Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
0
0
0
s2smodern

escudo congregación

Homilías


 

 

Lecturas Domingo XXXIII

Malaquías 3, 19-20a

 

Os iluminará un sol de justicia

Mirad que llega el día, ardiente como un horno:

malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir

-dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz.

Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

 

Salmo responsorial: 97

 

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.

Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.

Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes al Señor, que llega para regir la tierra. R.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud. R.

 

2Tesalonicenses 3, 7-12

 

El que no trabaja, que no coma

Hermanos: Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie.

No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar.

Cuando vivimos con vosotros os lo mandarnos: el que no trabaja, que no coma.

Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada.

Pues a esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.

 

Lucas 21, 5-19

 

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido."

Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?"

Él contesto: "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos.

Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida."

Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.

Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.

Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas."

 

HOMILIA DEL DOMINGO XXXIII

 

Bueno, Son palabras estas, que nos ha dirigido el Señor, a mí por lo menos, siempre, me animan siempre, siempre. Y todos padecemos, unos con más intensidad  otros con menos pues, las limitaciones de esta vida y los problemas, las penalidades de esta vida. Pero fijaos, siempre que vengáis a Misa, de verdad, hacedme caso porque yo de otra cosa no sabré, pero del camino de ir al Cielo y eso, de eso entiendo. Yo no sé poner ladrillos ni tan solo pasar la aspiradora aquí, pero del camino ese si sé. Cada vez que vengáis a Misa, tomad conciencia de la fe en la que estáis bautizados. Es la cosa que yo os digo siempre. Por eso me gusta siempre con la Misa, para llamaros la atención y para que entendáis. Cuando uno viene a Misa, uno sabe según lo dice la fe. Unos vienen con sus problemas, con sus dolores, con sus penas, con sus angustias o con sus alegrías. Pero independientemente de eso lo cierto es que Jesucristo habla. Es nuestra fe, Él está vivo, Él está resucitado y Él habla y Él habla en esta primera parte de la Misa. Y yo siempre os he enseñado lo que enseña la Iglesia. Él habla, el la Palabra de un Dios que se ha revelado en la historia, que ha hablado a unos hombres concretos. Pero que su Palabra es una Palabra de un Dios, es una Palabra que tiene una virtualidad que excede el espacio y el tiempo, que va mucho más allá. O sea, lo que Jesús hoy ha dicho, fijaos lo que os digo, os lo digo en presente, se lo dijo a aquellos Apóstoles, es verdad, pero lo que dijo a aquellos Apóstoles, sirve para nosotros hoy y servirá para los que vivan dentro de quinientos años. Con la misma potencia, con la misma eficacia, con la misma cualidad, dar vida a quien acoge eso. Atendiendo a eso, pues uno pone atención, uno pone en conciencia lo que va a escuchar. Fijaos en Jesús, es un poquito antes de morir, un poco antes de que lo lleven a la Cruz. Y entran en el Templo El como todo buen judío acostumbraba e iba con asiduidad al Templo a sus horas a rezar. Fue hombre como nosotros en todo, se sometió incluso a la Ley de los Judíos, Él que era Dios. Y en una de esas que entra en el Templo, el Templo en la época de Jesús era más grande y más hermoso todavía que el que hizo Salomón. El rey Herodes, el rey Herodes, el de los niños inocentes, el que mató a los niños, no era judío era idumeo. Pero para ganarse el favor de los judíos, les construyó un Templo todavía mucho más grande. Y ellos estaban orgullosos de eso. Cuenta el Evangelista: entró Jesús en el Templo con los Apóstoles y todos se quedaron admirados, impresionados de la belleza de ese sitio. Por la calidad de los materiales, mármol de no sé donde, el friso recubierto de oro con una viña allí puesta signo del estado judío, del estado de Israel, los regalos, los esbozos, las ofrendas que la gente hacía. Fijaos, de eso que les impresionaba, según entraban y lo veían, Jesús dice lo que dice: de eso, no quedará nada, no quedará piedra sobre piedra. Ellos enseguida le preguntan ¿cuándo va a pasar eso? dínoslo para estar... Otra cosa que quiero que aprendáis: cuando alguien le pregunta a Jesús siempre, miradlo en el Evangelio, acerca del futuro, nunca responde Jesús. Y alguno de nuestros Santos, los que la Iglesia ha puesto ahí como hermanos mayores nuestros y de ejemplo, nos lo han dicho. A Jesús, si hay personas que le disgustan aparte de los habladores, como dicen algunos Santos, Santa Faustina Kovalska y otros, son los curiosos, no le gustan que anden curioseando. Pues Jesús no les responde, Jesús lo que les dice es: vendrá un tiempo en que muchos vendrán diciendo, yo soy el Mesías, yo os traigo la liberación, yo os traigo la paz, todas estas cosas, bueno pues, no les hagáis caso. Vosotros quedaos con la Palabra que os he dado. Oiréis de guerras, revoluciones, de terremotos... no tengáis miedo. Todo eso de epidemias, de peste, de hambre, todo eso tiene que pasar. Pero antes de eso, vosotros tendréis que dar testimonio de Mí. Lo pasaréis mal, os perseguirán los ricos, los poderosos, de una manera o de otra, incluso en las familias tendréis sufrimientos atroces. Perseverad. Manteneos en lo que yo os he enseñado. Y al final tened conciencia de una cosa, ni un pelo cae sin permiso del Padre. Nada ocurre a espaldas de Dios. Si bien Dios no quiere las desgracias que a veces nos pasan, si es cierto que las permite. Las permite porque, hermanos, porque solo Él, solo Él es capaz de sacar de la desgracia más terrible, del sufrimiento más atroz. La vida y signo de eso es la Cruz, la Cruz que llevamos todos colgada del pecho. Pues fijaos, esto que Jesús les dice a aquellos ¿de qué está hablando? Para ellos les está anunciando la destrucción de Jerusalén. Esto es en el año treinta y tres, pues en unos cuarenta años después, Vespasiano el emperador, destruyó Israel, no dejó piedra sobre piedra del Templo. Después de la muerte de Jesús, no aceptaron a Jesús, siguieron esperando el Mesías. Aparecieron los Celotes. Los Celotes, para que vosotros sepáis, son como los terroristas de hoy, pues lo mismo, estaban siempre con un cuchillo aquí en la faja, degollando a todo romano que encontraban. Pues aparecieron unos cuantos Celotes diciendo que ellos eran el Mesías, lo siguieron y se acarrearon la destrucción. Mandó Roma allí y sitiaron Jerusalén. Jesús también había dicho en otro Evangelio: cuando veáis esto huid, salid. Muchos cristianos se fueron, se fueron a Transjordania, se fueron a Antioquia, se fueron a Chipre. Pues aquello que les dijo se cumplió, aquello fue terrible. Fijaos, los judíos, lo del Holocausto Nazi, ya lo sabéis, seis millones de judíos dicen que murieron en la Segunda Guerra Mundial. Pues en esta destrucción que Jesús anunció y que Vespasiano llevó a cabo, más de un millón de judíos entonces y cientos de miles que vendieron de esclavos. Pues esa Palabra, lo que yo os digo, fue dicha en un momento concreto, se cumplió efectivamente. Esa Palabra habla también del fin del mundo, se acabará, se acabar, ¡si es que hasta la ciencia lo dice!. El sol se apagará, la tierra morirá, se acabará. Ahora, también es una Palabra que viene para nosotros y tenéis que cogerla, rezarla, decirle al Espíritu Santo que os la haga entender, porque es Él el que la ha dicho, el que la ha escrito, porque el Espíritu Santo llenaba, invadía a Jesús, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. Y tenéis que sentaros, meditarla. Entraron y estaban impresionados por los esbozos, por la calidad y tal. Fijaos, dice Jesús: nada, ninguna cosa por buena que sea, por mala y terrible que sea, de nada os dejéis impresionar. No os dejéis impresionar por las grandezas, por las bellezas porque pasarán. No os quedéis acobardados y encogidos por cosas terribles que os pasen porque pasarán, pasarán. Tienen un principio y tienen un final. Y cuando os veáis impresionados porque las cosas van muy bien o cuando os veáis terriblemente aturdidos por un peso que no podáis, seguid confiando en Jesús. Porque lo único, lo ha dicho Jesús no lo digo yo, lo único que no pasa, lo único que no pasa, es la obra de Dios en el hombre. Lo que hace con nosotros, lo que hace con nosotros, fijaos, ejemplos concretos que yo los he experimentado y vosotros también. Ya tenemos años, unos cuantos, ya tenemos años. ¿Cuánto ha cambiado nuestro pueblo? El pueblo de mi padre que es donde suelo ir en el verano, no tiene nada que ver ahora como cuando yo era un crío. Cuanto ha cambiado. Ya no me acuerdo a veces de las cosas y de los sitios cuando yo a veces jugaba al fútbol o jugaba a los indios y a los vaqueros. ¿Cuánta gente se ha muerto? Mucha. ¿Pero qué es lo que queda? El recuerdo de esos que se han muerto... los sigo amando, los sigo queriendo. Todo pasará, lo bueno, el dinero con sus dineros, con sus placeres, todo eso pasará. Lo malo, el cáncer, las desgracias, los sufrimientos que os causan los hijos, las mujeres, todo eso pasará. En medio de ese pasar en medio de ese acontecer ¿Qué es lo que nos dice Jesús? Manteneos firmes, manteneos firmes. Cuando os vallan muy bien las cosas no creáis que el dinero es el salvador, no. Todo aquello que yo os conté un día, ese programa que yo a veces pienso que es diabólico de la televisión, esta, la seis, y salen un montón de mujeres riquísimas, que tienen un montón de dinero y presume de su dinero. Un día aparecía una que iba a comprar con su madre y luego ella traía su coche y después alquilaba un taxi para meter todas la compras. Al final, yo lo veía desde el escándalo que me producía, pero al final todas esas personas decían: pero no se vive mejor por tener mucho dinero. No da la felicidad, pues es verdad, pues es verdad. Dice Jesús, en medio de eso o cuando tengáis un sufrimiento, tan grande, tan grande, tan grande, que los días no acaban de pasar, dice Jesús confiad en Dios, confiad en Dios que es un Padre bueno, que nos quiere, que no goza con nuestro sufrimiento, un Padre que nos ha dicho Jesús el otro día que, todas nuestras oraciones llegan al Cielo, que llegan a los oídos cuando nacen sobre todo de un corazón que está afligido y quebrantado. Dice Jesús, manteneos firmes, no creáis que lo bueno os va a durar siempre y no creáis que lo malo os va a durar siempre. Oiréis en este acontecer en este esperar a Jesús de nuevo, oiréis qué, pues de guerras, de sufrimientos, de cosas... no os asustéis. Poned la tele, poned la tele, cuando no es un tsunami que se lleva por delante a cien mil personas ahogadas es un terremoto, cuando no una bomba que la tira no sé quién, cuando no... Dice Jesús, no os asustéis, porque antes eso tiene que pasar, pero antes de que Él llegue y se haga presente en nuestras vidas tendréis que dar testimonio. Fijaos, llegará un día en nuestras vidas, en las de todos, yo no sé por medio de qué, si de una enfermedad, si de una desgracia familiar, yo no sé por medio de qué. Dice Jesús, seremos perseguidos y hasta en nuestras casas no nos entenderán y hasta nuestras familias nos harán sufrir. Yo lo que sé es que llegará un día en nuestras vidas más pronto o más tarde en que tendremos que dar testimonio de Jesús. Porque decía Jesús, os perseguirán, os harán esto o lo otro, os llevarán a un sitio o a otro. No os preocupéis Yo estaré con vosotros y esa será la ocasión que tendréis para dar testimonio de Mí. Llegará un día que en medio de mucho sufrimiento la gente dirá: y esta mujer... mira la abandona el marido, está criando a los hijos, limpia casas, esto y lo otro y tal y no está hundida, yo en su lugar lo estaría y ¿esta por qué no? Bueno, se la ve dolorida pero no está acabada y eso ¿por qué? Porque tiene a Cristo, porque espera en Cristo. Mira esa mujer, va por la segunda operación y de cáncer y sigue con ánimo y lucha por su familia y ¿eso por qué? Porque tiene a Cristo y espera en Cristo. Llegará un día, más pronto o más tarde que por medio de yo no sé qué, no sé poneros más ejemplos, mirarlo vosotros, que tendréis que dar testimonio al mundo de que conocisteis de verdad a Jesucristo y que esperáis en Jesucristo. Y para no desanimarnos, el que espera desespera muchas veces y porque ya van dos mil años de este Amor de Dios manifestado en Jesús en la Cruz y uno cuanto más tiempo pasa a veces más confía, pues ahí tenéis la primera Lectura, Malaquías. Es cuando los judíos han vuelto del exilio, os lo he contado muchas veces, el exilio de Babilonia. Han estado setenta años como esclavos en Babilonia. Ha venido Ciro el Persa y les ha dejado volver a su tierra y han vuelto, pero la nación está destruida, toda la nación. No tienen Templo, no tienen casas, Jerusalén está reducido a ruinas y allí ellos empiezan a levantar aquello, poquito a poco y son fieles a Dios, son para que vosotros veáis, son buenos y hacen las cosas como Dios quiere. Pero ¿qué es lo que ellos constatan? Que hay hambre, que hay epidemias, que hay sequía, que no acaban de prosperar, que no acaban de despegar y se lo plantean. Dios está con nosotros y si hacemos las cosas bien y si somos buenos ¿por qué no nos bendice? ¿por qué no nos va bien? Y se desaniman y pierden la fe. Esto que os digo no me lo invento, leedlo y pierden la fe. Y ahí Dios les manda a Malaquías y Dios les dice lo que yo os digo muchas veces, que esa es la Esperanza Cristiana. Fijaos, cuando nos bautizan Dios nos hace tres regalos: la Fe, para creer en Él, la Esperanza para esperar siempre lo bueno de Él y el Amor, para amarlo y para ser amados. Pues aparece Malaquías invitándolos a qué, a la Esperanza. Dios les dice: “Hijos, llegará un día, llegará un día en que Yo haré Justicia”. Lo que nos enseñan de pequeños: y los malos irán a su sitio y los buenos al suyo; llegará un día, o sea, vivir siempre nosotros con la Esperanza cristiana. Que somos cristianos, que lo de la virtud de la Fe, la Esperanza y la Caridad, las Virtudes Teologales, no son cosas que uno se aprende de memoria y ya está, no, no, vivimos de eso, hombre. La Esperanza cristiana: llegará un día en que Dios me hará Justicia. ¿Cuántas veces os digo yo desde aquí, cuando os enfadáis porque os han hecho una injusticia una barrabasada muy grande? Os digo, ¡no dejéis que el odio haga el nido en el corazón! No, decidle al Señor, hazme Justicia, hazme Justicia. El hace, El hace porque es Justo. Y no hace falta andar nosotros vengándonos o hablando..., no. Pues esa es la Primera Lectura. En este esperar, que estamos de paso, que Él viene, porque todo esto pasará y nuestro cuerpo, nuestras cosas y nuestros amores, todo eso pasará; esperar, esperar bien, porque llegará un día en el que me veréis cara a cara y veréis que soy Justo. Y en este esperar, ahí tenéis la Segunda Lectura, es de la carta a los Tesalonicenses. Los Tesalonicenses eran una parroquia de una comunidad que él tenía, San Pablo. Eran un poco de líos en la cabeza, eran buenos pero, le preguntaban mucho a San Pablo ¿qué pasaba con los muertos? Y los muertos cuando se mueran ¿qué pasa con ellos? y ¿a dónde van? y ¿a dónde no vienen? y resucitan. San Pablo se lo explicó todo bien, lo que nosotros sabemos. Siguen vivos, están vivos, ¡no están en lo ausente están en lo invisible!, pero están. Y les habló San Pablo también... ¿y cuando va a venir Jesús? Jesús vendrá pronto, decía San pablo. Claro y algunos, en una carta, en la primera carta a los Tesalonicenses, a los que les escribió esto, pues interpretaron aquello como quisieron, los buenos. Como Jesús va a venir pronto, pues yo, para qué voy a trabajar, para qué voy a sudar si va a venir pronto. Pues no me preocupo de nada. Claro, él manda una segunda carta, que es esta, en la que dice: Oye, que yo también sé que Jesús va a venir pronto y trabajo. Así que, el que no trabaja, entre otras cosas, que no coma, no le deis de comer. Hemos de esperar ese encuentro con Jesús que se producirá asentados en la verdadera Fe. Tened cuidado, porque saldrán muchos diciendo: yo soy, yo soy, yo os llevo a la felicidad, yo... Ya sabéis que me gusta poneros ejemplos, para que entendáis y para que viváis en plenitud la Fe. Desde el Miércoles aquí y a pesar que no he podido venir mucho aquí por la bronquitis y estas cosas, ¿con cuantas personas he hablado y todas me han tocado el tema de la bendita mujer esta, inglesa, que salía el otro día hablando con los muertos en la tele? Claro, que se puede hablar con los muertos. Se puede si Dios quiere, algunos Santos lo han hecho. ¿Qué los muertos siguen vivos? Si, claro, con Dios Pero es que esta pobre... ¿qué es lo que comunica al pueblo y a la inmensa mayoría que somos todos? Pues que uno se muere y se lo sigue pasando pipa. Que no hay Cielo y que no hay Infierno, que allí está hasta con sus perritos, que se lo pasa muy bien con los perros. No hagáis caso, no hagáis caso, no hagáis caso ni a unos ni a otros. Nosotros sabemos y queremos lo que Jesús nos ha enseñado. Hay vida, si. ¿Cómo será? No lo sabemos bien. Sabemos lo que Él ha dicho, seremos como Ángeles ¿qué tendremos relación los maridos con las mujeres? Si. ¿Los hijos con los padres? También. Pero no sabemos más. Jesús no ha querido mostrarnos más cosas. De todo eso no hagáis caso, no hagáis caso. Esperad el encuentro con Jesús, que vendrá. En el Credo ahora lo vais a decir: “Creo en Jesucristo, su único Hijo, resucitado, tal, tal, tal, que vendrá a juzgar a vivos y a muertos”. Esperad ese encuentro con Jesús, sabiendo, sin desanimarse y esperanzados que todo pasa, que Dios es bueno y que Dios hace Justicia y que por encima de todas esas cosas nos ama infinitamente. Y que no goza, no goza cuando nos ve sufrir. De echo, para que nosotros no sufriéramos, cargó Él con todas nuestras miserias y nuestros pecados en la cruz. Pues venga, que tenemos motivos para vivir esperanzados y con alegría dando a Dios gracias, no porque la vida nos vaya muy bien que a muchos nos va mal, si no porque Él es el que es, un Dios fundamentalmente bueno. Venga, hermanos, ánimo.

{jcomments on}