Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

MIERCOLES XXXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

Tito 3, 1-7

Ibamos fuera de camino, pero según su propia misericordia nos ha salvado

 

Querido hermano: Recuérdales que se sometan al gobierno y a las autoridades, que los obedezcan, que estén dispuestos a toda forma de obra buena, sin insultar ni buscar riñas; sean condescendientes y amables con todo el mundo.

Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros. Mas cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado: con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador.

Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.

 

Salmo responsorial: 22

El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar; / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término. R.

 

Lucas 17, 11-19

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros". Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes". Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?" Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado".


Homilía a las lecturas:

 

Mirad, la carta a Tito, que es cortita y no nos ha dado tiempo, porque entre unas cosas y otras, el Lunes celebrábamos la dedicación de la Basílica de Letrán, ayer Nuestra Señora de la Almudena y tienen todos lecturas propias. Bueno, la carta a Tito. De Tito poco se sabe. Lo que se sabe es por las cartas porque no aparece ni en los Hechos de los Apóstoles. Se sabe de él por las Cartas de Pablo. Por lo que se ve en las Cartas, ya en el Concilio de Jerusalén, ya estaba allí con Pablo y estaba en Jerusalén. Lo que la Iglesia considera es que es un pagano, un gentil. No sabemos de donde era. Si era griego, romano, tracio, macedonio, de donde era. Pero si que probablemente se convirtió en Antioquia, en la Iglesia de Antioquia. Allí estuvo siempre con Pablo, lo acompañó, era un hombre de su confianza. Pablo, aparece en las cartas que lo manda a varios sitios y aquí, en esta Carta, pues parece que está como Obispo, como supervisor (Obispo es el  supervisor) en Creta. Y es allí donde le escribe. Y como en las Cartas a Timoteo, lo que ya hemos ido viendo, les da una serie de normas de instrucciones, pues de cómo tienen que conducirse. Y en la que se ve hoy aquí, pues, primero su misión, vamos su misión, no es esa, no es esa la palabra, que se sometan al gobierno y a las autoridades, que les obedezcan, que estén dispuestos a toda forma de obra buena, sin insultar, sin buscar riñas. Lo primero que les recomienda es que, donde estén, se sometan a las leyes que hay y  sean respetuosos con la forma de vida y con lo que allí hay. Que no anden con.., fijaos. Desde siempre el Cristianismo, lo que ha querido ha sido cambiar la situación, cambiar la sociedad, pero nunca desde la violencia. Nunca, por decirlo de alguna manera, asaltando el poder. Nunca revolucionariamente. El Cristianismo, lo que siempre ha querido Dios, ha sido siempre cambiarnos el corazón. Si se cambia el corazón de las personas, se cambia la sociedad, se cambian las estructuras. Por eso desde siempre Pablo y lo mismo Pedro eh, leeros la Carta de Pedro, me parece que tiene, que lo comenta ahí ampliamente. Que se sometieran al emperador, a las leyes del estado. El emperador estaba ahí, buscando el bien común. Había que someterse, o sea, por eso, esto lo digo también para que lo tengáis en cuenta a propósito de “esas teologías de la liberación” y todas esas cosas que tanto proliferaron por América, por Iberoamérica. Bueno, pues les dice eso. Lo primero que se sometan a las leyes, que cumplan, que sean buenos ciudadanos, que sean honrados, que se sometan a las leyes que hay establecidas, que también Dios las ha querido y las ha permitido. Luego también les dice otra cosa y es que no anden… que no traten mal a los paganos, o sea que, a los que no tienen la misma fe que nosotros, a los que no piensan como nosotros, que no los traten mal. Que se dejen de riñas, que se dejen de insensateces, de juzgarlos, de tratarlos mal, de ser duros con ellos. Y lo recuerda porque dice: “porque también vosotros erais así”. También nosotros éramos así. Íbamos fuera de camino, éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género. Nos pasábamos fastidiando y comidos de envidia. Éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros. Hemos de tratar bien a todo el mundo, así de sencillo. A todo el mundo. Sea cristiano como yo, católico como yo o no lo sea. Hemos de tratarlos con dulzura, con mansedumbre. Entre otras cosas porque, porque antes yo también era así. Y hoy por Gracia de Dios, nunca mejor dicho, gracias a Dios, ya no soy así. Es lo que Él les dice: “Nosotros también éramos así, de esa forma. Más cuando ha aparecido el Amor de Dios, la Bondad de Dios, o sea, Jesucristo, dice, y no por nuestras obras, no por nuestros méritos, no por lo que nosotros habíamos hecho, si no cuando ha aparecido Jesucristo, por puro Amor de Dios y nosotros lo hemos acogido, sobre todo a través del Bautismo y por el Bautismo, es cuando hemos cambiado. Esta es la primera lectura, no viene a decir nada más. Uno coge esto y, ¿qué es lo que nos viene a decir? Pues mira, trabajando honradamente, siendo honesto en el trabajo, en la familia, cumpliendo con las leyes, fijaos, ¿cuántas oportunidades hay ahora para defraudar a hacienda, para hacer montones  de cosas que no están bien, por injustos que sean los que nos gobiernan? San Claudio de la Colombiere, decía muchas veces: “Por muy malo que sea el gobernante, Dios no nos gobernará mal a través de ellos”. Nosotros estamos en manos de Dios. Pues la Palabra de Dios, hoy viene a decirnos que: Trabajando honradamente y siendo honestos, es una forma también de dar testimonio del Amor y la Misericordia que Dios ha tenido conmigo. Porque yo también, antes era como todos esos del mundo. Es lo que también aquí, algunas veces, os lo recuerdo en Pablo. Porque en Pablo también se repetía. Es que tiene que haber un antes y un después en nuestras vidas después de habernos encontrado con Jesús. Se tiene que notar en mi vida que yo me he encontrado con Jesucristo. Ya no solo dice Pablo que se tiene que notar en mi vida y que me tengo que dar yo cuenta, o sea, porque mi conducta cambia, si no que la gente se tiene que dar cuenta. Es una forma de ser testigos. El que olvida a Jesucristo, el que olvida lo que Jesucristo ha obrado en mí, el que olvida lo que ha sido… ¿a qué se dedica? pues a tratar mal a los demás, a faltar a la caridad. El que no se olvida y es agradecido como el leproso, como el samaritano, que vuelve a darle las gracias a Jesús…, de camino se ha curado, ha ido al Sacerdote, han confirmado la curación. Pero los demás se han ido, a sus cosas. El ha vuelto a dar las gracias al que lo ha curado. El que de verdad se ha encontrado con Jesús, el que de verdad ve los deseos y las ansias que ha tenido Jesús por cambiar mi vida y los deseos y las ansias que tiene Dios por cambiar la vida a los demás, es el que vuelve, se pone a los pies de Jesús como un discípulo, escucha y ayuda a Jesús en esa tarea de cambiar el mundo. Y muchas veces la gente cree que, lo que hay que hacer es ponerse a dar catequesis, irse a Marruecos a misionar y sino a Marruecos a la Indochina. Lo que hay que hacer es lo que a veces os digo desde aquí: ser coherentes con lo que uno es. Soy Cristiano, discípulo de Cristo. Antes de Cristo yo era sí. Desde que Cristo apareció en mi vida, yo soy así. Eso es ser testigo de Cristo. Pues no entiendo yo ninguna otra cosa más de estas lecturas. Mirad a ver la coherencia con la que vivimos nuestra condición de cristianos y de Hijos de Dios. Ánimo.

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