es capaz de dar vida. Por eso Jesús dice en el Evangelio: “Estáis equivocados, le decía a los Saduceos”. Él cuando se reveló a Moisés en la zarza, le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Un Dios de vivos, que no de muertos. Porque su amor es mucho más grande que el más puro que podamos encontrar nosotros en este mundo. No soporta la idea de que muramos eternamente, o sea, que seamos nada. Y como puede hacerlo, nos ha dado la vida. A nosotros se nos ha ido revelando lo que confesamos en el Credo. Creo, y lo vais a decir dentro de un rato en cuanto yo termine aquí la homilía, creo en la Iglesia que es Una, Santa Católica, creo en la resurrección de los muertos, creo en la resurrección de la carne. Y eso, eso no nos lo hemos inventado como han hecho otras religiones. Nos lo ha dicho Jesús, Jesús de Nazaret. El que murió en la Cruz, nació virginalmente de María, resucitó y está sentado a la derecha del Padre. Y nos convoca hoy aquí a nosotros. Fijaos, os he dicho que se ha ido revelando poquito a poco. Fijaos el texto, la primera lectura es del Libro de los Macabeos, es un libro histórico, es historia pura y dura. Otros libros a lo mejor son una especie de cuentos o una metáfora. Pero este no, este es historia. ¿qué es lo que te cuentan de la historia del pueblo Israel? Que hay un momento en la historia de Israel, ya sabéis que ha sido siempre un pueblo pequeñito, muy amado por Dios, pero muy pequeñito comparado con los otros. Siempre dominado por pueblos más poderosos. Y en esa época en concreto los sucesores de Alejandro Magno, es la dinastía de los Epífanes, pues son los que controlan esa zona. Y llega un momento en que aparece un Rey, Antíoco IV Epífanes. Y él dice que, en su reino todo el mundo tiene que creer lo que él cree y todo el mundo tiene que hacer las cosas como él quiere. Y los Judíos dicen: “Por ahí, no” Y él les hace barbaridades. Luego leerlo en casa, para que veáis. Y o os lo puedo contar, pero no hay tiempo, luego os cansáis, leerlo luego en casa. Les profana el templo. Para los judíos, ya sabéis lo que era el templo, una cosa sagradísima. Allí estaba Dios. Pues él allí, les mete una estatua de Zeus. Ya sabéis que ellos no hacen imágenes. Allí le obliga,  quita sus fiestas, la fiesta de las tiendas, las fiestas todas muy agrícolas, pero en las que ellos daban gloria a Dios. Que les quita sus fiestas y mete sus fiestas el rey. Todos los días 25 de mes, no se trabaja, era un día de fiestas porque había nacido el rey. Era muy devoto de Dionisio, el Baco de los romanos, el de la borrachera. Bueno, pues ese día, una vez al año, todo el mundo, además que no os exagero, leed la historia, que Dios ha revelado en la historia, el que no avanzaba borracho por Jerusalén, estaba mal visto. Porque como Dionisio era el dios del vino… Bueno pues los judíos por ahí… Algunos pues, dirían, bueno pues para que se nos crea decimos que sí y que sí. Pero es que este rey era un poco retorcido. Y les hace, les lleva como a hacer que se lo demuestren. ¿Cómo se lo tienen que demostrar? Dice, comiendo carne de cerdo. Si yo sé, judío, que tu comes carne de cerdo, me estás obedeciendo, se plantea el rey. Y manda que se reúnan en  los tiempos y en los modos que fueren, cada uno en su sitio y se pongan allí a comer carne de cerdo delante de los gobernadores. Y lo que se lee hoy es que, una mujer que ha parido siete hijos, dice que no. Ella y sus hijos. Y los matan. Leedlo luego en la Biblia, como los matan. Desde arrancarles el cuero cabelludo, cortarles las manos, cortarles la lengua, quemarlos… Y así todos los hijos. Y ella contemplándolo y ella viéndolo y ella animándolos a morir por la fe de sus padres. Y todos ellos muriendo y diciendo una cosa: “Yo creo en la resurrección de los muertos, yo creo que Dios me salvará, yo creo que tú me quitas la vida pero yo resucitaré porque Dios me ama”. Y dan la vida los chavales estos. Claro, esto alguno, como todos somos muy racionales y la razón hace a veces mucho sufrir, mucho sufrir. Porque no todo entra por la razón. Hay a veces cosas que son un misterio y uno solo lo que tiene que hacer es arrodillarse y adorar. Bueno pues alguno puede coger y decir… bueno, pero es que eso es historia, a saber si eso fue así. Pues yo os lo traigo más reciente, os lo traigo más reciente. Ayer también se lo decía a las monjas  y hoy os lo repito a vosotros. Ayer celebrábamos el Sábado, una fiesta que puso Juan Pablo II, la fiesta de los Mártires Españoles del Siglo XX. ¿Quiénes son esos? Los que murieron en la Guerra Civil. Vamos hablar clarito y tal. Los curas, las monjas, los laicos que murieron por la fe. Porque no habían hecho otra cosa. Pues fijaos, entre todos esos que se cuentan por cientos, hay una valenciana de 84 años, que se llama Maria Teresa, no sé el primer apellido porque nunca… pero del último siempre me acuerdo, es muy valenciano, Roig. Que tenía cuatro hijas, las cuatro monjas de clausura y cuando ella tuvo noticias de que se las llevaban para matarlas los milicianos, ella también fue. No a mí me lleváis con mis hijas. Que yo vengo a animarlas y a estimularlas a dar la vida por la fe. Y mataron a las cuatro con la madre. ¿No es esto que pasó, no hace cien años, murieron el 25 de Octubre de 1936, no hace cien años,  no es esto lo mismo que lo de los Macabeos? Esto que pasó con la valenciana y con sus hijas ¿No es testimonio de que aquello de los Macabeos es también cierto? Unos y otros murieron ¿Por qué? Porque creen en la resurrección de los muertos. Ahora, hay que ir entendiendo las cosas, para poder amar todavía más y mejor. Lo que los judíos creían, hermanos, que lo creemos muchos todavía, es que uno resucitaba, sí ¿a qué? a esta misma vida. A una vida igual que esta, con mi trabajo, con mis negocios. Pero sin penas, ni sufrimientos, sin dolores… Y de eso nada. Y cuando Jesús se Encarna, cuando Jesús camina entre nosotros, lo que creen los judíos es esto: que hay resurrección, es verdad, pero a esta misma vida. Uno se muere y resucita a esta vida. Para seguir teniendo sus mismos negocios. Pero ya os digo ausencia de mal. Hay unos que son los Saduceos, una secta, que ellos niegan la resurrección. No creen ni en los ángeles ni en la vida después de esta vida. Y se presentan delante de Jesús con mala intención, lo ponen a prueba, para cogerlo en un renuncio, para cogerlo en algo mal. Si os dais cuenta muchas veces a Jesús le hacían preguntas para ver si lo pillaban en algo. ¿A quién hay que pagar los impuestos? ¿al César? Para ver si tenían de qué acusarlo, así de veces. Esta es ya la última trampa que le hacen, después de esto ya lo mataran. Lo llevarán a la Cruz. Los Saduceos estos dicen: mira, si vamos a resucitar todos a esta vida, pues mira lo que pasó, porque esto es lo que manda la Ley de Moisés. Una que se casó con los siete hermanos. Cuando resucite, además que lo dicen con aquella mentalidad tan machista, ¿de quién será mujer? ¿de quién será propiedad? Ahí está lo que nos interesa a nosotros. Lo que es nuestra fe. Jesús dice, hay vida, es verdad, se va a resucitar, pero los que sean dignos de esa vida, o sea, los que hallan vivido la caridad, los que hallan amado sobre todas las cosas a Dios y al prójimo. A esa vida, a la que resucita no es como esta. Ya no es como esta. Es lo propiamente llamado la otra vida. Ya no necesitarán casarse, ya no necesitarán engendrar hijos. Es otra vida. Participarán de la misma vida de Dios. Dios no necesita casarse. Dios no ha engendrado a Jesús eternamente de una hembra. No, la vida, la resurrección, la que nos espera a nosotros, la que nos ha ganado Jesucristo, no es como esta. Es una vida totalmente distinta, donde uno vive. ¿qué vive? La misma vida de Dios. Y les dice a los Fariseos, lo que os he dicho casi al principio, que es un Dios de vivos claro, claro que lo es. Porque lo ha dicho Él. Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No un Dios de muertos, sino de vivos. Para Él, todos están vivos. ¿Qué es lo que también dentro de mí, dentro de mí, testifica que esta Palabra es verdad? Lo que os he dicho al principio ¿Cuánto daría yo, las manos, los pies y hasta los ojos, porque mi amor fuera capaz de dar vida? No se me moriría jamás mi madre. No se me moriría jamás mi padre ni mis hermanos, ni los niños… nadie. Pero, como no tengo ese amor, ese amor que se me ha manifestado por Jesús… ¿Por qué se me ha manifestado en Jesús? Porque entre otras cosas lo dijo y fue, tres veces, tres veces. Tres veces les dijo a los Apóstoles en tres años: caminamos a Jerusalén , cuando lleguemos a Jerusalén, me van a traicionar, me van a entregar en manos de los Fariseos de los Sumos Sacerdotes y de los gentiles. Me van a pegar, me van a escupir y me van a crucificar, pero al tercer día Resucito. Lo dijo. Después lo vieron, al tercer día resucitó. Es más, es que es más, identificó la Vida Eterna y la Resurrección con la fe en Él. ¿Qué le dijo a Lázaro? A Lázaro no perdón, ¿Qué le dijo a su hermana, cuando la hermana dudaba? Sí, yo sé, si hubieras venido cuando te llamé, mi hermano Lázaro no hubiera muerto. Tu hermano resucitará. Ella dice lo que decían los judíos: si, si, resucitará el último día, eso ya lo sé. “Marta, Yo soy la resurrección, el que cree en Mí, aunque halla muerto vivirá”. Se lo llevan cerca de la tumba, allí esta Marta pues, como todos nosotros, con su razón: “Huele Señor, lleva cuatro días, se está pudriendo ya”. Y Jesús, un poco ya, no sé si cansado, qué bien lo dijo: “Marta no te he dicho que si crees en Mí, verás la resurrección” ¡Lázaro, sal fuera! Salió. Jesucristo es la manifestación del amor que Dios nos tiene. Ningún pecado por grande que hallamos cometido, ninguna barbaridad por grande que sea es incapaz de hacer que Dios deje de amarme. Es este amor lo que a nosotros nos garantiza la Vida Eterna. Porque si yo pudiera hacerlo lo haría. Él, que lo dijo Él y se hizo. Es más, se lo demostró, se lo dijo tres veces a los Apóstoles, pero otros tres resucitó : resucitó a la hija de Jairo en el primer año, resucito al jijo de la viuda de Naín camino del cementerio en el segundo año, resucitó a Lázaro en el tercer año, una semana antes de que muriera en la Cruz y luego resucitó Él. ¿Qué más necesitaban ellos y nosotros para creer en el Amor de Dios? ¿Cómo podemos vivir apesadumbrados, tristes, desesperados, desesperanzados por mil y una calamidades, por mil y una muertes cuando a mí Dios me ha hecho profesión de amor y esa profesión de amor me ha dado la Vida Eterna? Nadie te ama como Dios te ama. Y ese amor es lo que te garantiza la Vida Eterna. Ahora habéis oído la segunda Lectura, San Pablo que les escribe a los Tesalonicenses, les pide que recen por él, rezad por mí porque estoy predicando esta verdad. Predicando que se resucita de entre los muertos. Que hay vida después de esta vida y que esa es mi herencia. Todo no se acaba en el cementerio, como dicen muchos necios. Rezad por mí, porque esta fe no es de todos. La fe es un don de Dios, que Dios da. Que entra por la predicación, acordaos de eso, que está escrito. O sea, los que no vienen a Misa, los que no escuchan las predicaciones, los que no escuchan la Palabra de Dios, los que no escuchan las homilías cortas o largas, difícilmente acogerán la fe. Porque la fe entra por la predicación. Pues esta fe, o se acoge o no se acoge y muchos desgraciadamente no creen, yo no, mira San Agustín lo decía: “No hay punto más controvertido en nuestra fe que la resurrección de los muertos”. ¿Se cree que Jesús es el Hijo de Dios? Si. ¿Se cree que la Virgen es Virgen, antes, durante y después del parto? Si. Pero lo que no entra en mi cabeza es que, ya lo habéis visto, yo lo he hecho y vosotros también cuando vamos al cementerio a reducir restos. Que aquél que era mi padre y ahora ahí son unos huesos casi acartonados, un poco de polvo, que eso vuelva a resucitar. Pues Jesucristo lo ha dicho. Y esto es de fe. O se coge o no se coge. Un acto de voluntad. Pero con lo que yo quiero que os quedéis es que detrás de todo esto está el inmenso Amor de Dios. Nosotros, creedlo de verdad porque es nuestra fe, nosotros somos la única criatura, el único ser creado por Dios al que Dios ama por sí mismo. A ver, ¿Dios ama a los arbolitos? Si, porque, acordaos el Domingo pasado que os lo decía aquí: si no amaras algo no existiría. Los árboles existen, sí Dios los ama, sí. Pero ¿por qué los ama? Porque son para nosotros. Porque me dan sombra, porque me dan fruto, porque me alegran la vista, porque me dan madera, porque me dan papel. ¿Dios ama a los animales? Si. Porque los ha creado y porque son para nosotros, porque nos alimentan, porque nos alegran, por mil cosas. Todo es en función nuestra. Todo lo ha creado Dios para nosotros. Pero a mí y a ti, esto es de fe, coger el Catecismo, Dios te ha creado porque te ha amado, por nada más. No estás en función de ninguna otra cosa. No eres para tu marido, para tu hijo, para el cura o para quien sea. No. Eres para Dios. Él te ha creado solo para Él. Hemos sido creados para amar, alabar y bendecir a Dios. Por eso, es tanto el amor, que es lo que os decía antes, ningún pecado, ninguna barbaridad por grande que sea es capaz de apartarme del Amor de Dios, que se me ha manifestado en Jesucristo crucificado. Venga hermanos. Ánimo.

 

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