Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

LECTURAS

2Juan 4-9

Quien permanece en la doctrina posee al Padre y al Hijo

Señora elegida: Me alegré mucho al enterarme de que tus hijos caminan en la verdad, según el mandamiento que el Padre nos dio. Ahora tengo algo que pedirte, señora. No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, éste es el mandamiento que debe regir vuestra conducta.

Es que han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en la carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo. Estad en guardia, para que recibáis el pleno salario y no perdáis vuestro trabajo. Todo el que se propasa y no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios; quien permanece en la doctrina posee al Padre y al Hijo.

 

Salmo responsorial: 118

 

Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Dichoso el que, con vida intachable, / camina en la voluntad del Señor. R.

Dichoso el que, guardando sus preceptos, / lo busca de todo corazón. R.

Te busco de todo corazón, / no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R.

En mi corazón escondo tus consignas, / así no pecaré contra ti. R.

Haz bien a tu siervo: viviré / y cumpliré tus palabras. R.

Ábreme los ojos, y contemplaré / las maravillas de tu voluntad. R.

 

Lucas 17, 26-37

 

El día que se manifieste el Hijo del hombre

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán, estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejaran; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán".

Ellos le preguntaron: "¿Dónde, Señor?" El contestó: "Donde está el cadáver se reunirán los buitres".

 

HOMILIA VIERNES XXXII

Andaba yo, no muy confundido pero si confundido. Creía que íbamos a tardar un poco más con Pablo, pero no, ya nos preparan con las cartas de Juan y eso, para el Adviento. Ya la Navidad. Juan solo tiene tres cartas. Dos muy cortitas como la que leemos hoy y luego una más larga que se lee en Navidad y se reflexiona más y tal. Y ya habéis visto la de hoy. Es una carta de Juan, nunca ha sabido la Iglesia si va dirigida en concreto a una mujer que se llama Electa, Elegida, o como dicen los teólogos, no, es a la Comunidad. Y San Juan, el Apóstol San Juan que se sabe que sí, que es de él, está siempre... Ya sabéis lo que cuenta, no, me parece que lo cuenta San Ignacio de Antioquia, estos que eran discípulos de San Juan, dicen que vivió muchos años y que al final de su vida pues siempre le decían... díganos... le invitaban a predicar, hable usted que conoció al Maestro, tal que vivió. Yo os digo lo de siempre, que os améis, que os améis unos a otros. Que siempre nos dice lo mismo, es que siempre nos dice lo mismo, digamos algo... Dice no, no, si es que la esencia es esa, el Amor. Y aquí vuelve  al lo mismo. Habla como de dos cosas, la Caridad, o sea el Amor y el embuste y la mentira. Ya lo habéis oído. Me alegré mucho de que tus hijos caminan en la verdad según el mandamiento que el Padre nos dio. Ahora tengo algo que pedirte señora, no pienses que te escribo para mandarte algo nuevo, solo para recordarte el Mandamiento que tenemos desde el principio. El sigue con lo mismo, amarnos unos a otros. Y como que lo aclara. Los Apóstoles son como los Padres, como las madres, le dice las cosas muy claritas. Les dice: y amar según el Corazón de Dios, amar según como a Dios le gusta, cumplir los mandamientos. Dice, nada más que esto. Y esto lo oísteis desde el principio. Este es el mandamiento que tiene que regir vuestra conducta, ninguna otra cosa. No hay nada más importante que esto, que amar. Era lo de ayer ¿os acordáis?, le preguntaban a Jesús lo del Reino, el Reino. El Reino está dentro de vosotros, el Reino de Dios es el Amor, está dentro de vosotros. No tenéis más que sacarlo, que salga para afuera. No tenéis que andar buscando otra cosa. Así pues, vuelven a recordarnos hoy lo mismo, yo os lo decía. Siempre es, cada Misa, siempre, es como un recordatorio, como un recordatorio de vivir la Virtud de la Caridad. Y luego veis, son dos párrafos y enseguida, es que os recuerdo estas cosas, viene a decirles, Juan a esta mujer, a esta Electa o a esta Comunidad, porque ya os digo que la Iglesia se inclina por una Comunidad. Es que ha salido en el mundo, es que han salido muchos embusteros. Claro y a cada uno según su tiempo. Dicen que no reconocen que Jesucristo vino en la carne. Y enseguida, al principio del nacimiento de la Iglesia empezaron a aparecer las herejías. Y hubo una muy importante que decía eso, que Jesús era Dios, o sea, que en la Cruz ni padeció, que todo era una pantomima, todo era una comedia. Como decían los griegos, las pantomimas. Y él decía que no, que no, que no. Que yo estuve con Él, que yo lo vi, que sangró, que lloró, que se entristeció. O sea, han salido de entre vosotros muchos embusteros. Y el que diga esas cosas es un embustero y es el Anticristo, está negando la verdad porque Jesús es la Verdad. Fijaos, el Mandamiento Nuevo nos viene igual de bien ahora a nosotros, nos viene igual de bien. Vivimos muy preocupados de muchas cosas que no son importantes. Y el día que se cierren los ojos para este mundo y se abran para el otro, que nos ha de llegar, hemos de ver las cosas en su justa realidad. Y allí, ni el dinero, ni la fama, ni la honra, si me hablan, si me dicen... eso no importa nada, si no la Caridad que hallas vivido. Pues, en aquél tiempo eso. Ahora, pues es verdad, que han salido muchos embusteros entre nosotros, muchísimos, yo os diría que más. Porque entonces era una idea que se iba extendiendo, el que la quería coger... Pero es que ahora, unos dicen: Dios es Misericordioso, tan Misericordioso que todo lo perdona. O sea, que no hace falta ni confesarse. Con Él directamente. ¡Embuste, Mentira!. Eso no es lo que dice la Iglesia, que es la única autorizada para hablar en el nombre de Dios. Ahora... que las mujeres sean curas o no sé qué, no sé cuánto. Jesús eligió solo hombres porque era la mentalidad, no sé qué. ¡Mentira!. ¡Eso es un embuste!. Jesús rompió todos los convencionalismos sociales de su época. O sea, que si hubiera querido mujeres las hubiera cogido. Pero no las quiso como Sacerdotes. Cuando te confieses no hace falta... Dice la Iglesia: Confesión integral, cuéntalo todo, hasta el número de veces. Así te lo dice, es que así te lo dice. Dolor de los pecados, arrepentimiento, propósito de la enmienda. No hace falta, con que vayas allí y digas yo he faltado a esto y a lo otro... Embusteros, así así. Y va la Iglesia y dice a cada tiempo, lo decía Jesús, a cada día le basta con su afán. Cada tiempo tiene sus tentaciones y tiene sus embusteros, que los hay. Cogéis el Evangelio y veis otra vez, pues qué, hay que estar en guardia. Y dice el Señor, dice el Señor, dice Jesús, mientras llega ese momento  ¿pus cómo andaban en los tiempos de Noé? Comían, casaban, creían que no iba a llegar nunca. Llegó el diluvio y se los llevó a todos. Y aún así no aprendieron. Y aún así no aprendieron. Porque volvieron a las andadas. Llegaron los tiempos de Lot y de Abraham y todavía más, comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían. Haciendo mil cosas y olvidándose de lo importante. Llovió fuego del cielo, que hoy nos lo explican bien, dicen que fue un volcán, o sea, que ese volcán explotó sin permiso de Dios, no. Solamente fue y Dios lo quiso y acabó con todos. Y decidme a mí si es verdad o no que en estos tiempos nuestros, lo único importante es comer, beber, vivir... y cada uno en sus cosas, aquí no se salva nadie. Y reconocemos y vemos lo que es importante, lo que es la Verdad ¿y qué hacemos? Algunos con setenta u ochenta años, que lo que tienen que hacer es estar preparándose ya, porque en cualquier momento viene el Esposo y les dice: “vente conmigo”, pues viven como si les quedaran otros ochenta años. Decía San Juan de Ávila: “Me asombro, eso se lo decía a los andaluces, pero se lo aplicamos a todo el mundo, San Juan de Ávila ya sabéis que era el Apóstol de Andalucía, me asombro, dice, viven como si no tuvieran un alma que salvar”. Pues vivimos pendientes de mil cosas. Unos enfados grandísimos, si mi hijo no hace lo que quiero. Unos enfados grandísimos si hablan mal de mí. Unos enfados grandísimos si no cuentan conmigo. Unas tristezas terribles, si no me llega el trabajo. Y de lo que es realmente importante parece que uno, no... Llevamos toda la vida, ellas, yo, vosotros, en la Iglesia, vivimos todos en Gracia de Dios. Porque vivimos en Gracia de Dios, aquí no hay nadie en pecado mortal. Vivimos todos en Gracia de Dios, pero resulta que si nos pinchan... saltamos como cualquiera ¿y eso, por qué? No, no, pensadlo porque a mí no me gusta predicaros... Y como a mí me han hecho tantas cosas, tantas cosas y como yo quiero tanto a la Iglesia... Ella es mi Madre y Ella es la que me enseña, yo siempre os digo lo que dice la Iglesia, porque nos pasan esas cosas. ¿Por qué nosotros hemos vivido cuarenta y seis años, cuarenta y seis años, bueno sí cuarenta por lo menos, o yo qué sé, viviendo en Gracia de Dios? ¿Por qué todavía cuando me pinchan salto? ¿Por qué todavía me duelen tanto...? ¿Por qué no brillan en mí las virtudes de Jesús, la Mansedumbre de Jesús, la presencia de Jesús, la Verdad que dice Jesús? ¿Por qué?. Mirad lo que dice la Iglesia, por una cosa a la que no le damos importancia. Estamos comiendo y bebiendo y no sé qué y no sé cuanto... Fijaos lo que dice la Iglesia, ya sabéis que estoy siempre leyendo, fijaos, dice la Iglesia que, a Dios se le ofende de dos formas: con el pecado mortal y con el pecado venial. Del pecado mortal ya sabéis lo que dice, lo que nos enseña la Iglesia ¿qué es el pecado mortal? Es una gracia tan grande, tan necesaria para vivir en Comunión con Dios, que yo la mato, que yo la echo, o sea, yo echo de mí algo que es imprescindible para vivir la Vida de Dios. ¿Qué dice la Iglesia que el pecado venial? Pues dice la Santa Madre Iglesia, no lo dice Julio y atendedla a ella, el pecado venial no mata al hombre, pero lo enferma, lo debilita, no separa de Dios pero aleja de Él y esto tanto más, cuanto más grave sea. El pecado venial tiene una nefasta consecuencia. Fijaos lo que dice: refuerza la inclinación al mal, dificultando así el ejercicio de la virtud ¿Por qué van pasando los años a pesar de que yo vivía en Gracia de Dios y siempre siento esta inclinación al mal? ¿Por qué cuando me pinchan salto? ¿Por qué me duele tanto que hablen tan mal de mí, si hablaban mal de Jesús? ¿Por qué me sale eso? ¿No será qué estoy descuidando yo una mentirijilla piadosa? Yo qué sé, ¿una mala contestación? ¿una desobediencia si la Madre no me ve? Y además esto y además si se lo pregunto a la Madre me va a decir que si. ¿Tú qué sabes? Dice la Iglesia que, el pecado venial no mata, o sea, no mata la vida de Dios en el hombre, pero me aleja de Dios. Y es más, esa inclinación que yo tengo al mal, por el pecado original que es la mejor herencia, entre comillas, que me dejaron Adán y Eva, eso se me refuerza. El pecado venial eso no se me refuerza a mí. Sigo, sigo, si ya veréis, dice... el pecado venial afloja la tensión hacia la perfecta Santidad. ¿Por qué cuesta tanto rezar? ¿Por qué nos cuesta tanto rezar? ¿Por qué? a ellas no, pero los que estáis en el mundo a la hora de elegir entre rezar el Rosario a la Virgen y ver la telenovela o ver la tele... Bueno si lo rezo pero luego en la noche, en la cama. Y en la cama me voy a quedar dormido en el segundo misterio. Por tus pecados veniales, por tus pecados veniales, por tus pecados veniales. ¡Afloja la tensión hacia la perfecta santidad, al tiempo que predispone al pecado mortal! Pues... Palabra de Dios: “Es el que en lo poco es infiel también en lo mucho es infiel”, y nos priva de muchas gracias. Y fijaos un ejemplo que pone el autor aquí, un francés que murió en olor de Santidad y va camino de los altares, un gran teólogo, dice de religiosos, pero no, no, dice... metámonos todos, dice: “es extraño ver a tantos religiosos, a tantos cristianos, después de haber permanecido en estado de Gracia cuarenta o cincuenta años, celebrado la Misa todos los días, practicando todos los ejercicios de la vida religiosa y por consiguiente teniendo todos los dones del Espíritu Santo, es extraño repito, ver que estos religiosos, que estos cristianos, no demuestren ni en sus acciones, ni en sus conductas, nada de los Dones del Espíritu Santo. Su vida es totalmente natural como la de los que vienen a la Iglesia. Cuando los reprenden o los disgustan, demuestran su resentimiento y guardan rencor. Dan a conocer el gusto y la solicitud por las alabanzas, por la estimación y por los aplausos del mundo, descubriendo que gozan con esto y aman y buscan lo fácil y lo que les alaba el amor propio”. Y dice en otro... no hay que extrañarse, no hay porque extrañarse por los pecados veniales, no dice los grandísimos, los pecados veniales que cometen continuamente, tienen en ellos como atados los Dones del Espíritu Santo, de modo que no es raro que no se hallen en ellos defectos ¿Por qué? Porque estos pecados, porque estos Dones crecen con la Caridad. Pero como el pecado, sea mortal o venial, va contra la caridad, entonces por eso, el Espíritu Santo, no puede hacer nada en nosotros. Y por eso ¿Qué es lo que se refuerza en nosotros? La inclinación al mal. Y por eso no aprendemos, ni de Abraham, ni de Lot, ni de la Guerra Civil que tuvimos aquí, ni de nada. Seguimos comiendo y bebiendo y resulta que viene la muerte y nos coge desprevenidos. La Palabra de Dios, hoy en la Misa, vienen San Juan y Jesús a decirnos, que no descuidemos por mucho que lo hayamos oído, por mucho que nos lo sepamos, que no descuidemos el Amor y la caridad. Porque es que, si lo descuidamos, el Amor y la caridad, que es lo más Divino y que viene directamente desde el cielo, porque nosotros no podemos amar por nosotros mismos, porque no tenemos fuerzas, si descuidamos esto, no nos va a salir, cuanto más la cuidas más crece la Caridad. Cuanto más crece la caridad en ti, más crece el Espíritu Santo o sea, el Espíritu de Jesús. Y cuanto más crece el Espíritu de Jesús en ti, más brillan en ti las Virtudes de Jesús. O sea, se cumple en ti lo de la Creación: “hagamos al hombre a Nuestra imagen y semejanza”. A imagen y semejanza de quién, de Jesús. No podemos vivir como los que nunca han oído hablar de Él. No podemos hacer como componendas con el mal, por muy pequeño que nos parezca. Porque el mal tiene la virtud, entre comillas, de apartarnos de Dios y debilitarnos. Es como el que está enfermo y no acaba del todo de tomarse las medicinas. Es que a ti lo que te hace bien es un “Ibuprofeno” y no una “Aspirina” y te empeñas en tomar la aspirina. Se te calma un poquito el dolor pero luego vuelve. No podemos hacer ninguna transigencia con el mal. Nosotros hemos sido creados por amor y para amar. Y hagamos un examen de conciencia con esto ¿Por qué me cuesta a mí tanto la virtud? ¿por qué me duelen las cosas que no le duelen a Jesús? ¿Por qué me molestan las cosas que no les molestaban a San Francisco de Asís, a Santa Clara, a los Santos, a estos? Porque el dice aquél día, cuando mandaron a San Felipe Neri, el papa a ver a aquella mujer que parecía que tenía estigmas y visiones y tal y que no sé discernirlos a ver si es Santa. Fue San Felipe y la puso a caldo, la llamó de todo, la insultó. Pero aquella mujer lo recibió todo con humildad, ni le dolió y tal. ¿Cuál fue el dictamen, cual fue el diagnostico? Fue a decirle al Papa, tenga cuidado, que esa monjita es una Santa y efectivamente es Santa. Aquella mujer, pues lo que han dicho los santos, ningún pecado venial deliberado. El que no es fiel en lo pequeño, tampoco lo será en lo grande. Venga ánimo.

 

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