Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

1Juan 4,7-10

 

Dios es amor

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.

Salmo responsorial: 71

 

Que todos los pueblos de la tierra se postren ante ti, Señor.

Dios mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes, / para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud. R.

Que los montes traigan paz, / y los collados justicia; / que él defienda a los humildes del pueblo, / socorra a los hijos del pobre. R.

Que en sus días florezca la justicia / y la paz hasta que falte la luna; / que domine de mar a mar, / del Gran Río al confín de la tierra. R.

 

Marcos 6,34-44

 

Jesús se revela como profeta en la multiplicación de los panes

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: "Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer." Él les replicó: "Dadles vosotros de comer." Ellos le preguntaron: "¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?" Él les dijo: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver." Cuando lo averiguaron le dijeron: "Cinco, y dos peces."

Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

MARTES II DE NAVIDAD 4/01/11

 

Atendiendo a las lecturas  San Juan, y atendiendo a la carta de San Juan, a la Primera carta del Apóstol San Juan. Hoy no son los criterios, además con rotundidad. Que nadie os engañe, que nadie os engañe, ni nadie de fuera ni uno en sí mismo. Porque muchas veces lo que ocurre con nosotros, con las personas y con los cristianos que en este camino, en este proceso interior, en la vida espiritual, no tenemos enemigos más que nosotros mismos, mayores que nosotros mismos. El peor enemigo muchas veces somos nosotros, para nosotros mismos. Que nadie os engañe y él nos da unos criterios claros, clarísimos, para distinguir entre los Hijos de Dios, los que son realmente Hijos de Dios y los que no lo son. Y eso para distinguir echando una mirada... el mismo que nos dice que no juzguéis, por boca de san Juan, nos dice que no seamos tontos, que distingamos. Que distingamos entre la gente con la que convivimos, con la que nos rodea y llamamos nosotros “gente de Iglesia”, todos los que estamos aquí y también que nos situemos nosotros, también que nos coloquemos nosotros, que nos conozcamos nosotros mismos también. Porque a veces ocurre los que decía Jesús, no, que colamos el mosquito ¿y lo demás? Y nos tragamos nosotros mismos el camello. Y por ahí no se puede andar. Además esto que nos dice, este criterio que nos da nos lo dice en el contexto, primero en lo de ayer. Acordaos, todo es continuación, es que hay que ir teniendo, relacionando ahí en la cabeza las lecturas y leerlas en casa. Ayer nos lo decía: “Sois Hijos de Dios”. Mirad el amor que Dios nos ha tenido, por amor, por pura Gracia de Dios sois Hijos de Dios. Y además decía entre admiración ¡Lo somos!. Somos Hijos de Dios. Pero es que, un poquito antes si lo habéis leído, nos decía a nosotros, a los que somos Hijos de Dios que tuviésemos cuidado, que se había levantado, que estamos en los momentos finales, que se había levantado el Anticristo. Es decir, hay muchos, no es una sola persona, un ser personal, hay muchos y han surgido de entre nosotros. Parecían que eran de los nuestros, pero eran de esos de los que habla el Señor: Lobos con piel de oveja o como yo os decía de Santa Ángela de la Cruz: De monjas solo tenían el hábito. Porque el corazón estaba muy lejos de ser de cristo. Pues para que nosotros distingamos, nos deja un criterio  clarísimo y que todo el mundo entiende: El que comete pecado, el que se entrega  al pecado, ese no es Hijo de Dios. Ese es hijo del diablo, que ha pecado desde el principio. Uno que ha aceptado a cristo, que Cristo se ha manifestado para deshacer las obras del diablo, o sea, para deshacer los nudos que el pecado ha hecho en la historia de la humanidad, en nuestra historia personal, uno que es de cristo no peca. Así de sencillo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado ¿Por qué? porque cristo permanece en el y no puede pecar. Y termina diciendo: en esto se reconocen los Hijos de Dios y los hijos del diablo, todo el que no obra la Justicia no es de Dios y tampoco el que no ama a su hermano. Todavía como que te lo concreta más, porque nosotros a veces nos perdemos... hay personas que se pasan toda la vida con una debilidad manifiesta, en un tema concreto, un pecado, objetivamente un pecado y Dios permite que caminen así toda la vida, porque los quiere humildes. Pero esas personas se centran nada más que en eso y olvidan lo más fundamental, sin lo que no se entra de verdad en el Cielo y es la caridad. O sea, que tened un criterio, los que pecan esos no son Hijos de Dios. Es más, para que no os llaméis a engaño, el que no obra la Justicia. Y la Justicia con qué la compara, con qué la identifica... con el amor fraterno, con el amor al prójimo. Lo de siempre, por eso Él dirá: mirad que no os doy un mandamiento nuevo, el de siempre el que habéis conocido desde siempre, el que no ama a su hermano ese no es Hijo de Dios. Es más, ya no es que no siga a Dios, es una cosa todavía peor, para mí peor, ese no ha conocido a Cristo, ese no ha conocido a Cristo. Toda aquella persona... además primero eso tengo que mirarlo yo dentro de mí. Primero yo puedo tener un pecado, yo que sé, cualquiera, entrad dentro de vosotros porque estas cosas... Ayer yo leía de un cura que se ha muerto hace poco y decía: hay que concretar las cosas, hay que bajarlas a nuestras vidas y ponerlas nombre, si no, no conoceremos a Dios. Cada uno sabe del pie que cojea y cada uno sabe, como decía San José María Escriba de Balaguer, el defecto que domina en uno. Bueno pues uno tiene un pecado de estos y... ponerle nombre y a lo mejor no puede con eso y la única lucha contra el pecado es estar continuamente confesándose. Pero si uno, pudiendo, no saluda a su hermano, se deja llevar por la envidia, o sea, falta a todo aquello que está escrito, lo que es el amor, el Amor no es grosero, el Amor no lleva cuentas, el Amor no es envidioso, el Amor no es presumido, el Amor no es chismoso. Si tu te encuentra que en los más profundo del corazón, ni te libras ni te quieres librar y vives continuamente hablando mal, solo ves el mal en los demás, nunca sale de ti una palabra para alabar, para bendecir a tu hermano, porque parece que no eres feliz si no ves los defectos de los demás, si eres un grosero, ya no digo con malas palabras, pero no eres capaz de olvidar una ofensa, no eres capaz de saludar, devuelves... vives instalado todavía en el Antiguo Testamento, “ojo por ojo y diente por diente”, tú me has roto un diente yo también te voy a romper uno a ti cuando llegue el momento. Si vives así, tú no has conocido el amor de Cristo, ni has acogido a cristo, por mucho hábito que lleves, por mucho cleridman que te pongas o por muchas Misas como vosotros escucháis todos los días. Tú no has conocido el amor de Cristo y como no has conocido el amor de Cristo, todavía estás instalado en la injusticia, no eres de Dios. Como no le has acogido Él no ha podido hacer contigo aquello a lo que ha venido a hacer, librarte de las obras de Satanás y hacerte hijo de Dios. Mirad bien esas cosas, atended bien a esas cosas, porque el que dice esto es el mismo que decía anteriormente, al principio San Juan dice: todos somos pecadores, no llaméis a Dios mentiroso, todos hemos pecado. Y decía, reconocedlo porque eso es lo que os salva: “Un corazón quebrantado y humillado Tú no lo desprecias”. Pues hay faltas, hay pecados, que están al alcance de nuestra voluntad, querer hacerlos o no querer hacerlos. Hay otros que no y están todos ahí y necesitamos como un milagro, que Dios nos libre de ellos. Pues pedirlo, cogerlo, que Dios si nos conviene nos librará de todas esas cosas. Pero esto tenedlo bien en cuenta, tened también en cuenta esto que os digo que hay personas que viven con un pecado ahí, con una herida ahí que no es capaz de superarla por más que lo intenta y llora y se confiesa. Vivir sin angustias que Dios es Misericordioso y Dios saca Hijos de Abrahán de las piedras, de los corazones más duros. Tened en cuenta una cosa, cuando una persona se encuentra con esas faltas y las llora y las rechaza en lo más profundo de su corazón, tiene que tener en cuenta que la Luz de Dios ya está ahí. La Luz de Dios está ahí. Le está mostrando pues, como decía Santa Teresita, que su vaso tiene agua pero todavía no está lleno, pero ya lo está viendo, ha de rogar al Señor que lo libre de todo lo que no sea Él. Vivir con esa tranquilidad y esperad que llegue la plenitud de los tiempos en la vida interior de cada uno y que Cristo se manifieste. Y cuando cristo se manifieste realmente, entonces uno se verá libre de todas esas cosas, de todos los pecados. Uno conocerá de verdad a cristo y no le quedan más ganas de poseer, de tener otra cosa que no sea Cristo. Y todo aquello que le aparta y le aleja del conocimiento y del amor a Cristo lo detesta y no lo quiere y eso es el pecado. Pero tened en cuenta esto que yo os digo, que nosotros no estamos todavía en esas cumbres de la contemplación y la unión mística, ninguno de los que estamos aquí, nosotros estamos con los pies muy en el suelo, que andamos muy arrastras, que nos pesa demasiado la carne. El criterio es el Amor Fraterno y entre nosotros se dan las envidias, los rencores, las antipatías, me la has hecho... me la pagas. El hablar continuamente mal, nunca se habla bien del que tienes al lado, del prójimo. Eso no es de Dios, eso es del Diablo. Cuando uno en su vida ha aparecido la plenitud de los tiempos, o sea, ha aparecido Jesucristo ¿A qué se dedica? Lo que hacía el bautista, uno tiene los ojos de vidente, tiene ojos pues, como los tenía Simeón, como los tenía Ana y ven a Cristo pasar y en cuanto lo ven lo señalan. ¿Por qué os digo esto? Porque hay un encargo de Jesús. Vosotros sois la sal de la tierra y la Luz del mundo. Pero eso no lo sois vosotros para ser más salados que nadie y estar más iluminados y tener que poneros un trapo como tenía que ponérselo Moisés, no, sois la sal para vuestros hermanos y la luz para iluminar a vuestros hermanos. Sal  y Luz ¿Para qué? para hacer lo que hizo el Bautista, para señalar a cristo cuando pasa, porque Cristo está pasando todos los días delante de nosotros de una y mil maneras. Y solo el que tiene ojos o que ve con los ojos del Espíritu Santo es capaz de señalarlo y entonces ¿Qué pasa? que lo señalas y qué, que tienes o no tienes sal. Este es el Cordero de Dios. Y ahí estaban San Juan y San Andrés y se fueron detrás de Jesús. Y estos fueron, se encontraron con Jesús y no fueron capaces de olvidar la hora en la que lo encontraron, porque así te lo ponen. Es la única vez que en el Evangelio te dan una hora concreta, porque ni la hora de la muerte de Jesús te la dicen, si fue a las dos o fue a las nueve, te dicen: a la hora sexta, a la hora nona. Ellos te dicen a las cuatro de la tarde. Y estuvieron con Él y le oímos hablar. Quedaron contentos, quedo San Andrés tan impactado que se fue corriendo a buscar a su hermano. El también se convirtió en sal y en luz. El también se convirtió en un Juan el Bautista y se lo señaló a San Pedro. Ahora si seguimos instalados en nuestros caprichos, en nuestros gustos, en nuestros razonamientos, en nuestros pecados, no somos Hijos de Dios, somos aún del Diablo. Estamos todavía instalados, ya no digo en el Antiguo Testamento, antes de los Patriarcas, mucho antes de todos ellos. Y somos miembros en el Cuerpo de Cristo, estamos muertos, somos inútiles, no producimos nada, porque los frutos que nosotros tenemos que dar, que dan gloria a Dios, es eso, ser para los demás un Juan el Bautista, ser para los demás Luz y Sal. Pero eso no lo podemos ser jamás si yo no conozco el amor de Cristo. Como han hecho los Santos, como han hecho todos los Santos. Pues pensad un poco esto, Palabra de Dios, palabra seria que es lo único que hay que atender. No hay que atender si el Cura habla bien o habla mal, si está triste o está contento, si hace frío aquí o no hace frío, si se pone una casulla o se pone otra. A lo que hay que atender es a lo que salva, a lo que nos da la vida y esto es la Palabra de Dios que siempre va a lo importante, todo lo demás no sirve para nada. Pues pensad un poco esto, el que ama al prójimo ese es un Hijo de Dios, ese no peca. Venga ánimo.

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