Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

Isaías 11,1-10

 

Juzgará a los pobres con justicia

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.

Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

 

Salmo responsorial: 71

 

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes, / para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia/ y la paz hasta que falte la luna; / que domine de mar a mar, / del Gran Río al confín de la tierra. R.

Él librará al pobre que clamaba, / al afligido que no tenía protector; / él se apiadará del pobre y del indigente, / y salvará la vida de los pobres. R.

Que su nombre sea eterno, / y su fama dure como el sol: / que él sea la bendición de todos los pueblos, / y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.

 

Romanos 15,4-9

 

Cristo salva a todos los hombres

Hermanos: Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: "Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre."

 

Mateo 3,1-12

 

Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: "Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: "¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga."

 

HOMILIA DEL DOMINGO II DE ADVIENTO

Sentaos que no os voy a entretener mucho porque habéis estado ya en Misa esta mañana muchos. Atendiendo a las lecturas es cierto según mi experiencia personal, lo que dice, lo que dice San Pablo, que las Escrituras se escribieron para que el consuelo que ellas aportan y la paciencia de uno pues mantengamos la esperanza. Es cierto que producen consuelo porque si no atended a la lectura de Isaías. Esta mañana os lo decía un poquito así. El último rey que se sepa así bien seguro, de la dinastía de David fue el rey Sedecías. Este no hizo caso al profeta Jeremías que decía: vete y habla con Nabucodonosor que eso es lo que Dios quiere y te ira bien, si no lo haces así, te ira muy mal. Él no lo hizo. Y dicen que Nabucodonosor entró en Jerusalén y lo que dice la historia, porque eso es real, que le hizo un agujero en la muralla, que ya se lo hizo Jeremías y que huirás así, a oscuras, a través de un agujero, de noche. Se fue pero lo cogieron la gente de Babilonia, los soldados lo cogieron. ¿Y qué fue lo que hicieron? Lo mataron ¿Pero como lo mataron? Las barbaridades que hacían entonces. Delante le degollaron a sus hijos para que fuera lo último que viera y después le sacaron los ojos. Se lo llevaron a babilonia y allí murió en la cárcel. Es el último rey que fue el rey Sedecías. A raíz de ahí ya se pierde, ya no hay herederos directos de David. De echo, cuando Jesús de Encarna está Herodes, pero Herodes no tiene nada que ver con David. Herodes no era ni Judío era Idumeo, era de otra provincia. Fijaos y también la conciencia que ellos tenían. Hoy para nosotros un rey es uno que sale en las revistas del corazón, pero para de contar. Reinan pero no gobiernan. Pero es que entonces no. Un rey era un cristo. Un rey era un mesías que es el título que se les daba. Un rey era un ungido, o sea, un rey que ellos tenían la conciencia de que Dios les hablaba a través de ellos. Era un personaje cuasi divino, de ahí que muchos de toda esa época, pues decían que eran fieles seguidores de Dios, hijos de Dios y cosas así. Los reyes y sobre todo los emperadores romanos, bueno pues, fijaos, cuando Israel ya no tiene rey, cuando están como huérfanos, cuando ya no están ni en Jerusalén que ya no tienen ni ciudad santa, ni templo porque Nabucodonosor todo lo ha destruido, ha exterminado a la familia real, cuando están en el exilio de Babilonia es cuando reciben esta Palabra De Dios, de Isaías. Y ellos lo entendieron perfectamente. Entendieron lo que decían. Amigos, pero ahí tenían ellos que poner en juego también su fe y la esperanza. Porque fijaos lo que les dice: “Aquél día brotará un renuevo del tronco de la casa de Jesé, del tronco de Jesé. O sea, Dios les manda a decir a los Judíos por boca de Isaías: vuestra situación es dramática, la casa de David está seca, muerta, es un tronco seco, cortado, de ahí, ahí brotará un renuevo, ahí brotará la vida. Viene a decirles que desde la descendencia de David saldrá un hombre, no un hombre cualquiera, no un hombre como eran todos los reyes a pesar de que Él nazca de esa dinastía Davídica. Ni un profeta como lo eran los demás, no. Porque éste, el Espíritu del Señor lo poseerá y describe lo que nosotros conocemos como los Siete Dones del Espíritu Santo. O sea que, de donde no hay vida, de aquella casa exterminada y acabada, donde reina la muerte, de ahí brotará la vida. Aparecerá un descendiente de David, lleno del Espíritu Santo, que impertirá Justicia como solo Dios sabe hacerlo. O sea, que hará Justicia a los pobres y a los oprimidos. Junto con eso ya no solo impartirá Justicia, sino que su reinado será un reinado de paz. Donde él sea el rey se extenderá la paz sobre todos los sitios. Incluso aquello que a nosotros nos parece imposible Él lo pacificará y pone los ejemplos que pone: la baca comerá con el oso, el león…, el lobo con el cordero, el león con el cabrito comerán juntos, sus crías jugarán, los niños jugarán con las serpientes meterán la mano… pero no pasará nada. Y la ciencia y el Amor de Dios se extenderá por todo el mundo. Fijaos, un  pueblo que está sin ninguna esperanza, roto, en una situación dramática Dios les envía esta Palabra de consuelo. Pero fijaos, frente  a la Palabra de Dios uno siempre tiene a parte de escucharla, uno siempre tiene que ponerse en movimiento, en juego, o le das crédito o no se lo das y si le das crédito a la Palabra de Dios empiezas a vivir de esperanza. Porque Dios te dice que lo hará pero nunca te dice cuando lo hará. De echo, esto lo dice y ocurrió setecientos años después ¿Ocurrió? Si. Nosotros sabemos cosas que ellos ya no saben. En el Nuevo Testamento se nos dice: Mil años, mil años, fijaos cuantos siglos, cuantas generaciones hay. Mil años es un ayer un día. Pues fijaos, una Palabra entonces, una palabra que viene para nosotros, que nos consuela. Fijaos, si vivimos la fe medianamente bien tenemos experiencia del pecado. A todos, de una manera o de otra, fijaos, el fundador del Opus Dei lo decía muy clarito, un hombre de los más campechano, de lo más santo y él siempre decía: Hay en todas las almas un defecto que domina, hay un pecado que es el que después se desprende todos los demás, o sea que, todos nosotros tenemos experiencia de que estamos oprimidos, de que estamos muchas veces asfixiados, no podemos hacer las cosas también como quisiéramos. Pues dice el Señor, de ahí en medio yo haré suscitar la presencia de Jesús, en medio de tu vida, para que Jesús haga Justicia. Os acordáis de las Bienaventuranzas… bienaventurados los que tienen hambre y sed de la Justicia porque ellos serán saciados. O sea, cuando uno tiene hambre de la Justicia, no solo es que el vecino de al lado me ha robado pues no sé cuantos metros de mí casa, o que me han dejado sin trabajo. No solo es esa justicia, sino la Justicia también de darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Y yo quisiera ser Justo ¿cómo? Siendo un hombre honesto, como Dios quiere, siendo un hombre con el que Dios se sienta contento, con el que Dios se sienta orgullosos y a veces no me sale. Pues bienaventurados los que tienen hambre y sed de la Justicia, la Justicia en el término más amplio, porque esos serán saciados. Pues Dios viene a decirnos a nosotros que Él ha resucitado y suscita en medio de nosotros a Jesús que está en el Sagrario, siempre. Claro, pero la fe… te lo crees o no te lo crees y que este Jesús hará Justicia. O sea. Me justificará y me pacificará, me hará vivir en paz. No sé quién era, si, lo leí el otro día. Hay un libro muy bueno también, que lo han sacado ahora, yo es que estoy siempre leyendo, es muy bueno leer, del Padre Pío y decía una mujer que había recurrido a todos los libros a propósito de que sigue haciendo milagros. Lleva muerto desde el sesenta y ocho el Padre Pío, el Estigmatizado este de San Giovanni Rotondo y sigue haciendo milagros. Y era una mujer que padecía de hipocondría. Todas las enfermedades habidas y por haber aunque físicamente no las tuviera en el cuerpo, todos los síntomas los padecía, que no tenía nunca paz, nunca, hasta que se encontró con el Padre Pío, hizo la novena y sintió que desde entonces vive en paz. Pues Dios ha suscitado y ha puesto en medio de nosotros, muy cerca de nosotros a su Mesías, ese es Jesús de Nazaret, el Hijo de la Virgen María, que ha venido a traernos la Justicia y a enseñarnos a vivir en Paz. Nosotros lo sabemos, a este Jesús, aparece en el Evangelio San Juan Bautista y dice que no se le puede recibir de cualquier manera, esta mañana os lo decía. Juan el Bautista es el último de los profetas, el último de los grandes profetas y como todos los profetas anteriores llama la atención. Este llama la atención porque es duro, es primo de Jesús por parte de la Virgen María, pero es duro, es duro en su predicación y duro y austero en su vivir, dice que es de pelo, cómo dice, lleva un vestido de piel de camello con una correa, comía lo que encontraba miel silvestre y saltamontes que por aquellas zonas abundan. Un hombre como todos los profetas, distinto, que vive como a parte y que les trae la Palabra de Dios. Pero este ya no hace como Isaías. Isaías decía: mirad para adelante y señalaba hacia el futuro que viene. San Juan Bautista ya no dice mirad para allá, no, ya está aquí, convertíos, o sea, cambiad de vida. La conversión ya sabéis lo que es, es fundamentalmente una cosa facilísima que es pasar de ser malo a ser muy bueno y para eso necesitamos toda una vida. Para empezar a ser un poquito bueno para empezar a ser como nosotros, unos egoístas y cómo somos, para empezar a ser un poco buenos hace falta una vida entera. O sea, que uno no se hace santo de un día para otro. Pero fundamentalmente la conversión consiste en una cosa que es: ser dócil a la Palabra de Dios. Convertido está el que escucha la Palabra de Dios y la pone por obra. Se fía, sé de quién me he fiado. Nosotros nos fiamos cuando os casáis os fiáis del marido, no sabéis la vida que os va a dar. O fiáis de las mujeres y no sabéis si os va a salir fiel y hacendosa, y os fiáis. Y en cambio de Dios no. En cambio de Dios no. Convertirse es fundamentalmente ser dócil a la Palabra de Dios, lo que escucho acogerlo, si no lo entiendo hacer como la Virgen, modelo es de todos los creyentes, guardarlo en el corazón y si lo entiendo ponerlo por obra. Pues Juan el Bautista dice, convertíos, o sea, dejad de ser desobedientes, dejad… no sé lo que es contrario a dócil, dejad de ser rebeldes y sed dóciles a la Palabra de Dios, porque Él ya está en medio. La gente escuchaba eso y la gente se acercaba a Él y confesaban sus pecados. Yo creo que en este Evangelio hay que tener en cuenta eso primero, que a Jesús no se le puede recibir de cualquier manera. Hay que recibirle con corazón sincero, con el deseo sincero de cambiar, de querer ser dócil, de querer hacerle caso, de empezar a hacerle caso y también otra… confesar tus pecados, porque somos pecadores todos, unos más y otros menos, pero todos somos pecadores. Yo siempre, nos ha enseñado la Iglesia lo que es pecado mortal, venial, todas esas cosas, yo nunca he distinguido, a mí me da lo mismo. Cuando amas a una persona da lo mismo que te de un bofetón o que deje de hablarte aunque no duela tanto. El pecado es el pecado y lastima en lo más profundo del corazón a Dios. Pues dice que esta gente confesaba sus pecados y se acercaban. Tened en cuenta eso, somos todos pecadores. Vivamos siempre con la actitud del publicano, delante de Dios: Señor soy un pecador, juzgo, hablo, miro mal, deseo lo que no está permitido y tu no… y muchas veces hasta lo hago. Vivir con esas… nunca ocultéis los pecados, porque a Dios no se le puede ocultar. A los hombres sí, los podemos engañar, podemos aparentar que somos muy buenos y luego estar como estaban los Fariseos, no, Jesús les decía: sepulcros blanqueados, por fuera sois tumbas preciosas, pero por dentro estáis llenos de podredumbre. Así no, así no. Pues fijaos, siempre con esa conciencia de pecadores. Y fijaos, se le acercan los Fariseos y los Saduceos y Juan el Bautista los conocía como los conocía Jesús. Estos son el prototipo de esas personas que escuchan estas cosas en el Adviento y dicen y bueno yo ¿de qué me voy a convertir? Yo no tengo que cambiar de vida, yo no robo, yo no mato… yo me confieso, yo no engaño a mi mujer, yo trabajo, yo ayudo a mis hijos, doy la limosna que puedo. ¿De qué me tengo que convertir?. Son pues estos por boca del Bautista dicen que no se conformen solo con cumplir unas cuantas… dad frutos de conversión, las obras. Cuando uno está convertido se le nota fundamentalmente ¿en qué? En que ama, en que ama. Y no solo ama al prójimo si no que ama a todo al que tiene al lado y se convence cuando ve a un pobre por la calle que está pidiendo ¿que te engaña? Pues me da igual, pues yo lo que veo es que se me conmueven las entrañas cuando veo a un pobre. Ven en la tele que están necesitados o no se qué y se le conmueven las entrañas. Y ya corre. Se le conmueven las entrañas como a Cristo y anda con un pobre y anda con otro. Frutos, frutos, cuando uno está convertido tiene obras. Y cuando uno solo tiene formalismos y virtualismos como los Fariseos, cuando uno solo tiene de bien la apariencia, que los hay, que los hay de verdad, hacedme caso, que en la Iglesia de Jesucristo hoy en el siglo XXI hay muchos de estos. Unos solo tiene eso y dice Jesús, que eso servirá para una cosa, para alimentar el fuego eterno. Porque llegará un día, porque llegará el viñador, talará aquello y los echará al fuego, porque la madera seca ¿para qué vale? ¿para estorbar? Al menos para dar calor. Para dar calor en el infierno. Dios nos libre de bajar allí a ninguno de nosotros. Pues atended a estas cosas. Y luego en la segunda lectura, dice lo que dice, todas las Escrituras se escribieron para una cosa para que, entre la paciencia y el consuelo que ellas dan mantengamos la esperanza. En este caminar nuestro, nosotros vamos a envejecer, vamos caminando hacia el cielo. Cuanto más viejo menos nos queda para llegar a Casa, porque ésta no es nuestra casa. Pues en este caminar nuestro hacia el Cielo Dios continuamente nos consuela y nos consuela con su Palabra y nos dice que no estamos perdidos, que nuestra suerte no va a ser siempre la misma, que no vamos a ser siempre unos que están siempre sufriendo sin trabajo, necesitados, no. Él quiere suscitar en medio a Jesús, que Jesús hará Justicia y Jesús nos traerá la Paz. Y que en este caminar mientras Jesús hace lo que sabe hacer y lo que tiene que hacer, que tengamos paciencia como la tuvo la Virgen María. Y como estamos con la novena de la Virgen, esto que nos anuncian los profetas, esto que nos anuncia la Palabra se ha cumplido en María. María ya está en el Cielo, María no está enterrada en ningún sitio, María no se ha podrido, no hay reliquias de María, no hay huesos de María que venerar ni nada de eso. María se durmió y automáticamente resucitó y los Ángeles la subieron al Cielo en cuerpo y alma. María es libre, María es bella, María ama, María es la Reina de la Paz, María es la Inmaculada Concepción y todo esto ¿quién lo hizo? Lo hizo Dios ¿en virtud de qué? De los méritos de Jesús de todo lo que iba a hacer Jesús. Pues María es también para nosotros a parte de Consuelo motivo muy serio de esperanza, o sea, de vivir con paciencia esperando el consuelo de Dios. Pues venga ánimo.