Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

saías 55,10-11

 

Mi palabra hará mi voluntad

Así dice el Señor: "Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo."

Salmo responsorial: 33

 

El Señor libra de sus angustias a los justos.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, / ensalcemos juntos su nombre. / Yo consulté al Señor, y me respondió, / me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, / vuestro rostro no se avergonzará. / Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha / y lo salva de sus angustias. R.

Los ojos del Señor miran a los justos, / sus oídos escuchan sus gritos; / pero el Señor se enfrenta con los malhechores, / para borrar de la tierra su memoria. R.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha / y lo libra de sus angustias; / el Señor está cerca de los atribulados, / salva a los abatidos. R.

 

Mateo 6,7-15

 

Vosotros rezad así

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas."

MARTES 1º DE CUARESMA

 

Sentaos y comentamos un poquito esto, vamos esto no, la Palabrea del Señor. Fijaos, hay un dicho de San Juan de la Cruz que aquí me lo habéis oído muchas veces porque creo que meditamos poco las cosas. Decía San Juan de la Cruz que solo el hombre, perdón, solo Dios es digno de todos los pensamientos del hombre. O sea, San Juan de la Cruz viene a decir que el estado normal, a nosotros nos parece escandaloso pero porque somos demasiado carnales, San Juan de la Cruz viene a decir que el estado normal del hombre, del pensamiento del hombre, es estar todo el día pensando en Dios. Estar pensando en Dios, dialogando con Dios y estas cosas así. Si eso fuera así, nosotros deberíamos como… a parte de más en comunión con Él, como más despreocupados y más tranquilos por decirlo de alguna manera. Jijaos, en casi veinte años de cura, la experiencia personal que yo tengo y de haber atendido a tanta gente ¿Cuál es? Pues que el tiempo de Cuaresma es un tiempo de sufrimiento. En la Cuaresma de una manera o de otra sufres. Bien por cualquier cosa que viene de fuera, del trabajo, de un problema de la familia, por lo que sea, por un pecado que está ahí que te has empeñado en quitarlo y caes y vuelves. Porque haces propósitos y duras tres días y al cuarto estrepitosamente vuelves a caer, se te quitan las ganas de seguir. O sea, es un tiempo de sufrimiento. Fijaos, si uno viviese continuamente pendiente de Dios, con el pensamiento puesto en Dios, escucharías las lecturas, no como palabra de hombre que no lo son, sino como Palabra de Dios. Habéis escuchado el Salmo. El Salmo habla de esto que yo os digo: “El Señor libra de sus angustias a los justos, si el afligido invoca al Señor Él lo escucha, cuando uno grita el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias, el Señor está cerca de los atribulados. El Salmo 33. Yo consulté al Señor y Él me respondió, Él me libró de todas mis ansias, de todas mis angustias. Si el afligido invoca al Señor Él lo escucha y lo salva de sus angustias. Contempladme y quedaréis tranquilos, vuestro rostro no se avergonzará, que los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan siempre sus gritos”. O sea, es una Palabra de Dios, como ya se os dice en la Primera Lectura, viva y eficaz que viene a nosotros y que Dios pone en nuestra boca, que Dios pone en nuestra boca. Pues unos por unas cosas otros por otras, andamos con angustias y apesadumbrados. ¿Por qué digo yo, que es la experiencia que he vivido como sacerdote y como cristiano de que es un tiempo en el que uno sufre? Yo tengo clara una cosa, por qué, porque es un tiempo Sagrado, es un tiempo en el qué, Dios nos inunda con Su Luz, o sea, hay muchísima más Luz, porque Su Palabra es  muchísimo más clara. Veíais ayer, ya sabéis que los Lunes yo nunca predico, quiero descansar un poco en eso y dedicarme solo a mí. Ayer era facilísimo lo que decía el Señor, no hacía falta predicar, hoy no hace falta predicar. ¿Qué decía ayer el Señor? Te paras a pensarlo… tuve hambre y me diste de comer, tuve… eso es muy bonito nos lo sabemos de memoria, pero esa es una Palabra que viene para mi vida. A lo mejor el Señor me está diciendo a mí, a mí y al que viene a Misa todos los días: qué bien haces la genuflexión, hay que ver con que pulcritud y con que exactitud haces los ayunos Eucarísticos, hay que ver que no te duermes nunca sin haber rezado el Rosario, sin haber rezado Laudes, Vísperas, hay que ver lo bien que lo haces no pierdes una Comunión aunque llegues en el Cordero de Dios, como sabes que la Iglesia lo permite vas allí y corres. Me buscas, pero es que te olvidas de una cosa, es que Yo te he dicho que no solo estoy ahí. O sea, quiero abrirte los oídos para decirte: mira ves a aquél hermano que te cae tan mal, que no soportas… a ver cosas peregrinas. Santa Ángela de la Cruz sufría mucho con sus monjas porque ella no soportaba los malos olores y en aquellos tiempos pues entre que se bañaban poco y eran todas de pueblo, pues mirad lo que sufría ella con los malos olores de sus hermanas. Pues ves a aquél hermano que huele tan mal, ves a aquél hermano que es tan mal educado, ves a aquél que ha hablado tan mal de ti y tu fama la ha puesto… y ha tendido ahí tu piel y la ha puesto para que todo el mundo la vea, ahí estoy Yo. Ves a aquella que está enferma, que está coja, ahí estaba Yo. Viste a aquél que estaba pobre pidiendo en la puerta del Mercadota y te parecía un pesado porque te pedía, ahí estaba Yo. Es un tiempo en el que Dios inunda con su Palabra, con que es Luz, con que es Vida y que habla con una claridad pasmosa. Mira lo haces muy bien, pero como en la Apocalipsis, tengo contra ti que te has olvidado de Mí, del Amor primero. Oye, que te pasas la vida buscándome, pero es que esto… resulta que tú me hacías la genuflexión en el Sagrario y yo estaba a tú lado, sentado a tú lado y estaba llorando y tú no me hacías ni caso, pero la genuflexión me la hacías muy bien. Ayer venía a decir eso. Hoy fijaos lo que dice en la Palabra Isaías: así es Mí Palabra como caen la lluvia y la nieve y hacen Mí voluntad, empapan la tierra y todo eso, así es Mí Palabra, que cae sobre la tierra, da semilla al sembrador y pan al que come, así es Mí Palabra que sale de Mí boca, no vuelve a Mí vacía si no que hace Mí voluntad y cumple Mí encargo. Claro, tenemos que sentarnos, la Palabra de Dios, lo que nos ha enseñado… ¿Qué es la Palabra de Dios? Jesucristo. Jesucristo qué es lo que hace?, habla, solo habla,,, hace, empapa la tierra, con que empapa la tierra? Con su sudor, con sus lágrimas, con su sangre. Cuanto sudó Jesucristo trabajando, cuanto lloró Jesucristo. Ya no solo sobre Jerusalén en la tumba de Lázaro, fueron treinta y tres años. Cuanto lloraría el más sensible de todos los hombres. Hasta la última gota de su sangre, hasta lo último que queda ya en el corazón, un poquito de sangre o de suero. Hasta eso derramó sobre la tierra para empaparnos a nosotros que somos esa tierra. Para las almas consagradas como las monjas y para mí, para qué? Para darnos semilla, para que nosotros seamos testigos de verdad y que no solo tengamos de testigos el hábito, sino que de corazón seamos lo que somos. Y pan al que come para que no os falte a vosotros nunca el pan que nos decían el Domingo; “no solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. O sea, que la Palabra de Dios es viva, es verdad, es eficaz, es verdad, porque ha dado la vida al mundo ¿Cómo la ha dado? Muriendo, pero con obras y ha vuelto, os acordáis en Semana Santa? Y subió y resucitó, y subió al cielo llevando una multitud de cautivos. Nos libró a todos del Diablo. O sea, esa es la Palabra que Dios nos dirige a nosotros, una Palabra viva y eficaz, que se deshace, que se derrama, a unos y otros, a todos nos llega esa Palabra. A todos nos decía ayer: cuidado con faltar a la Caridad, porque si faltas no me eres agradable, ya puedes hacer lo que quieras pero si no tienes Caridad no eres de los míos. Y esa Palabra, claro, cuando oyes una palabra esperas una respuesta y es que resulta que el mismo Jesús nos dice que tenemos que responder y nos enseña el Padre Nuestro y pone… claro, enlazar unas cosas con otras, lo de San Juan de la Cruz: solo Dios es digno de todos los pensamientos. En el centro de mi vida está Dios y en calidad de qué? De Padre. Dios es mí Padre. El centro de la vida no soy yo, ni mi salud, ni mi fama, que no hablen mal de mí, ni que hablen mal de mí casa, ni hablen mal de nada, ni es mi padre, ni es mi madre, ni es mi mujer, ni es… El centro de mi vida es Dios.  Y la respuesta que Dios quiere no solo son genuflexiones, rosarios, sino que su Nombre sea Santificado. O sea, que yo con mi vida… os acordáis de eso que dice el profeta Isaías: mí nombre es blasfemado entre las naciones por vuestra culpa. O sea, que con mi vida yo santifique el nombre de Dios, se hable bien de Dios. El Señor la respuesta que yo tengo que darle a Dios es esa Palabra viva y eficaz que se derrama y empapa la tierra, o sea, que me empapa a mí con su sangre, es que sea la voluntad de Dios en mí vida. Como lo hacen los Ángeles en el Cielo, es más, perdóname este pecado y este y mi falta de paciencia y mis juicios temerarios y mis mentiras y mis lujurias y mis… perdóname porque yo he perdonado a todos los que me han ofendido y líbrame del maligno que no me deja ni a sol ni a sombra. Fijaos si no hay si no es una… este tiempo de Cuaresma nos inunda Dios con mucha más luz, no hace falta que yo predique nada porque es bien fácil lo que Él dice, pero pensadlo, pensad estas cosas. Es un tiempo… si, nos angustiamos, porque nosotros hay veces que vivimos como anestesiados, adormecidos: como hago muy bien la genuflexión, como no falto a mi media hora de oración diaria, como el Rosario lo rezo en el coche o yendo y viniendo a la Facultad y esto y lo otro, como no cometo pecados graves…estoy anestesiado… que bien, que bueno soy, Dios me tiene que querer, porque yo… casi es la oración del Fariseo: porque yo no soy como las prostitutas que se acuestan con unos y otros, yo no soy un orgulloso que machaca a todo el mundo, yo no soy un empresario no se qué, no soy como ese que no viene nunca a Misa y se ha divorciado tres veces. Pero fíjate que yo me parezco a lo mejor a esos, no, pero me parezco a Epulón, que entraba y salía todos los días de su casa e iba a la Sinagoga y hacía sus rezos y sus cosas pero tenía a la puerta de su casa un pobre cubierto de llagas y no tenía ni tiempo para mirarlo. Y esto nos pasa a unos y otros. Pues viene el Señor y nos quita ese adormecimiento en el que estamos muchas veces y nos muestra la realidad de nuestra alma, que tenemos llagas muy gordas, que colamos el mosquito y tragamos el camello, que vemos la paja en el ojo ajeno y tenemos vigas en el nuestro. Y eso por dentro nos sacude a todos. Que nos digan que somos malos y entramos en la angustia. Ahí está el Salmo: “Si el afligido invoca al Señor Él lo escucha, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias”. Y el Salmo era: “El Señor libra de sus angustias a los justos” Pues acojamos esta Palabra de Dios que es viva y eficaz y respondamos no solo con la boca sino con el corazón, con lo de Jesús, con palabras y obras, muchas obras y Caridad. Venga ánimo.

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