Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

Jonás 3,1-10

 

Los ninivitas se convirtieron de su mala vida

Vino la palabra del Señor sobre Jonás: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo." Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: "¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!" Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.

Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: "Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos." Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

 

Salmo responsorial: 50

 

Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa; / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, / renuévame por dentro con espíritu firme; / no me arrojes lejos de tu rostro, / no me quites tu santo espíritu. R.

Los sacrificios no te satisfacen: / si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. / Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; / un corazón quebrantado y humillado, / tú no lo desprecias. R.

 

Lucas 11,29-32

 

A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: "Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás."

MIERCOLES 1º DE CUARESMA

 

Mirad, hoy hace una semana, justo una semana que entramos en la Cuaresma, hace una semana que estuvimos de ayuno y abstinencia. La Cuaresma, como os lo digo siempre y como me lo ha enseñado la Iglesia y como trato de vivirlo. Un tiempo de Gracia, un tiempo Sagrado, un tiempo de más abundancia de Luz, de más Luz para ver mejor las cosas. Y como Dios es Espíritu y habla a lo más profundo de mí alma que es mí espíritu, pues, para ver lo que hay en mí espíritu más que para ver lo que tengo en las arrugas o en las pecas que pueda tener en la piel. Abundancia de Luz, abundancia de Palabra. Luz para ver el camino. Lleva toda esta semana el Señor diciéndonos con una claridad pasmosa, nos ha hablado del ayuno, el ayuno no es fundamentalmente comer por no comer, es el dominio de uno mismo, que es un don del Espíritu Santo. El dominio, el dominarme. Yo no puedo dejarme llevar de mis pasiones. Mirad este sitio, es un sitio especial, privilegiado por muchas cosas, porque estuvo aquí la Virgen, pero también por un  don, por el don del silencio. Aquí coges, te sientas tranquilamente y cuando lleves un ratito te escuchas perfectamente lo que hay dentro de ti. Y escuchas perfectamente a Dios. Y veras que lo que encuentras muchas veces uno dentro, cuando respeta y cuando valora y cuando ama el silencio es una vorágine de voces y gritos. Y en muchos de ellos te descubres hablando y dialogando desde la ira, desde el juicio, desde mil cosas. Y la voz de Dios, como allá arrinconada, como un eco pero más… Bueno pues, como ya os digo con claridad y abundancia de palabra y con abundancia de Luz, nos habla del dominio que debemos tener de nosotros mismos. Y nos habla de una mayor intimidad, Él nos llama, Él nos busca, Él nos desea mucho más que nosotros a Él. Por eso nos habla… pues como nos hablaba: más oración, intensificar la oración rezar un poco más. Y nos habla fundamentalmente de lo que es la esencia de nuestra fe, la Caridad. Nos lo ha repetido por diestra y siniestra: sin Caridad no hay nada que hacer. Nada vale sin la Caridad. La Caridad se concreta en el prójimo. Nos hace desde el silencio, de la circunstancia que sea entrar dentro de uno, contemplar el corazón y ver si en el corazón sigue dominando la falta de Caridad y sigue dominando la falta de Justicia. Pues atendiendo a todas estas cosas, una semana, uno se puede plantear ¿qué he hecho hasta aquí, que he caminado? No podemos verlo como lo ven los del mundo, los que no conocen a Dios, vivir los días contando… bueno quedan tres semanas para la Semana Santa, para irme a Benidorm o para irme a Torrevieja o para irme a un hotel rural de esos. No, nosotros vivimos el día, el momento, el día a día. Tengo que levantarme pidiendo ya al Señor, el primer pensamiento para Él, diciéndole: ¡ojala hoy te sirva como Tú lo esperas de mí! ¡ojala me encuentre más profundamente contigo! ¡ojala se curen las heridas que tengo en el alma con respecto a mis hermanos y mis hermanas a mis hijos, a mi mujer, a quien sea! Bueno, pues, atendiendo a eso ¿qué es lo que he hecho en esta Semana que no volverá? No volverá. Esta semana ya pasó, lo que no halla hecho se quedará sin hacer por toda la eternidad y lo que halla hecho quedará escrito para siempre en el Libro de la Vida. Pues fijaos, nos presentan ahí la profecía de Jonás. Que de Jonás ya sabéis la historia, un mal profeta, no quería profetizar, se escapó, si Dios le mandaba ir a Nínive pues él se iba al otro lado, lo tuvieron que tirar de la barca porque creían que las desgracias que venían era por culpa de él, se lo tragó la ballena y la ballena lo vomita otra vez en las costas de Nínive. Y de mala gana y porque no le queda más remedio, profetiza, hace las cosas. Incluso fijaos, llega a enfadarse porque Dios se arrepiente porque Dios no cumple Su Palabra. El les anuncia: si no os convertís… tal, tal, tal. Él os va a destruir, convencido como estaba de que en Nínive eran tan malos, tan malos, que no tenían remedio, que no había posible salvación para ellos. El está convencido de que Dios los va a destruir pasados cuarenta días. Aquella gente, con toda su maldad, con toda su… por decirlo de alguna manera que nadie daba un duro por ellos, aquella gente escuchó a Jonás y aquella gente se convirtió. Lo que dice se convirtió, atentos leedlo luego en casa, se convirtió y su conversión Dios la vio en sus obras. El que vive de cara a Dios, el que tiene a Dios dentro del Alma, tiene obras de Caridad. El que no tiene obras de caridad con el prójimo ese… no sé como decirlo, es que no sé como decirlo, por mucho que rece, por mucho que haga llevará un disfraz de cristiano pero no será un cristiano. Dios ahí dice, vio sus obras y se arrepintió. Jonás hasta por eso se enfadó. Porque Dios no los destruyó. Un mal profeta entre comillas, porque Dios escribe recto con renglones torcidos. Bueno, a nosotros que es lo que nos indica, que Él para hablar elige al que quiere. Dios tiene razones que nosotros jamás entenderemos. Y este puede parecernos bueno y este malo y este puede parecernos más digno de ser Sacerdote pero elige a aquél. Y esta que parecía una casquivana y que está todo el día bailando a esa el Señor la llama para sí. Y esa que es una piadosa y esta todo el día metida en la Iglesia, Dios la quiere para sí. Dios escribe recto con renglones torcidos. No somos quién para juzgar ninguno de los actos de Dios. A lo que sí tenemos que estar atentos es a la Palabra de Dios que viene por donde Él quiere y como es Su Palabra y es viva y eficaz, el alma la reconoce enseguida. Así que Dios elige a Jonás, no solo elige a Jonás sino que fijaos, elige a un pueblo. Nínive era una ciudad grande, populosa y rica, pero humanamente hablando mala. Tenían sometidos a muchos pueblos y más en aquel tiempo y hacían las cosas bastante mal. Pues Dios también va a buscar a aquellos y llama a aquellos, y aquellos se convierten. Pues fijaos, Nínive con todas sus cosas, Jonás con todas sus cosas, él termina haciendo la voluntad del Señor, mal que bien pero la hace. Y Nínive escucha la Palabra de Dios, la reconoce y desde el Rey hasta los borricos, todo el mundo hizo ayuno, hizo penitencia, hizo oración, tuvo Caridad con el prójimo y Dios se arrepintió porque vio las obras de aquellos. Fijaos, en el Evangelio que es el corazón de nuestra vida y de nuestras almas y leedlo continuamente y meditarlo y sabérnoslo de memoria, pues a parece Jesús quejándose. A lo mejor si viniera aquí una semana y nos cogiera a uno por uno a los que estamos aquí, veríamos a ver si no se quejaba también de nosotros. Se queja y les dice: sois malos de corazón, sois perversos porque no acabáis de reconocer en Mí al Mesías prometido y mira que os he hecho señales y mira que os he hablado al corazón y mira que os he dicho por medio de éste y mira que me habéis visto y aún así todavía estáis esperando milagros. Viene a decirnos a nosotros; lleváis una semana en la que os he hablado con claridad, que os he llegado al corazón, que a algunos os ha escocido mucho, pero ya estaba escrito porque Mí Palabra es como lejía de lavandero y que llega hasta los tuétanos, como espada de doble filo que separa la piel de la carne. Aún así seguís pidiéndome un milagro. Habéis visto, habéis escuchado que he resucitado a muertos. Habéis visto que aquella por la que nadie daba un duro, aquella se convirtió, aquella se salvó, aquella ha muerto con todos los signos de la salvación. Pues aún así seguís pidiendo un milagro. Generación mala, sois malos de corazón. Pero el Señor se queja de que ya no sabe qué más hacer para que cambiemos de vida, para que le hagamos caso. Y dice que, por más milagros que pidamos, más signos,  no va a haber más signo que el del Profeta Jonás. O sea, que el signo de nuestra vida ¿cuál es? Jesús. Pero a Jesús como no lo vemos… Qué es lo que tenemos de Él, su vida que se nos da todos los días en la Eucaristía, su Sangre, su Cuerpo y su Palabra. El signo, que ha nosotros cristianos del Siglo XXI que se nos ha dado es Jesucristo, Su vida y su palabra. No hay más signo que ese, no va a haber un milagro estrepitoso en nuestras vidas, no se nos va a aparecer el Señor por aquí, en las habitaciones del Convento a las monjas como se le aparecía a Santa Juana o a nosotros o como en un árbol a la vidente del Escorial. No, no va a haber nada de eso. Dice el Señor: el signo para nosotros es el mismo Jesús, su Vida y su Palabra. Y nos pone en guardia, que tengamos cuidado, lo que el Domingo desde aquí le decía yo a la gente recordando las palabras de Jesús: las prostitutas, esas que pecan tanto y los publicanos, esos ladrones, esos chorizos, esos defraudadores de obreros y de hacienda y de mil cosas, os llevan la delantera en el Reino de los Cielos. Porque esos han escuchado la Palabra de Dios y se han convertido. Y aquí dice lo que dice. Se levantará la Reina del Sur el día del Juicio final. El Señor tiene paciencia lo deja todo para el final. El sabe mejor que nosotros que llegará un momento en que lo veremos cara a cara. La Reina del Sur, la Reina de Saba que decían que era poderosa, vino hasta aquí para oír a Salomón. Y los de Nínive, escucharon predicar a Jonás que era un mal profeta y se convirtieron. Y vosotros día tras día seguís con la dureza de vuestro corazón. Tenemos que mirar estas cosas y pensarlas, no… Jonás estuvo anunciando durante cuarenta días, no sé si me equivoco, la destrucción aquella si no se convertían. A nosotros nos está anunciando durante cuarenta días la Cuaresma, no se nos anuncia ninguna destrucción, se nos anuncia una alegría inmensa, la Pascua, el paso del Señor por nuestras vidas. Que se lleva todos nuestros pecados, todas nuestras miserias. Preparémonos para este paso, acojamos al Señor que viene a liberarnos no viene a cargarnos con nada porque Él lo ha dicho, que su yugo es llevadero y su carga ligera. Venga, ánimo.

 

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