Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

 

Isaías 26,1-6

 

Que entre un pueblo justo, que observa la lealtad

Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá: "Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres."

 

 

 

Salmo responsorial: 117

 

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / Mejor es refugiarse en el Señor / que fiarse de los hombres, / mejor es refugiarse en el Señor / que fiarse de los jefes. R.

Abridme las puertas del triunfo, / y entraré para dar gracias al Señor. / Ésta es la puerta del Señor: / los vencedores entrarán por ella. / Te doy gracias porque me escuchaste / y fuiste mi salvación. R.

Señor, danos la salvación; / Señor, danos prosperidad. / Bendito el que viene en nombre del Señor, / os bendecimos desde la casa del Señor; / el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

 

 

 

 

 

Mateo 7,21.24-27

El que cumple la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente."

HOMILIA JUEVES I DE ADVIENTO

Cantaba el profeta Isaías el canto futuro del país de Judá. En aquellos días dice. Cuando Isaías dice aquellos días es cuando Dios actúe de un  modo portentoso, porque los cristianos esperamos la actuación de Dios, esperamos la gran Obra de Dios. Los Judíos esperaban al Mesías y el Mesías vino y actuó y creó la Iglesia, nos creó a nosotros la Iglesia, en la que está el Espíritu Santo para dar vida y fuerza a todo, donde está el perdón de los pecados, donde está la salvación. Nave que por encima de todas las tormentas, de todas las olas, de maremotos, es capaz de llegar a la orilla de la Vida Eterna. Tenemos una ciudad fuerte, dice el profeta Isaías, ha puesto para salvarla murallas y baluartes. Abrid las puertas para que entre un pueblo justo que observa la lealtad. Así es la Iglesia, un pueblo justo santificado por Dios, un pueblo protegido con murallas fuertes, la fe, los sacramentos, todos los Ángeles del cielo que nos cuidan y nos protegen para que podamos alcanzar la Vida Eterna. El Señor es la roca perpetua, dice y doblegó, doblegó a los habitantes de su altura, a los que se elevan llenos de soberbia y maquinan hacer cosas a las palabras de Cristo. Los que aún hoy no quieren hacer caso  a las Palabras de Cristo son derrumbados, porque cuando llega el sufrimiento a la vida, cuando llegan las enfermedades, cuando llegan las traiciones, los desencantos de la vida, cuando las cosas no salen como uno esperaba y todo se tuerce, solo el que tienen el corazón puesto en Dios es capaz de soportarlo. Y los que ponían su orgullo en sus fuerzas y lo bien que les iba la vida, cuando todo se les tuerce se quedan vacíos y sin nada. Por esos el Señor nos pone un ejemplo: “el que escucha mis palabras se parece al que construye su vida, al que construye una casa, la propia vida sobre la roca, cuando venga el sufrimiento que no nos esperamos, que es tan fuerte que es capaz de derrumbar nuestras paredes aunque parezcan fuertes, de levantar nuestro tejado aunque nos parezca que está bien puesto, de romper las ventana aunque nos parezcan fortísimas. El que está edificado sobre la roca que es Cristo no caerá”. No caerá en el desánimo, caerá en la tristeza, no caerá en la desesperación ¡qué terrible es la desesperación! Sobre todo de aquellos que no conocen a Dios, aquellos que no tienen fe, que creen que no hay nada más que su propia vida. Cuando todo les va bien, viven felices, orgullosos, se burlan de los cristianos. Creen que los cristianos son gente débil que necesitan creer en dioses para sobrevivir en la vida. Cuando todo les va bien. Que no son capaces de emanciparse de las ideas, de considerarse adultos que no necesitan de nada ni de nadie. Pero cuando estos hombres soberbios  les llega el sufrimiento como a todo hombre, pues al final son ellos los que caen en la desesperación, los que se hunden, los que  no saben por donde caminar, por donde salir. El que construye sobre la roca que es Cristo, sobrevive a todo. El que construye la vida sobre arena, sobre sus propias ideas, sobre sus propios deseos contrarios a Cristo, los que se convierten así mismos en dioses, cuando llega a veces el más mínimo sufrimiento pues, acaban en ruina perpetua. Construir la vida, pero no solo sobre la fe en Cristo, sino sobre la voluntad de Dios, el que escucha, el que cumple la voluntad de mí Padre que está en el cielo, el que escucha a mi Padre, lo que quiere de mí, de mí vida, mi propia vocación, mi camino. El que pone el corazón no en lo que le gustaría, sino en lo que Dios quiere. El que pone el corazón en Dios poniéndolo en su voluntad, en sus deseos, el designio que Dios ha tenido desde toda la eternidad para mí. El que hace de la unidad una sola cosa, una misma cosa entre la voluntad de Dios y la propia voluntad. El que ama lo que Dios ama para la propia vida… ese construye su vida sobre roca. Se librará de muchas tentaciones, de muchos desánimos, de muchas desesperaciones… y si la vida se le tuerce no le importará, porque no habrá hecho las cosas para conseguir, nada más que agradar a Dios y sabrá que siempre ha agradado a Dios. El que construye sobre la voluntad de Dios para mí, y a veces es que sea lo que yo no hubiera nunca deseado ser, o que viva como yo nunca hubiere deseado vivir, o que viva de tal manera como yo siempre he huido de vivir así. A veces se dice que de lo que de pequeño estoy viviendo, lo que nunca pensé, lo que nunca imaginé, lo que nunca quise para mí es lo que me estoy encontrando ahora en la vejez. Pues si es Dios el que lo quiere así, el que lo permite, el que lo propone para nuestra vida para santificarnos, pues bendito sea Dios. Unámonos a esa voluntad, queramos vivir así, al menos vivir así y nos libraremos de muchas tentaciones, de muchos pecados,  y encontraremos la paz y la felicidad. Encontraremos nuestro lugar en la Iglesia, esa nave de salvación y nuestra vida será verdaderamente útil. Pero cuando nos empeñamos en ser lo que Dios no quiere que seamos, aunque sea ahora, cuando nos empeñamos en ser lo que nosotros queremos y queremos obligar a Dios que cambie su proyecto sobre mí y que se adapte a mis planes entonces mi vida se frustra, se tuerce y las tentaciones y los sufrimientos me hunden. Pidamos al señor la confianza, la fe y la confianza en Él y el amor a ël para tener una voluntad única con Él.

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