Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

1Juan 2,18-21

 

Estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis

Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es el momento final. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis. Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.

Salmo responsorial: 95

 

Alégrese el cielo, goce la tierra.

Cantad al Señor un cántico nuevo, / cantad al Señor, toda la tierra; / cantad al Señor, bendecid su nombre, / proclamad día tras día su victoria. R.

Alégrese el cielo, goce la tierra, / retumbe el mar y cuanto lo llena; / vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, / aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor, que ya llega, / ya llega a regir la tierra: / regirá el orbe con justicia / y los pueblos con fidelidad. R.

 

Juan 1,1-18

 

La Palabra se hizo carne

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

OCTAVA DE NAVIDAD 31 DE DICIEMBRE 2010

 

Me vengo aquí porque en la… yo siempre os digo que estéis atentos a la Oración Colecta. Porque en la Oración Colecta, que es la oración primera es donde se, es como donde se anticipa, se plantea un poco lo que nos van a decir las lecturas y donde se esconde también, si uno sabe mirar, la Gracia que el Señor quiere regalarnos si entramos en dialogo con Él.

Fijaos lo que dice: “Dios Todopoderoso y Eterno, fijaos como la Iglesia se dirige a Dios, como el Todopoderoso y el Eterno. Nadie puede tener estos calificativos en la tierra. Solo Él es el Todopoderoso y el Eterno. Que has establecido el principio y la plenitud, el principio y la llanura la rotura, de toda Religión, aquí conocéis muchas, de toda religión en el nacimiento de Tú Hijo Jesucristo. Una cosa hemos perdido, una cosa hemos perdido los cristianos. Se nos ha pegado en este mundo. Yo os lo aventuré y os lo dije el Domingo pasado. Hablando de a ver, mirar, como hemos respondido a esta Palabra que se ha hecho carne y lo veíamos en el Niño. Y hemos respondido de muchas maneras, pero los hombres son siempre los mismos. Yo os decía: ¿Os acordáis de Pilatos, cuando le hablaba a Jesús y al final le decía… Yo soy la Verdad? El que es de Dios escucha mi voz, el que es de la Verdad escucha mi voz, porque Yo Soy la Verdad. Y Pilatos le decía… ¿Y qué es la verdad? Eso que dijo Pilatos hace dos mil años se sigue diciendo hoy en el mundo, te lo encuentras en muchos sitios, incluso entre muchos cristianos, incluso entre muchos católicos. Todas la Religiones son iguales. Todas hablan adoran al mismo Dios. Eso es una aberración, decid no. Solo hay una fe verdadera y eso o defendió siempre la Iglesia. Y por eso cayó el Imperio Romano. ¿Por qué hubo tantos mártires? Porque no consentían con eso, porque no consentían en decir que todo era igual, que todos rezaban… no. Ellos decían, solo hay un Dios, solo una Religión verdadera y esa es la Religión Cristiana. Y aquí se afirma, aquí la Iglesia lo está diciendo: Tú Dios Todopoderoso y Eterno has establecido el principio y la plenitud de toda Religión en la Encarnación de Jesucristo. Y eso es lo que inicia y completa nuestra fe. Nosotros somos cristianos ¿Qué creemos? lo que se ha dicho en el Evangelio. Habéis oído el Evangelio. Para mí que soy un pobre desgraciado, lo más bonito del Evangelio de San Juan es el Prólogo, donde se nos resume todo el Misterio de Cristo y todo el Misterio de nuestra Fe. Donde se dice de Jesús que era la Palabra Eterna de Dios, o sea, Jesucristo, este Niñito hecho carne, este pobre que necesita del calor de su Madre, de la leche de su Madre y de la protección de su Padre. Este es Eterno desde siempre con Dios. La Palabra era Eterna, existía desde siempre. Dice San Juan: por Ella, por Él, por Jesús, hemos sido creados nosotros. Yo existo por puro amor de Jesús, porque Jesús así lo ha querido, porque pensó en mí y me creó a mí con todos mis defectos y con mis pocas virtudes. La Palabra era Eterna, estaba junto a Dios, por Ella se hizo todo, todo lo que se ha creado y si tú no hubieras amado una cosa no existiría. O sea, que si vivo es porque Él me ama. Y la Palabra era la Luz y en la Palabra estaba la Luz y la Luz se hizo Hombre para iluminarnos a nosotros, para decirnos como vivir, como amar, como caminar. Para decirnos que esto no es definitivo que yo voy hacia el Cielo, que soy del Cielo que no soy del mundo. Y vino a los suyos y los suyos no la quisieron. Y vino a la tiniebla a nuestra oscuridad y no la quisimos. Pero a los que la recibieron les dio una cosa grandísima, que nosotros nos hemos acostumbrado, nos hemos acostumbrado, ya no somos como los niños, que a los niños les dices cualquier cosa. A un niño tú le dices, pues mira tú naciste así y se sienta entre tus piernas y pone los ojos así para escuchar, se sorprende, nosotros ya no. Nos hemos acostumbrado. A los que recibieron la Luz, a los que se dejaron iluminar, a los que acogieron la verdad, le dio un poder. ¿Qué poder les dio? Los hizo Hijos de Dios. Nos hemos acostumbrado, nos hemos olvidado de que nosotros somos Hijos de Dios. Que nosotros podemos llamar Padre a Dios y ningún musulmán llama Padre a Dios. Ningún budista conoce a Dios como Padre. Solo en nuestra Fe. Pues… fijaos lo que dice, has establecido toda piedad, todo movimiento interior del corazón de los hombres en un fundamento, en una cosa ¿Cuál? La Encarnación de Jesús. O sea, que Jesús de María se hizo hombre. Fíjate lo que dice la Iglesia, fíjate lo que le pedimos hoy en la Misa nosotros al Señor: Te suplicamos, porque a Dios no se le puede exigir nada, porque Dios no nos debe nada a nosotros, nosotros se o debemos todo, pero Él a nosotros no nos debe nada por muy piadosos y por mucha penitencia y por mucha oración que hagamos y mucha limosna que demos. No hacemos más que lo que teníamos que hacer y muchas veces mal. Pues le suplicamos nos concedas la gracia de ser contados entre los miembros vivos de su Cuerpo. Nosotros sabemos que esta Palabra que se ha hecho carne y que a nosotros nos ha dado el poder de ser Hijos de Dios, esta Palabra se vive como un cuerpo. O sea, esta Palabra, este Dios que se ha hecho carne me quiere tanto, está tan unido a mí, es tan Emanuel, Dios con nosotros para mí, vive tan cerca de mí como está  mi cabeza del resto de mi cuerpo. O sea, que esta palabra, cualquier dolor que tenga lo vive, cualquier alegría que yo experimente la vive también. O sea, estamos unidos. Es eso que os digo yo y que repito tanto, porque a mí me parece que cuando era pequeño no lo podía olvidar, lo que decía San Pablo de la Cruz: “Cuando nos bautizan quedamos unidos a Cristo más que lo está la piel de la carne”. Pues la Iglesia que tiene esa conciencia, que no se olvida como nosotros de lo que somos y hacia donde caminamos, dice… Te suplicamos, te suplicamos ser contados entre los miembros vivos de Su Cuerpo. ¿Por qué pedirá esto la Iglesia? Pues tenéis la primera lectura, San Juan que escribe una carta a los suyos y les dice: Estamos en el momento final, no los confunde, eh. Algunos que leen e interpretan las cosas mal, os que estmos ya de esa gente me da una pena… porque se pasan el tiempo pensando que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Se aparece la Virgen no se donde y lejos de esperar a que la Iglesia diga si es verdad o mentira… es que dice la Virgen que va a dar una señal… y ya están que nos vamos a morir todos de un día para otro. Y van pasando los años y los años. Y la Iglesia dice, es verdad que estamos en el tiempo final, es verdad. Este es el tiempo final. ¿Cuál es el tiempo final? El que va desde que Jesús se ha Encarnado y se va al Cielo hasta su vuelta. Estamos en los momentos finales ¿Cuánto tiempo cronológico va a durar este tiempo final y que Dios disponga? Nos somos quien para preguntarle, no tenemos ningún derecho a querer saberlo. Pero este es el tiempo final. Y dice San Juan a esos suyos que están en el tiempo final, que somos nosotros que estamos también en este tiempo final esperando que Jesús… Cuidado, cuidado porque va a aparecer… ya ha aparecido el Anticristo les dice a ellos. A ellos les toca un suplemento. Han aparecido muchos ¿Y sabéis de dónde han salido? Les dice San Juan, de entre nosotros, estaban con nosotros pero no eran de los nuestros. Ahí está lo que está pidiendo ¿Por qué no eran de nosotros? O sea, estaban en la comunidad, eran cristianos pero se han convertido en anticristos ¿Por qué? ¿Qué es el Anticristo? El que niega todo lo que es Cristo. Si Cristo es el Hijo de Dios, pues él dirá que Cristo es uno más. Si Cristo es la verdad pues éste vivirá, mentirá tanto como come o como respira. Y le dará lo mismo. Si Cristo es el Amor y ha dicho que hemos de amar a todos empezando por los de cerca y yendo hasta el heroísmo de amar a los enemigos y a quien no soporto, estos dirán que no y dirán… yo solo amo a los que tengo cerca y a los demás no. El Anticristo es aquél  que niega, no que Cristo se halla hecho Hombre y que sea hijo de María y que sea Hijo de Dios, sino que niega todo lo que Cristo ha venido a decir y a enseñar. O sea, que niega la Palabra que Dios nos ha dirigido. Y eso, de esos hay muchos en la Iglesia, aparentemente son de los nuestros pero no tienen nuestro Espíritu, no tienen nuestro Espíritu. Esos son… ¿quiénes? Aquellos lobos con piel de oveja. Son miembros muertos en el Cuerpo de Cristo que no dan vida y terminan cayéndose. Pues esto es lo que Dice San Pablo: estaban con nosotros pero no eran de los nuestros. Y estas cosas pasan. Y esto vosotros lo veis que los hay que están en la Iglesia pero que no comulgan ¿con qué? Con la Palabra que el Señor lleva proclamando dos mil años en la Iglesia. ¿Y quién es el que la proclama? ¿Quién es el que la interpreta? La Iglesia, la Iglesia,  no ellos. Y en la primera lectura se nos advierte: cuidado con esos, vigilad, apartaos de estos. Pero ya no solo eso. Miraos, porque la Palabra, siempre os digo, es una Palabra que Dios nos dirige y que yo he de contestar y que yo he de mirar. Esto Que estas diciendo Señor ¿ Qué soy yo en el Cuerpo Místico de Cristo? ¿Qué soy yo en la Iglesia? ¿Qué soy yo en mi Comunidad? ¿Qué soy yo en mi familia y para mi familia? Uno que aparentemente parece muy bueno, pero después tienen el corazón lleno de qué, de todo aquello que no es Cristo, lleno de mentiras, lleno de pasiones, lleno de juicios, lleno de malas caras, lleno de… ¿Dónde encontráis eso en el Evangelio de Jesús? El que dice, dice San Juan estos días atrás, el que dice que lo conoce debe, una: guardar los mandamientos, dos: vivir como vivió él. ¿qué soy yo en el Cuerpo Místico de Cristo? Y más pronto o más tarde…Yo os lo he contado aquí más de una vez, más de una vez, más de una vez. Aquello que le pasó… hay aquí un andaluz, a lo mejor la conoce a Santa Ángela de la cruz, sevillana, fundó la Compañía de la Cruz, se le llenó, se le llenó de monjas aquello. Y de buenas a primeras, de buenas a primeras un día se le empezaron a ir, a irse, se quedó… yo  no sé si con una docena. Y ella como diríamos hecha polvo. ¿Qué he hecho? ¿Qué habré hecho? ¿Qué habré hecho mal? Eran monjas profesas y con el voto y el hábito y todo y no hacía más que llorar delante del Sagrario. Hasta que oyó a Jesús. Fijaos, es una monja que está incorrupta, si podéis ir un día a Sevilla vais a su casa y la veis. Estuvo más de cincuenta años enterrada en el agua y no se pudrió. Está como nosotros, tiene la carne como nosotros. Pues hasta que oyó al Señor que le dijo… ¿sabes lo que le dijo? Déjalas ir, no has sido tú, he sido Yo, solo tenían de monjas el hábito, déjalas ir. ¿Qué tenemos nosotros de cristianos? Porque la realidad es lo que ha dicho el Evangelio, es lo que nos ha dicho el Prólogo: y a los que la recibieron, a los que la acogieron en lo más profundo del alma, les concedió la gracia de ser Hijos de Dios. Yo soy Hijo de Dios, vivo como un Hijo de Dios. El que dice que conoce a Cristo debe guardar sus Mandamientos y vivir como vivió Él. Fijaos, hoy me he alargado un poco más porque es el último día del año. En esta Eucaristía podemos… primero es una Acción de Gracias la Eucaristía, darle infinitas gracias, infinitas gracias por todas las Gracias recibidas durante todo el Año. La salud a los que no la teníamos, la compañía de los que estábamos solos, darle un montón, pero darle gracias por una y la más importante que es y que se nos recuerda, porque nos ha hecho Hijos de Dios. O sea, somos Hijos de Dios. San Juan lo dirá: Mirad que amor tan grande nos ha tenido el Padre para llamarnos Hijos de Dios y el dice, y además entre admiración ¡Pues lo somos! No solo soy hijo de un gallego y de una vasca, soy Hijo de Dios. Pues esta Misa es para darle gracias por todas las Gracias recibidas y sobre todo por esta. Esta Misa es para pedirle que me guarde y que me cuente entre los suyos, que me, que me conceda la gracia de su Espíritu Santo para que yo no me muera, para que yo no sea un miembro muerto que ha de caer. O sea, que para que el Espíritu Santo me conceda siempre la Gracia de vivir en la Luz y en la Verdad. Y que esta Eucaristía sea como al principio para pedir perdón, para pedir perdón. Nunca pedimos perdón suficientemente a Dios porque nuestros pecados son muchos. ¿Sabéis una cosa que yo también le pido a Dios? Os lo digo por si os vale, a mí me vale muchísimo. Siempre, siempre, en todas las novenas, en todas las cosas, siempre le pido al Señor, desde hace años, que lo aprendí de una monja, de una monja de clausura, siempre le pido: Un dolor muy grande, un dolor muy grande, de todos mis pecados en esta vida. Un amor muy grande para repararlos todos antes de salir de este mundo y el don del Espíritu Santo para entender y así mejor amar y servir. Pues podemos pedirle eso al Señor, un dolor muy grande y un amor muy grande, Venga ánimo.

 

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