Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

 

Filemón 7-20

 

Recíbelo, no como esclavo, sino como hermano querido

Querido hermano: Me alegró y animó mucho tu caridad, hermano, porque tú has aliviado los sufrimientos de los santos. Por eso, aunque tengo plena libertad en Cristo para mandarte lo que conviene hacer, prefiero rogártelo apelando a tu caridad, yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús.

Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión, que antes era tan inútil para ti, y ahora, en cambio, es tan útil para ti y para mí; te lo envío como algo de mis entrañas.

Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad. Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano.

Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. Si en algo te ha perjudicado y te debe algo, ponlo en mi cuenta; yo, Pablo, te firmo el pagaré de mi puño y letra, para no hablar de que tú me debes tu propia persona. Por Dios, hermano, a ver si me das esta satisfacción en el Señor; alivia mi ansiedad, por amor a Cristo.

 

Salmo responsorial: 145

 

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, / que hace justicia a los oprimidos, / que da pan a los hambrientos. / El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego, / el Señor endereza a los que ya se doblan, / el Señor ama a los justos. / El Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda / y trastorna el camino de los malvados. / El Señor reina eternamente, / tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

 

Lucas 17, 20-25

 

El Reino de Dios está dentro de vosotros

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el Reino de Dios, Jesús les contestó: "El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros".

Dijo a sus discípulos: "Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y ni podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación".

 

HOMILIA JUEVES XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

A la pregunta que le hacen a Jesús de que cuándo va a llegar el Reino de Dios, por parte de los Fariseos, el Señor les responde que, el Reino de Dios no vendrá portentosamente con señales en el cielo, con ejércitos de ángeles, ni habrá que desplazarse de un lado a otro para encontrarlo. Si no que el Reino de Dios está en nosotros. Dentro de nosotros, dentro de nuestra vida. Es decir, viene a nosotros y llama a nuestro corazón para que le abramos. Porque el Reino de Dios es Jesucristo, que quiere entrar por medio de la Caridad en nuestro corazón. Así, San Pablo, alaba primero la Caridad de Filemón en la Carta que hemos escuchado en la Primera Lectura. Filemón, un hombre rico al que Pablo ha sacado de la mala vida y ha hecho cristiano. Le ha hecho nacer para la Vida Eterna. Filemón, el destinatario de la Carta al que Pablo escribe en la Primera Lectura. Pablo alaba la Caridad que Filemón ha tenido con otros cristianos que pasaban necesidad y así es como empieza la Carta, alabándole. Y le ofrece la oportunidad de amar a su esclavo fugado, Onésimo, perdonándole y acogiéndole como un hermano en Cristo. Pablo primero le habla de la gran caridad que ha tenido y le anima a vivir más la Caridad, ejerciendo la Caridad, llevándola a la perfección. Filemón no tiene que marcharse a ningún sitio para encontrar el Reino de Dios. Ni siquiera tiene que ir hasta donde está Pablo, que estaba en la cárcel, si no que el Reino de Dios va a su vida. Es el Reino de Dios el que nos sale al encuentro, el que se acerca a nosotros. Va a su vida a través de la petición de San Pablo de tener caridad con su esclavo fugado. Si Filemón lo hubiera hecho, hubiera rechazado esa caridad. Si no hubiera hecho caso a Pablo, hubiera perdido a Jesucristo.  El Reino de Dios habría pasado. Porque Jesucristo habría pasado de largo, ya que Filemón un hubiera abierto su corazón a la petición de caridad de Pablo. Buscamos nosotros el Reino de Dios, a Jesucristo. Pues no hay que ir muy lejos, no hay que marcharse, no hay que hacer peregrinaciones. Hay personas que buscan la conversión a base de hacer cosas extraordinarias: ir a no se donde, hacer no se qué, o que están esperando que venga una fiesta concreta que durante un año le tocó el corazón, pensando que así se convertirá. Y no es verdad. Porque el Reino de Dios es el que viene a nosotros ofreciéndonos, pidiéndonos entrar a través de la Caridad y del Amor. Si acogemos el Amor, al que está al lado, al prójimo, de mi vida, al que vive en mi mundo, si lo acogemos, acogemos a Cristo y el Reino de Dios crece en nosotros, nace en nosotros, se desarrolla en nosotros.

 

Nos gustaría con el tiempo poner por escrito estas homilías.

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