Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

Génesis 2,7-9; 3,1-7

 

Creación y pecado de los primeros padres

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: "¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?" La mujer respondió a la serpiente: "Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."" La serpiente replicó a la mujer: "No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal."

La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó el fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

 

Salmo responsorial: 50

 

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa, / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa, / tengo siempre presente mi pecado: / contra ti, contra ti solo pequé, / cometí la maldad que aborreces. R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, / renuévame por dentro con espíritu firme; / no me arrojes lejos de tu rostro, / no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, / afiánzame con espíritu generoso. / Señor, me abrirás los labios, / y mi boca proclamará tu alabanza. R.

 

Romanos 5,12-19

 

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por que todos pecaron.

[Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.]

Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convertieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

 

Mateo 4,1-11

 

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes." Pero él le contestó, diciendo: "Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.""

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."" Jesús le dijo: "También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios.""

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: "Todo esto te daré, si te postras y me adoras." Entonces le dijo Jesús: "Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.""

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

DOMINGO 1º DE CUARESMA

 

Hermanos sentaos un poquito. Mirad, pensaba yo desde ayer, esta mañana también rezando un poco… vosotros qué diríais, la Misa hay que participar… ya sabéis activamente, pues activamente lo hacemos, vosotros qué diríais de un enfermo de cáncer al que le diagnostican que tiene un cáncer o que tiene todos los síntomas y que no ha padecido y lo sabe y no quiere ir al médico? La razón dice: estas loco perdido, estas cavando tu propia tumba porque cuanto antes lo miren y antes te pongan tratamiento, ahora el cáncer se cura. ¿qué diríais si accede a ir al médico, que tiene el cáncer y le dicen que el tratamiento… ya sabéis lo de siempre, la quimioterapia, la radio, esta cosas? Y le dice a la mujer que va y no va a por los tratamientos. Va al hospital pero nunca entra. Qué diríais de una persona así. Esta mal, esta mal, que se va a morir, busca la muerte, que no hace caso, no es razonable su actitud, que… Una cosa así, salvando las distancias, la pobreza de mis ejemplos son las palabras de hoy del Señor. El Señor viene a decirnos que somos creados a su imagen y semejanza, somos cuerpo y alma y esto es de fe. Y el Señor nos deja constancia de que todos, excepción hecha de Ella que ya reina gloriosa en el Cielo, todos estamos enfermos y de gravedad. Cogéis la primera lectura, para que nadie se llame a equívoco y te plantan hoy contemplar el Génesis. Y Dios creó al hombre, somos hechura de las manos de Dios. Yo nos soy solo el fruto del amor de mi padre y de mi madre, soy hechura del pensamiento amoroso y de la actividad creadora de Dios. Dios pensó en mí, me amó y me creó, tal cual soy. Con mis pecados no, pero tal cual soy, bajito, tal, tal, tal. O sea, soy hechura de las manos de Dios. Dice la Escritura que creó al hombre y luego a Eva y los creó en condiciones óptimas bien. Y solo les puso una condición, fijaos, ahora que estamos en el tiempo de Cuaresma. Solo les dijo que tenían que hacer una cosa: podéis hacer lo que queráis, solo quiero que ayunéis, que no comáis de ese árbol. Veis, el no comer, el Miércoles de Ceniza que había que ayunar, el Viernes Santo también, el ayuno está desde siempre en la Escritura. Quiero que ayunéis que no comáis de ese árbol y ellos no comían de ese árbol. ¿hasta cuando? Hasta que apareció por allí la más astuta de las serpientes, el más astuto de los seres creados. Y entra en dialogo con la mujer, con la hembra, que no con el varón. Y la convence a ella, excita en ella el qué, la curiosidad, el saber, la inteligencia. ¿Y cómo lo hace? Por la mentira, con la mentira. Entra en dialogo con ella y ¿cómo Dios ha dicho que no podéis comer de los árboles. No, no, no es verdad, no es verdad, estas equivocado, podemos comer… solo ha dicho que ayunemos de ese árbol, que de ese árbol no comamos, porque en cuanto comamos moriremos. Eso no es verdad, Él sabe que cuando comáis seréis como Él y eso no lo quiere. Me ofrece el conocimiento, el saber y la mujer se ha dejado llevar por un pecado… permitidme que os hable así, que somos familia, somos familia, que nos conocemos todos. Las mujeres sois mucho más curiosas que los hombres, curioseáis más, os gusta saber de las vidas de unos y de otros, nosotros no. Bueno, hay algún hombre chismoso pero no es lo más. Pues ella quiso curiosear que quiso saber más, que quiso conocer que era eso, el ser como Dios, allá va, comió… Nosotros los hombres somos más pobres, yo siempre os lo he dicho: Dios, la Virgen, los Santos, las mujeres y abajo del todo los pobres hombres. Nosotros ya ni por curiosidad, sino que ya sabéis que el primer canto de amor que recoge la historia es el de Adán. Adán estaba triste porque todos tenían compañera menos él. Dios de su costilla, o sea, crea, Dios hace una criatura igual que él, la misma… y él se enamora, esta si que es la compañera, esta si que es carne de mi carne y huesos de mis huesos. Adán estaba enamorado de su mujer. Y ella le viene con el cuento y por no desairarla, por no contrariarla, por no entristecerla… ofende a Dios. De esos hombres hay así… olvidan… y hombres que vienen a Misa, olvidan lo que Jesús dijo: “El que ama a su padre, a su madre, a su esposa, a su esposo, a su hijo más que a Mí, no es digno de Mí”. De esos hombres hay así. Prefieren tener contenta a la mujer antes que tener contento a Dios. Y qué es lo que ocurre, se dejan llevar del mentiroso, que miente desde el principio y se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de qué, de que estaban desnudos, de que tenían frío, de que tenían miedo, que las cosas no eran como les habían dicho, que lejos de saber y de ser como Dios habían descubierto de que eran de una fragilidad y de una pobreza y de una indigencia y de una debilidad pasmosa. Y así se quedaron para siempre y esa es nuestra herencia. ¿Qué es lo que está haciendo Dios en esta Lectura? ¿Qué es lo que Dios nos está diciendo después de tantos años en los que venimos a Misa? Una, tenemos el pecado… meteos esto en la cabeza, que yo siempre… que yo sé que algunos me escuchan y dicen: qué exagerado es este cura o yo no tengo tantos pecados. Te remito al Juicio de Dios. Salgamos de este mundo y que nos veamos todos… Él está tratando de decir: bueno, los que venimos a Misa y hemos empezado la Cuaresma es que tenemos el pecado metido en las entrañas. ¡Todos! Desde pequeñitos. Todos estamos enfermos del pecado y es la Concupiscencia. Todos pecamos. Y nos olvidamos de una cosa y es que el pecado nos impide ver a Dios, escuchar a Dios, hacer la voluntad de Dios. Estamos, nos dice Dios, estáis más inclinados al pecado que a Mí. Y esto es de fe, esto no lo dice este cura desde aquí con más o menos pasión, que os guste más o que os guste menos. Eso es lo que la Iglesia llama la Concupiscencia. Es verdad, aquí no hay ningún terrorista, aquí no hay ningún asesino. A lo mejor hay alguna que ha abortado que es un pecado terrible. Es verdad que los pecados nuestros no… Todos pecamos. Unos con pecados más grandes y otros con pecados más pequeños. Y Dios dice, Dios nos dice que, todos, ¡Todos! Por eso dice… de verdad yo no lo entiendo, bueno si lo entiendo, yo no tengo pecados, no robo, no mato, y yo le podría decir: mira te falta el trato con el Amor de Dios. Porque cuando uno más reza de verdad, reza desde su corazón y su corazón se comunica con el corazón de Cristo. Cuanto uno más se acerca a Dios más pobre se ve, tiene más luz. Si es que nosotros desde que Adán y Eva cometieron ese pecado nos han dejado ciegos, sordos, mudos, para ver todo lo que tiene que ver con Dios. Para todo lo que tiene que ver con Dios. No vemos el pecado, no vemos donde está Dios, no oímos a Dios. Pero cuanto uno más se acerca a Cristo más luz tiene. Y resulta que… pues anda yo no sabía que esto era pecado. Pues sí. Uno se descubre con tentaciones a veces terrible, que no se atreve ni decírselas a su mujer o al marido, pero las dice en el confesionario. El cura el pobre pues no se asusta. Es que es así, el corazón del hombre está enfermo, o sea, llevamos el pecado metido en las entrañas. No es más fácil… estamos más inclinados al pecado que a Dios. Y esto es así. Y fijaos si la Iglesia es Santa y bastante más humilde que todos nosotros que canta el Salmo 50. El Salmo 50 que lo han cantado y por cierto muy bien, es una canción que hizo el Rey David des pues de qué, de que miró, de levantó después de la siesta, miro por la ventana, vio una mujer desnuda, hermosa, le gustó, adulteró con ella en el corazón, la llamó, se acostó con ella de verdad, mató al marido y se quedó con ella. Y cuando David reconoció su pecado hizo esta canción que ya veis como termina: Señor si te ofreciera un holocausto, si te ofreciera sacrificios no los querrías, pero yo sé, dice David, que te conozco, que un corazón quebrantado, un corazón roto porque ha pecado y humillado delante de Ti reconociéndome pecador, Tú un corazón así Tú no lo desprecias. O sea, que hoy la Iglesia, no, Dios en su Iglesia nos dice que hagamos un acto de humildad, que entremos dentro de nosotros mismos y que os gusten más o menos mis palabras, que reconozcamos todos hombres y mujeres, más jóvenes o más viejos que tenemos pecados que somos pecadores. En la segunda lectura… podría enlazar con el Evangelio, en la segunda lectura así lleváis también cronológicamente las cosas, pues San Pablo dice una cosa, muy enredada ahí, pero que viene a decir esto: Por culpa de uno que fue Adán, nuestro padre Adán, entró el pecado en el mundo. Nos infectó a todos, nos… desobedeció y en él nos dejó su herencia. Todos desobedecemos. Pero dice también: pero ahora llegada la plenitud de los tiempos, tan grande ha sido el Amor de Dios que os ha enviado a su Hijo, a Jesús, a librarnos de esa incapacidad que tenemos para hacer las cosas bien. O sea, por la gracia de uno… si por uno entró el pecado por uno, por Jesús, ha entrado la salvación. O sea, San Pablo viene a decirnos, la Iglesia nos lo recuerda a todos los que estamos aquí y yo creo que a estas alturas habremos hecho todos un acto de humildad diciendo: soy un pecador, tiene razón este cura, tiene razón la Palabra de Dios, soy un pecador. Pues dice la Iglesia: en Jesús y por Jesús y para Jesús nosotros hemos sido sanados, salvados. Yo puedo dejar de pecar, puedo dejar de curiosear, puedo dejar de amar a mi mujer más que a Dios, porque es cierto que tengo que amar a mi mujer por encima de todo, pero nunca por encima de Dios. Puedo dejar de seguir engañando a mi mujer que algunos lo hacen; puedo de dejar de seguir robando que algunos lo hacen; puedo de dejar de seguir mintiendo piadosamente para conseguir una cosa buena, no. Habéis oído en el Evangelio, habéis oído en el Evangelio, le dice el Diablo a Jesús al final: mira yo se que vienes a redimir al mundo a salvar al mundo, todo te lo doy porque todo es mío, solo tienes que hacer una cosa ponte de rodillas y adórame. Jesús dice, no puedo hacer eso porque está escrito, que solo a Dios adorarás. Jesús podría haber pensado si hubiera sido como nosotros, bueno es que esto… aquí nadie se va a enterar. Pero si es un momentito de rodillas, sería como una cosa mala piadosa. Ni eso, ni eso. De una mentira piadosa por muy piadosa que sea nunca se sigue el bien que pretendéis, nunca. El bien solo se sigue y se consigue de hacer la voluntad de Dios que es lo que el Señor nos enseña en el Evangelio. Y en el Evangelio, cogéis el Evangelio, lo miráis como hago yo y como lo hacen las monjas, lo leéis, rezáis cunado lo leáis, le pedís al Espíritu Santo que habita en vosotros que os lo ilustre, que os lo ilumine, que os diga lo que quiere deciros a cada uno en la vida y encontráis a Jesús que se bautiza y fue llevado por el Espíritu Santo al desierto, aquí a ser tentado. Llevado por el Espíritu Santo. Y yo que a veces os lo enseño aquí y ya sabéis vosotros que sois listos, quien es el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santísima Trinidad. O sea, un solo Dios y tres Personas distintas, la tercera es el Espíritu Santo. Pero en concreto Padre Julio, quién es, pues mira. El Padre es el Padre y ama mucho al Hijo y el Hijo es el Hijo y ama muchísimo al Padre, pues ese amor que sale del Hijo para responder al amor del Padre para hacer feliz al Hijo, ese Amor es el Espíritu Santo. O sea, que el Espíritu Santo es el Amor. Pues dice la Escritura, el Evangelio, que el Espíritu Santo es el Amor. Si hacemos caso a lo que enseña la Iglesia, que el Amor llevó a Jesús al desierto para ser tentado. Pero claro, el Amor hay que concretarlo y ponerlo en el suelo. El Amor a qué o a quién, el Amor a Dios y el Amor a nosotros. A su Madre, que Él se acordará de Ella, a San José que se acababa de morir, a San Juan Bautista que acababan de cortarle la cabeza, a Petri que es la cocinera de los curas, a la Madre Abadesa que el otro día cumplió ochenta y cuatro años, a Dori que está allí y que viene todos los Domingos. El Amor a Dios y a cada uno de nosotros en particular fue lo que a Él le llevó al desierto. A qué, a ser tentado hermanos, no fue de vacaciones a un balneario, fue a pelear con el diablo, con el mentiroso desde el principio. Y en sus tres tentaciones… claro te lo ponen ahí muy cortito, pero vosotros sabéis y tenéis experiencia de que Jesús pasó lo mismo que nosotros, que la tentación no es un ratito, la tentación insiste e insiste y te enreda una cosa con la otra y te mete la verdad como mentira: “si eres Hijo de Dios para qué vas a pasar hambre, para qué vas a sufrir. Al cabo de cuarenta días, cuarenta días que querían reparar todo el mal y todo lo que murmuraron los Judíos los cuarenta años que estuvieron en el desierto, de Dios que los sacó de la esclavitud. Cuarenta días que querían reparar, los cuarenta días que estuvo lloviendo y que el Diluvio como el tsunami este se llevó por delante tanta gente. Pues, ¿Para qué vas a pasar hambre? Además Tú eres el Hijo de Dios, tienes un don muy grande. Si eres Hijo de Dios puedes transformarlo todo. Aprovéchate. Es la tentación del tener. Yo tengo… ¿Qué es lo que tienes? Mira a ver qué es lo que tienes. A lo mejor resulta que tienes mucho dinero o a lo mejor resulta que tienes mucha inteligencia o a lo mejor resulta que eres muy guapa o muy guapo. Pero es que según nuestra fe, según lo que nos ha enseñado Jesús, los dones que Dios nos ha dado no son nunca para nosotros, acordaos de esto, son para servir a los demás. Si a lo mejor resulta de que eres una mujer muy guapa, muy guapa ¿y qué haces con tú belleza? Pues alegrar la vida a mi marido, y me arreglo y me pongo guapa para mi marido y no para los demás. Eso es lícito que una mujer ande arreglada y no por ser cristiana que tenga que ir con una falda hasta los pies y tapada hasta aquí. No. Si eres el Hijo de Dios, di a estas piedras… no, no, no. Porque está escrito: “No solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Claro, el Diablo es… es bastante más… como se dice, bastante más pesado para hacernos daño que nosotros constantes para tratar de buscar lo bueno. Y el Diablo es listo y ya veis lo que dice el Libro del Génesis: la más astuta de todas las criaturas, el más listo de todos los seres creados es Satanás. Bien, pero mira, también está escrito, se lo llevó a lo más alto del Templo, otra tentación: “tirate desde aquí hasta abajo, si te ven ahora los Judíos bajar así y los Ángeles te llevan cogido por las axilas y bajas se te van a postrar todos delante, porque está escrito que Dios no permitirá que tus pies tropiecen en la piedra y mandará a sus Ángeles para que Tú no caigas. Os cuento una cosa que es cierta, tan cierto como que me llamo Julio y estoy calvo. Una vez le decía yo a un señor que tenía una amante, casado y con hijos, no te es lícito, estás faltando gravemente a Dios, faltas a tú mujer, faltas a tus hijos, faltas… y está escrito “no cometerás adulterio”. Ya Padre Julio, pero es que también… y además yo le decía, esa mujer es tú enemigo. Esa mujer aparece en tú vida para qué. Para destruir lo más divino que hay en tú vida que es tú sacramento, es tú esposa y tus hijos. Ya, si, Padre Julio, pero es que también está escrito que amarás a tus enemigos y si ella es mi enemigo la tengo que amar. Reíd, reíd, a qué es de risa, eso es satánico y eso es tan cierto como que me llamo Julio y así, así de veces, para que veáis lo listo que es. Hay veces que es lo que hacemos nosotros, tentamos mucho a Dios. A veces creemos, fijaos, Sócrates, sabéis quién es Sócrates, es un filósofo anterior a Platón, Aristóteles y todos esos que alcanzó casi a nuestro Dios, al Yahvé de los Hebreos, a nuestro Dios, pero a él le faltó la Revelación de Cristo ¿sabéis lo que decía? Pero él adoraba a un único dios,  al final murió, lo mataron le dieron la cicuta ¿Sabéis lo que él decía? Decía y son palabras de él que no me las invento yo: a veces tratamos a Dios como si Dios fuera un perro, si, le damos… a quien los que tenéis perro lo sabéis, le damos una chuchería para que el perro salte y hacer con él lo que queramos. Tentamos a Dios a veces creemos que por un poquito de penitencia… bueno pues el Miércoles ayuno y no se qué, tal. Dios está a mi disposición, yo ya puedo hacer con Él lo que quiera. Jesús le dijo, está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”. Claro, cuando tú te enfrentas al Diablo, te enfrentas a él con la Escritura, te enfrentas a tus tentaciones que son bastantes más largas que un ratito aquí de homilía, pues al final él se descubre, pues como le pasa con Jesús, al final se descubre. Dice, mira, yo sé a lo que has venido, has venido a salvarlos, te lo daré todo, todos los placeres del mundo. Ahí le está ofreciendo… al principio el dinero y el no sufrir, abajo el poder, el tener a todo el mundo a sus pies desviarlo de su vocación. Todos los placeres ¿para qué vas a sufrir? ¿para qué te va a subir a la cruz? ¿para qué te vas a pasar treinta y tres años de tú vida sin una mujer, con lo bien que se duerme con una mujer, que para eso el hombre ha nacido para estar con una mujer? Basta con que hagas una cosa tan tonta como el ponerte un momento de rodillas y adorarme. Y yo te lo doy todo porque todo es mío me lo han entregado. Está escrito: Apártate  ya Satanás, lárgate de aquí, porque está escrito: Solo al Señor adorarás. ¿Cuántas veces queréis hacer una cosa buena? ¿Cuántas veces, perdón, queremos hacer una cosa buena y creemos que para conseguirla…? Porque el Diablo nos lo susurra uno cree que es la conciencia o me lo dice mi madre que me quiere mucho o me lo dice un cura un poco que no tiene las cosas claras, dice, bueno pues haz eso. Nunca se sigue el bien de un principio malo, nunca. Y estas son las tentaciones, de esas tentaciones yo estaría aquí hablando mucho más. Son las nuestras y Él por amor a nosotros, llevado por el Espíritu del Amor fue a vencerlas ¿para qué? Para conseguirnos a nosotros la victoria. O sea, que es lo que yo os decía al principio. Yo puedo vencer las tentaciones, puedo, porque Él lo ha hecho por mí y si tengo la desgracia porque soy extremadamente débil de caer, me acerco a Él. ¿Por qué que es lo que hay que hacer en la Cuaresma? ¿Rezar más, ayunar más? Hay que hacer todas estas cosillas. Pero lo importante es vivir cerca de Él. Estar cerca de Jesús,. Y nosotros que no lo vemos como lo vieron los Apóstoles, como lo vio su Madre ¿cuándo estamos cerca de Él? Hermanos mirad, en los Sacramentos, en la Misa, en la Confesión. Estamos cerca de Él cuando rezamos. Hay que acercarse, buscarlo donde esté y cerca de Él, el Diablo no tiene que hacer nada y se va. Y entonces es cuando nosotros, si reconocemos nuestra enfermedad, vamos al médico, nos lo diagnostican y nos ponen el tratamiento. Y después de esto la Vida Eterna. Cuántas mujeres, cuántos hombres van al médico y les dicen: tienes cáncer, la quimioterapia, bueno lo paso muy mal, bueno estás curado, ya no hace falta que vuelvas, luego una vez al año, luego una vez cada tres años, estás sanado. ¿Lo pasaste mal? Si, si, pero estás sanado. Pues después de esta vida donde el Diablo no deja de tentarnos y el Diablo es Dogma de Fe, acordaos de esto, en el Concilio de Calcedonia se definió, pues unidos a Cristo es “un perro atado que lo único que hace es ladrar” Hermanos, reconoced esto “todos llevamos el pecado metido en las entrañas” y necesitamos de que Jesús nos libere del pecado. Y eso es lo que Jesús ha venido a hacer por Amor, por puro Amor. Venga, ánimo.

 

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