Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

Isaías 58,1-9a

 

El ayuno que quiere el Señor

Así dice el Señor Dios: "Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino, como un pueblo que practicara la justicia y no abandonase el mandato de Dios. Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios. "¿Para qué ayunar, si no haces caso?; ¿mortificarnos, si tú no te fijas?" Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro interés y apremiáis a vuestros servidores; mirad: ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad. No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, para el día en que el hombre se mortifica?, mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?

El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: "Aquí estoy.""

 

Salmo responsorial: 50

 

Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa; / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa, / tengo siempre presente mi pecado: / contra ti, contra ti solo pequé, / cometí la maldad que aborreces. R.

Los sacrificios no te satisfacen: / si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. / Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; / un corazón quebrantado y humillado, / tú no lo desprecias. R.

 

Mateo 9,14-15

 

Cuando se lleven al novio, entonces ayunarán

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?" Jesús les dijo: "¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán."

VIERNES DESPUES DE CENIZA

 

Ya sabéis la gravedad con la que a mi me gusta enfrentarme, enfrentarme no, celebrar la Eucaristía, que es la Palabra que Dios nos dirige, que no es una palabra de hombre, una Palabra viva y eficaz, con virtualidad bastante para cambiarme la vida. Basta que yo la acoja con sinceridad y la escuche. Y cuando uno le dedica tiempo, hoy la lectura del Oficio de San Juan Crisóstomo decía que hay que dedicarle tiempo, tiempo a la Palabra de Dios, pues uno entiende que es una Palabra que me viene bien a mí en este momento. Fijaos la liturgia. Fijaos, habéis oído la Oración Colecta: Confírmanos Señor, lo que la Iglesia pide, confírmanos Señor en este espíritu de penitencia con el que empezaba la Cuaresma y que la austeridad exterior vaya acompañada siempre del corazón. O sea, la Iglesia inspirada por el Espíritu Santo le pide al Señor la gracia de la coherencia. O sea, que lo que profesan mis labios lo profesa también mi corazón. O sea, no que mis labios vayan por un lado y mi corazón viva muy lejos de Dios. Atendiendo a eso, es la gracia que Dios quiere darnos hoy, una: estamos en un tiempo que es un tiempo de penitencia, de sacrificio. En la novena, en esta novena que hemos terminado, no sé si os acordáis, en la oración se lo pedíamos, se lo pedíamos a Dios: concédenos tiempo, danos tiempo para hacer penitencia por nuestros pecados. Porque pecar pecamos todos. Buenos pues, atendiendo a eso, esa gracia que Él nos quiere dar, tengo que estar atento. Si escucháis en este tiempo de Cuaresma las lecturas, veis continuamente la lecturas, las Oraciones en la Liturgia va a estar Dios diciendo; Escuchad, escuchad, escuchad. Nosotros como estamos muy llenos de nosotros mismos, estamos muy pagaos, nos amamos mucho y creemos que nosotros, lo que dice Dios somos unos necios y no necesitamos que nadie nos diga nada y creemos que la Cuaresma es hacer: no comer, disciplinarme, rezar más. Es todo eso, pero con una cosa fundamental y es escuchar a Dios. Porque hacer su voluntad con mucho es lo que a mí me da la vida. Y quién mejor que Él para expresarme a mí lo que Él quiere. Pues fijaos, el ayuno que Dios quiere, coger la lectura de Isaías y lo que os digo siempre. Este Dios nuestro se nos ha revelado en la historia, se nos ha hablado en la historia. Yo no tengo que ponerme a divagar en lo que Dios quiere mirando a las nubes. Tengo que escuchar ese texto, situarlo en su contexto histórico, ver a qué se refiere, que está diciendo, porque esa Palabra es la misma ayer, hoy y siempre y a mí me tiene que decir algo. Son los Judíos, os lo he contado muchas veces, vuelven del destierro de Babilonia, Ciro los ha dejado salir, vienen contentísimos ellos encantados, vuelven a la vida, vuelven a su tierra. Quieren reconstruir Jerusalén, quieren reconstruir el Templo y se creen que eso lo va a hacer Dios por ellos. Que ellos no van a hacer nada, como nos pasa muchas veces a nosotros. Pedimos, pedimos a Dios: líbrame de este pecado, dame esto dame lo otro. Pero yo no pongo nada, yo no arrimo nada, como si yo fuera un Protestante y yo soy Católico. Pues ellos llegan allí a su tierra y resulta que reconstruir Jerusalén, reconstruir el Templo no es tan fácil y que siguen habiendo desgracias naturales, hay pestes, no hay dinero, hay problemas con los Samaritanos. Y qué es lo que quieren hacer ellos. Ya lo decía Sócrates uno que no conoció a nuestro Dios, pero lo intuyó, quieren comprar a Dios. Y hacen ayunos y hacen penitencias. Y dicen de qué nos sirve todo esto su Dios no nos escucha. Y Dios que escucha hasta en lo más escondido, aquél que ni yo mismo quiero oír, les responde por Isaías y les dice: ¿Este es el ayuno que Yo quiero, lo que estáis haciendo vosotros, es lo que Yo quiero? Ayunáis buscando Mí favor, ayunáis entre riñas y disputas, peleáis entre vosotros, faltáis a la Caridad dando puñetazos sin piedad. Que vuestras voces se oyen en el Cielo. Vuestros gritos, vuestros chismes, vuestras calumnias, vuestras maledicencias, se oyen en el Cielo. ¿Este es el ayuno que Yo deseo? Que os pongáis… ya lo veis en la tele que todavía los Judíos se ponen contra una pared, en una esquina, meneando la cabeza como un junco, lo que yo quiero es que os acostéis sobre ceniza en un saco sobre el suelo ¿A eso vosotros lo llamáis ayuno agradable a Dios? Yo os voy a explicar lo que es ayuno agradable, lo que a Mí me gusta. Y eso era para ellos y es para nosotros. Porque fijaos, hemos entrado en un tiempo de penitencia, de sacrificio. Y de nada, lo digo con autoridad y con claridad, para curas, monjas y laicos, de nada me va a servir abstenerme de carne los viernes de Cuaresma que es obligatorio todos los Viernes de Cuaresma, de nada me va a servir rezarme otro Rosario, de nada me va a servir la penitencia que yo me ponga si sigo faltando a la Caridad, si la falta de Caridad sigue presente en mi vida y la injusticia sigue dominando mis actos. Y esto no lo dice el Padre Julio, esto lo dice Dios. Metéoslo bien en la cabeza. No sirve de nada no comer carne, no sirve de nada rezar otro Rosario incluso de rodillas y con los brazos en cruz si yo a mi hermano, al que tengo al lado le falto a la Caridad. Y le falto a la Caridad desde hablar mal de él y pegarle a no saludarle, a mirarle mal o a mal contestarle. El sacrificio, el ejercicio, la penitencia que Dios quiere es que yo ame. Y ahí lo tenéis: el ayuno que Yo quiero es este deja de ser injusto porque estas siendo injusto con este, con el otro, con quien sea. Soltar los cerrojos de los cepos… has metido a una persona en una celda en lo más profundo de tu corazón, la has juzgado y la has condenado. Y ahí está, ni la hablas, ni la miras, la condenas, la acusas. Dejar libres a los oprimidos, romped los cerrojos, que partas tu pan con el hambriento, da de comer, da pan a quien le haga falta, da cariño a quien le haga falta, dale comida a quien te la pida. Quiero que vistas al desnudo, que hospedes al pobre sin techo, que no te cierres a los que son como tú, a tú propia carne. Y cuando hagas esto, que es lo que a Mí me agrada, entonces romperá tu luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana, te abrirá como la Justicia y detrás ira la Gloria de Dios. Entonces clamarás al Señor y te responderá y gritarás y te responderá gritarás y te dirá “Aquí estoy”. Fíjate lo clarito que habla Dios. No hace falta estudiar teología para entender eso. Ese es el ayuno que Yo quiero. Hagas lo que hagas, si en tú corazón sigues, continúa la falta de Caridad, sigues siendo injusto, no te quejes después y digas: Dios no me escucha, Dios me ha abandonado, Dios no me oye. No. Recoges lo que siembras, recoges lo que siembras. Atendiendo a esto uno tiene que entrar dentro de sí y mirar: a mí este fulanito o esta fulanita me caen muy mal, no puedo, porque me ha hecho esto o porque simplemente me cae muy mal. Hay personas que me caen mal, que eso que se llama la empatía, la antipatía. Eso no me lo puedo permitir yo Cristiano, discípulo de Cristo, Hijo de un Dios que es Santo, de un Padre que es Santo,          que me dice: Sé como Yo que hago salir el sol sobre buenos y malos. No me lo puedo permitir. Y si yo descubro que eso es lo que tengo en mi corazón, esa es la penitencia que Dios quiere. No esa que quién sabe mejor lo que a Dios le agrada, Dios o yo? Él. Pues Él me lo muestra. En el corazón tengo a este hermano o a esta hermana, me voy a empeñar en eso, en esta Cuaresma me voy a empeñar en eso. Pero pídele al Señor la gracia de amarlo y a ver si salgo de la Cuaresma y entro en la Pascua y resucito de verdad en mi corazón y con ese hermano nunca más vuelva a tener nada. Y fijaos, cogéis el Evangelio os vais un poquito ahí también porque hay que dedicarle tiempo, ya os lo digo, lo decía San Juan Crisóstomo que vale más que yo y os encontráis al bueno de Jesús en otro lío. Lo que yo os digo otras veces que si solo cogéis este trocito del Evangelio, pues se queda así como colgado, como colgado del cielo. Leedlo por delante y leedlo por detrás. Fijaos, todo esto es en el contexto de la conversión de San Mateo, Jesús pasa y se encuentra a su paso con Mateo y sus pecados, robando en los impuestos. Jesús lo mira y como Jesús mira al corazón, no mira como nosotros que nos quedamos con la apariencia, Jesús lo ve y ve a uno muy capaz de amar y lo llama “vente conmigo” el otro lo dejó todo y se fue. Recibe a Jesús y qué es lo que hace, hace una fiesta. Porque en la Escritura está, en la Escritura está, encontrarse con Dios es como una fiesta, encontrarse con Dios, la vida. Así que se encuentra con Jesús, se lo lleva a su casa y hace una fiesta. Y Jesús se sienta a la mesa con todos ellos ¿y quiénes se sientan allí? Pues los amigos de Mateo. ¿Y quiénes son los amigos de Mateo? Pues no las monjas de clausura ni los curas del Oratorio, no, eran publicanos, prostitutas. Y allí en medio esta el Salvador del mundo sentado entre aquellos. Y comiendo y haciendo fiesta ¿Por qué? Porque Él lo había dicho: “cuando un pecador se convierte hacen fiesta hasta los Ángeles en el cielo y están de fiesta”. Y en ese contexto se produce eso que habéis oído. Llegan los discípulos de Juan, que ya sabéis que Juan el Bautista era muy austero: “Oye que aquí estamos todos ayunando, nosotros y hasta los fariseos, esperando al Mesías para que venga pronto Dios, y Tú y los tuyos venga a comer. Y Jesús declara eso: ¿“Es qué pueden los amigos del novio cuando el novio está entre ellos ayunar”? Yo soy el Mesías, ya no tiene sentido el ayuno porque me tienen cerca, porque estoy entre ellos. Llegará un día en el que se lleven al novio, entonces ayunarán. Llegará un día en el que me aparten de ellos, me llevarán a la Cruz y me cuelguen, entonces ayunarán. Pero ahora la Cuaresma está preparada no solo para hacer cosas sino para encontrarnos con Cristo, para ver el rostro bueno, amable, compasivo, lento a la ira y rico en clemencia, de Dios. Está para eso. Y cuando uno de verdad se ha encontrado con Cristo, lo deja todo como San Mateo, deja toda su historia anterior, como Zaqueo y se va detrás de Jesús. Pero fijaos, tanto en la primera lectura como en esta viene el Señor a decir, si lo cogéis bien y lo leéis, luego leerlo, veréis que se lo dice a aquellos: “Misericordia, misericordia quiero y no sacrificios”. Y es una frase de Oseas que Jesús repite dos o tres veces a lo largo del Evangelio. O sea, que nuestra Cuaresma sea un ejercicio, hermanos, de Misericordia. Primero porque lo manda Dios y segundo, incluso por egoísmo, porque escrito esta: “La Misericordia se ríe del Juicio”. Seremos al final de nuestras vidas juzgados y la vara con la que hallamos medido seremos medidos y si he sido misericordioso Dios tendrá misericordia. Atended a estas cosas y no me quiero alargar pero había tanto que decir en el Evangelio… Nosotros no hemos visto a Jesús y nosotros ayunamos. Y ayunamos para qué, para fiarnos de nosotros mismos y para que Jesús viva, para que Jesús viva aquí. Nos hemos encontrado místicamente con Él, hemos pasado un  tiempo muy feliz y estamos contentos. Pero al final la realidad que se impone ¿cuál es? Él no está, mis sentidos no lo ven pero a veces lo perciben, pero está, ayunamos de qué, ayunamos para prepararnos, para hacerle a Él presente en nuestras vidas, ayunamos nosotros para vaciarnos a nosotros y que ocupe y llene nuestras vidas. Él está preparado, nosotros todavía no, todavía somos injustos, todavía faltamos a la caridad, por eso hemos de ejercitarnos en la Misericordia. Misericordia quiero que no sacrificios, para qué, para que Cristo viva y viva en nosotros y ese es su sitio y es donde quiere estar, por algo se llama Emanuel, Atended a todas estas cosas reflexionándolas mejor de lo que yo os digo y pedirle al Señor lo que nos quiere dar, la gracia de vivir. Venga ánimo.

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