Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

Juan 2,3-11

 

Quien ama a su hermano permanece en la luz

Queridos hermanos: En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: "Yo le conozco", y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.

Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo -lo cual es verdadero en él y en vosotros-, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

Salmo responsorial: 95

 

Alégrese el cielo, goce la tierra.

Cantad al Señor un cántico nuevo, / cantad al Señor, toda la tierra; / cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria. / Contad a los pueblos su gloria, / sus maravillas a todas las naciones. R.

El Señor ha hecho el cielo; / honor y majestad lo preceden, / fuerza y esplendor están en su templo. R.

 

Lucas 2,22-35

 

Luz para alumbrar a las naciones

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel."

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."

HOMILÍA 29 DE DICIEMBRE 2010. OCTAVA DE NAVIDAD

 

Continua San Juan con su Carta hablando de la Luz y de las tinieblas, de la Verdad y de la mentira, del Amor y del odio ¿Cómo saber si yo vivo en tinieblas? ¿Cómo saber si mis acciones, mis deseos, mis proyectos, mis actitudes proceden de la Luz o proceden de las tinieblas? Pues, por las consecuencias que tiene. Si un pensamiento, un deseo, una actitud personal, una acción, una costumbre, me mantiene en el odio o me lleva al odio a una persona o a muchas, es decir, me aleja de vivir como vivió Él, como vivió Jesucristo, amando a todos, perdonando a todos, dando la vida por todos. Esa acción, pensamiento, deseo, proyecto, procede de las tinieblas y me llevará hacia las tinieblas y me llevará hacia lo que no conozco, porque en las tinieblas no hay luz, no sé como puedo acabar, solo sé que acabaré peor aún de lo que estoy y de lo que me imagino. Pero si un pensamiento aunque me haga sufrir, aunque me haga sufrir y me remuerda por dentro. Una actitud, un deseo, una acción, un pensamiento me lleva a amar más a los demás, me lleva a tener una actitud más semejante a la de Cristo, me lleva a estar más unido a Cristo, me lleva a perdonar, me lleva a amar a todos a vivir como vivió Él pues, ese pensamiento viene de la Luz. Y ese pensamiento, deseo, acción, actitud, me irá llevando hacia donde sí sé, hacia el Cielo, hacia la unión con Dios, hacia tener el Espíritu Santo habitando dentro de mí. Decía Simeón a Jesús, a la Virgen perdón, decía a Nuestra Señora la Virgen, que Jesucristo como Luz del mundo estaba puesto para dividir, para ser bandera discutida, para que quedara clara, para llevar a la Luz de la Verdad la actitud de muchos corazones. Porque ante la Palabra de Cristo, ante la Verdad de Cristo nosotros los humanos tenemos que decidir, tenemos que posicionarnos a favor o en contra y continuamente en la vida nos vamos como posicionando ante Él ¿Cómo? Pues ante su Palabra, ante sus Mandamientos. Simeón era un hombre anciano, era un hombre viejo así nos lo enseña siempre la Tradición, pero era un hombre que había mantenido la Luz en su corazón toda la vida que se había posicionado ante los Mandamientos de Dios, ante el Amor de Dios toda la vida. Era un hombre que había vigilado sus pensamientos, sus deseos, sus proyectos, para que todos procedieran de la Luz y que había desechado todo lo que le llevaba a las tinieblas. Había tenido problemas como cualquier otra persona, en la relación con los demás, la familia, Dios sabrá. Pero siempre en todas las situaciones había elegido las Luz, siempre la Luz. Por eso estaba lleno del Espíritu Santo, por eso el Espíritu Santo habitaba en él. Porque el que vive en la Luz las consecuencias son que el Espíritu Santo habita en ti. Y por eso sabía perfectamente, porque el Espíritu Santo se lo había dicho, qué es lo que le esperaba. El que camina en las tinieblas no sabe e imagina, el saber, el quiero conseguir esto, aquello, vivir de esta manera, pero las tinieblas le arrastran hasta donde ni se imagina y le hunden hasta donde no puede ni imaginarse ni concebir. Pero el que camina por la Luz, la Luz misma, Jesucristo, el Espíritu Santo de Jesucristo le va iluminando. Y Simeón sabía que no moriría hasta que no viera al Mesías, al que él esperaba con todo el corazón, porque él amaba a Dios sobre todas las cosas y esperaba la salvación y al Salvador. Y el Espíritu Santo se lo dijo: no morirás hasta que no le hayas visto. El vivir  en la Luz y el haber elegido siempre las buenas obras, las que me llevan al amor y me alejan del odio y del pecado, las que me llevan a la obediencia, pues le habían llevado a desear a Dios. Conocía a Dios por eso le deseaba tanto, por eso para él la muerte era una alegría, no había nada más importante para él que el poder estar con Dios, unido a Dios. El conocimiento y la unión de Dios, la visión de Dios, era lo más importante. Porque así había vivido toda la vida, porque así había caminado durante toda la vida y por tener al Espíritu Santo dentro. Por tener la Luz dentro de sí pudo reconocer en un simple bebé, en un simple niño sujeto por la madre y acompañada por el supuesto padre, pudo reconocer ahí al Mesías, al Salvador. Y los bendijo en nombre de Dios y les iluminó sobre lo que sería su futuro. Porque la Virgen María y San José también caminaban en la Luz. Y por eso Dios ya se encarga de mil maneras, por ejemplo a través de Simeón que estaba lleno del Espíritu Santo, de irles indicando cual es el camino por el que van a vivir, cual es su fin, porque caminan en la Luz. Y el fin de Jesucristo pues… la Pasión y la muerte, como dice Simeón y el fin de la Virgen María acompañar a su Hijo de corazón, en la Pasión y en la muerte, sufrir con Él. Sed capaces de amar hasta el extremo, llegar hasta la plenitud del amor en la entrega total de la vida, También es esa nuestra vocación, acompañar a Cristo en su entrega total, vivir como vivió Él, decía San Juan, amar como amó Él. Dios no nos engaña, nos lo dice a los que estamos en la Luz ¿Cuál es el camino hacia donde Yo te estoy llevando? Pues, hacia la plenitud del amor que pasa por la Crus, pasa por el sufrimiento, por la entrega, por la negación de uno mismo. Y seremos capaces de decir que sí a esto si en las pequeñas cruces, en las pequeñas negaciones de sí mismo, de cada día, en las cosas pequeñas de cada día, somos capaces de elegir siempre la Luz, de elegir siempre el amor. El Espíritu Santo nos ayudará, el Espíritu Santo habitará en nosotros y nos irá conduciendo y nos conducirá hacia la plenitud del amor, para después llevarnos al cielo llenos de Luz de Gloria, deméritos, de honores y de alegrías.

 

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