Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

Deuteronomio 30,15-20

 

Hoy te pongo delante bendición y maldición

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla. Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob."

Salmo responsorial: 1

 

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre / que no sigue el consejo de los impíos, / ni entra por la senda de los pecadores, / ni se sienta en la reunión de los cínicos; / sino que su gozo es la ley del Señor, / y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol / plantado al borde de la acequia: / da fruto en su sazón / y no se marchitan sus hojas; / y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así; / serán paja que arrebata el viento. / Porque el Señor protege el camino de los justos, / pero el camino de los impíos acaba mal. R.

 

Lucas 9,22-25

 

El que pierda su vida por mi causa la salvará

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día." Y, dirigiéndose a todos, dijo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?"

 

HOMILIA DEL JUEVES DESPUES DE CENIZA

 

Ayer os decía de alguna manera, al inicio de la Cuaresma, que el gran protagonista es Dios. Que es Él, el que inicia, el que da sentido, el que comienza este tiempo en el que nos pide como una oportunidad. Que le demos una oportunidad de mostrarnos verdaderamente su rostro. Un rostro compasivo, misericordioso. Que Él es lento a la ira y rico en clemencia. Y que en virtud de eso ahí es donde nosotros podemos encontrar nuestra paz, nuestra felicidad, el sentido de nuestras vidas. Y también os decía yo ayer que, el protagonista de este tiempo somos también nosotros. O sea, hay que responderle a Dios en cada Eucaristía que es un encuentro personal con Él. Él habla, nosotros respondemos. Y aquí Él nos lo muestra, nos indica la responsabilidad que nosotros tenemos frente a su Palabra, frente a lo que Él nos dice, frente a todo lo que Él hace por nosotros. Nos pasamos la vida de una manera o de otra: unos ahorrando dinero, otros en los gimnasios, otros comiendo mucho o poco, siempre para salvar la vida, siempre para salvar la vida. Y al final, el Señor, que conoce cual es la vida y la vida verdadera y la vida que hay que salvar, nos indica el camino. Salvar la vida para nosotros es hacer su voluntad. Y además nos lo dice no nos lo impone. Ahí está el misterio ese de la libertad: haz la voluntad de Dios y encontraras la vida, ¿no la haces? Se lo suficientemente hombre para cargar con las consecuencias de tus actos libres. Y ese camino que Él pone delante de nosotros de hacer su voluntad o no, quien nos lo ha abierto, quien nos lo ha dado, el modelo a seguir es Jesucristo. Es un camino de renuncia, es un camino de muerte, es un camino paradójico. O sea, para salvar la vida he de entregarla, he de olvidarme de mí mismo y he de morir. Así de sencillo. Y no me salva, a mí no me salva el ser del pueblo elegido y el estar ya en la tierra prometida. De hecho Él lo dice: de nada te servirá haber cruzado el Jordán, entrar en la tierra prometida, tomarla en posesión, si no haces mi voluntad. No vivirás en ella mucho tiempo. Esta vida que nos puede parecer más corta o más larga comparada con la Eternidad, que es el destino de aquellos que han hecho la voluntad de Dios, no es nada, no es nada. Salvar la vida está en hacer la voluntad de Dios, que es con mucho lo mejor. Y esa voluntad de Dios a nosotros nos expresa, no ya en la Ley ni en la Torah, sino en Jesucristo. Jesucristo, palabra viva que se ha hecho carne nos indica el camino. La vida y las Palabras de Cristo son nuestra Ley. El camino, el que Él mismo siguió: haz esto y vivirás; olvídate de esto y te perderás eternamente. Ahí está la responsabilidad. Dios nos ha abierto el camino. Dios con todo su amor nos pide, por decirlo de alguna manera, una oportunidad, pero nosotros hemos de responder. O sea, somos responsables, no Dios, somos responsables de nuestro destino eterno. Nosotros y nadie más. Pues pensad un poquito esto. Animo.

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