Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
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Homilías


 

Lecturas

Romanos 10,9-18

 

La fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo

Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

Dice la Escritura: "Nadie que cree en él quedará defraudado." Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues "todo el que invoca el nombre del Señor se salvará". Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían? Lo dice la Escritura: "¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!"

Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías: "Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?" Así, pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo. Pero yo pregunto: "¿Es que no lo han oído?" Todo lo contrario: "A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje."

 

Salmo responsorial: 18

 

A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios, / el firmamento pregona la obra de sus manos: / el día al día le pasa su mensaje, / la noche a la noche se lo susurra. R.

Sin que hablen, sin que pronuncien, / sin que resuene su voz, / a toda la tierra alcanza su pregón / y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

 

Mateo 4,18-22

 

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron

En aquel tiempo, pasando Jesús ante el lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: "Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres." Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

HOMILIA EN LA FIESTA DE SAN ANDRES APÓSTOL

 

Hagamos una reflexión y también una exhortación, reflexionad sobre las cosas y luego estimular el corazón, calentar el corazón, para que nuestro seguimiento de Cristo, o mejor, nuestro amor por Cristo sea más verdadero. De San Andrés, que es la Fiesta que celebramos hoy, no voy a decir nada que ya no sepáis. En la Iglesia Oriental lo consideran que es el primero de los llamados... hay que considerar en él que oyó a Juan el Bautista, él era discípulo de Juan el bautista. Oyó como Juan el bautista señalaba a Jesús: “Ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Dejó a Juan el bautista con todo el cariño que le pudiera tener, se fue detrás de Jesús, lo siguió, lo interrogó, venid y os... Maestro ¿dónde vives? Venid y lo veréis, estuvieron con Él. Juan dice: “hasta las cuatro de la tarde”, al día siguiente. Andrés llegó a Pedro: “hemos encontrado al Mesías” y todas esas cosas que ya sabéis. La prontitud con la que él siguió a Cristo. Pero fijaos, atendiendo a la Escritura, atendiendo a la Palabra, lo que a nosotros nos puede afectar, el hecho se proclama para que nos llegue al corazón, o sea, que Dios nos la dirige directamente a nosotros, por eso nos tiene que afectar de alguna manera. Lo que dice San Pablo a los Romanos es que, lo que hemos oído muchas veces aquí, la fe viene por la predicación, o sea, entra por el oído. Y él pregunta: ¿Cómo va a creer si no oyen hablar de Él las personas? ¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Cómo van a oír sin alguien que proclame? ¿Cómo van a proclamar si no los envían? ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio! Es necesario, es necesario, sentirse uno, primero, confesar que Jesucristo es el Señor, aceptarlo en el corazón con el corazón y proclamarlo con la boca y te salvarás. Es necesario también ya no solo eso, sino anunciarlo, señalarlo como el Bautista: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” Señalar a Jesús, para que los hermanos, para que mi prójimo, los que viven cerca de mí, lo puedan también ver, reconocer y confesar. Y dice un elogio: “Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio”. Pero fijaos lo que dice: “Pero no todos han prestado oído al Evangelio, como ya decía el profeta Isaías, sería ¿Quién ha dado fe a nuestro mensaje? Así pues el mensaje consiste en hablar de Cristo. ¿Es qué no lo han oído? Y el mismo San Pablo dice, que va, claro que lo han oído, “A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje”. Atendiendo a esta Palabra y atendiendo a nuestros tiempos..., es verdad, pues es verdad. Es verdad que muchos se confiesan, lo señalan... Nunca en la vida se han hecho tantas convivencias, tantos ejercicios espirituales, nunca ha ofertado la Iglesia tanto a los cristianos pues para que se conviertan, para que cambien de vida, para que pongan en el centro de su existencia a Jesús. Nunca. Nunca como ahora. Tantos medios, tantas guitarras, tantos cantos de un estilo o de otro. Nunca ha habido tantos grupos, más grandes o más pequeños, tantas por decirlo así, nuevas fundaciones, nuevos carismas..., nunca. Y nunca se ha recogido menos fruto que ahora. ¿Oyen hablar? Sí. Es verdad que oyen hablar. ¿Responden a Dios, se enamoran? No. ¿Se enamoran de Cristo? No. ¿Dejan todo por seguir a Cristo? No, si acaso un tiempo. Si acaso un poquito mientras le dura el fervor, el sentimiento. Que de estos sentimientos, de estos fervorines, decía San Felipe Neri, son como paja que se echa al fuego. Fijaos lo que tarda en consumirse una pajita echada al fuego. Mientras dura eso... pues enseguida. Aquí en nuestra diócesis se dice continuamente, que son muchos los jóvenes: una peregrinación a Javier, ochocientos chavales. Una peregrinación a Roma, mil doscientos chavales. ¿Dónde están? Los domingos ¿y después? El resto del año ¿dónde están?  Y yo me pregunto ¿y qué es lo que pasa? ¿y qué es lo que pasa? Claro, hay que mirar a Andrés, hay que mirar a Andrés, porque hoy la mirada hay que ponerla en él. Fijaos, a mí hay una cosa que desde que tengo uso de razón y que conozco, por decirlo que no sé en el tiempo cuando fue, a San Andrés que siempre me ha llamado la atención, siempre, siempre, siempre. Es la antífona del Benedictus de hoy. De San Andrés sabemos lo que dice el Evangelio, que llevó a... ¿Cómo se llama? A Pedro delante de Jesús, sabemos que fue Andrés el que le dijo a Jesús cuando la multiplicación de los panes y los peces: “aquí hay un niño que cinco panes y dos peces” Pero esto sabemos que San Andrés es que le llevó a los griegos: “Aquí hay unos griegos que quieren ver al Señor” y él con Felipe los llevó pero... pocas cosas más, pocas cosas que la Escritura diga que él dijo, no. Que la Tradición recoja solo hay una y es cuando él en lo que era Constantinopla, los griegos ortodoxos lo quieren mucho, lo veneran mucho, porque él predicó allí y allí murió y murió en una Cruz en forma de aspa, no como esta nuestra sino en forma de equis. Y es lo que dice la tradición, que él dijo, cuando la vio a la Cruz, no me los sé de memoria, pero leedlo en la antífona del Benedictus, él vino a decir: “Acógeme y abrázame, bendita Cruz, a mí que no soy digno de ponerme donde murió mí Señor y Salvador”. O sea, San Andrés se entrega a la Cruz, se entrega a la Crucifixión, se entrega a la muerte por amor a Jesús y por amor a los humanos, ¡Enamorado!. O sea, es el amor el que lo lleva, lo que hemos dicho muchas veces ¿Qué es lo que mata a Jesús? ¿la Cruz misma, los dolores, la lanza y esto? No. Además eso se lo ha dicho en revelaciones privadas a alguna Santa y a algún Santo. Lo que mata a Jesús es el amor que nos tiene. Pues fijaos, vivo en comunidad y vosotros también a vuestra manera porque estáis casados y estas cosas ¡qué difícil es morir para que el otro viva! Incluso con los del prójimo, a los que queremos, a los que vemos todos los días. ¡Qué difícil es sufrir la injusticia! O sea, que a mí me acusen de algo que yo no he hecho o que juzguen injustamente una acción que yo he hecho con toda mi buena intención, que la juzguen malamente. ¡Qué difícil es imitar a Jesús en eso y callar! Rezamos muchas veces el Vía Crucis, al menos yo lo hago los Viernes. ¡Que pronto olvidamos la primera estación, Jesús es condenado a la Cruz! Jesús condenado injustamente a la Cruz. ¡Que difícil es que cuando uno cree que tiene muchos dones, que vale para muchas cosas y resulta que la voluntad de Dios que se expresa por el superior o por el padre de familia, le pone en el último lugar. ¡Qué difícil es imitar a Jesús en los treinta años de vida oculta como carpintero! Jesús que había hecho el mundo con todas sus riquezas y todos sus ADNs y todas sus cosas, treinta años haciendo sillas, haciendo mesas. ¡Y lo bien que lo hizo! Qué difícil es pues eso, morir para que el otro viva. Pues pensaba yo esta mañana rezando un rato ¿no será que oyen y no acaban de entregarse a Jesús, por que también está escrito, por que también lo dijo San pablo contemplando a Jesús, no hay redención sin derramamiento de sangre? ¿no será que escuchan y no oyen y no se convierte porque yo no estoy dispuesto a ser crucificado, por que yo no acabo de entregarme al Padre como víctima en unión a Jesús, Misa tras Misa por la salvación de mis hermanos? ¿no será que yo no acabo de coger mi Cruz y que mi Cruz a mí me resulta que me la sacudo de encima, qué eso de morir por los demás es la experiencia de cada uno, yo tengo la mía, , qué difícil es estar todos los días con dolores de cólico de riñón y que es lo único que experimenta ese dolor tan terrible, aunque la cabeza te diga por la salvación del mundo, por la salvación de todos los que vienen hoy a la Fiesta de San Andrés? qué difícil, pues es verdad que hoy se habla, se llama a la Iglesia en convivencias, en peregrinaciones, catequesis de un color o de otro, todos, todos los que quieras y qué poquito fruto, qué poquito fruto. ¿No será por qué el mensajero se dedica a hablar y a hablar mucho y el mundo está necesitado de testigos no de maestros, si no de testigos que den testimonio de Jesús imitando a Jesús? Y Jesús lo que hizo, fundamentalmente lo que hizo, fue dar la vida, dejarse crucificar, conducirse al madero y dejarse clavar. ¿No será que nosotros los mensajeros, de esos que dice la Escritura, qué bellos nuestros pies, no nos dejamos crucificar como lo hizo San Andrés? ¡No contemplamos la Cruz como una bendición! Como un acto intimo de amor en el que Dios nos declara su amor y nos pone en el mismo sitio donde se subió Él, donde se subió Cristo. Fijaos, dice el Papa, en ese libro que os he dicho que leáis “Luz del Mundo”, dice: “El sitio normal, natural, en el que tiene que estar el Papa es en la Cruz” Esto yo, con toda mi pobreza, os lo he dicho yo aquí siempre. ¡El sitio natural del cristiano es la Cruz! Y  nosotros hacemos eso que os decía, qué difícil es, lo que nos cuesta a nosotros morir como murió Cristo para que vivan los que tenemos al lado, los hijos, los hermanos. Y fijaos, si a vosotros os cuesta, laicos, en vuestras familias, ¿cuánto no más en un convento, cuánto no más en una comunidad como la mía donde cada uno es hijo de su madre? Nos une la Caridad. Pero la caridad como el amor de los esposos se va día tras día forjando, como haciendo más pura y más Santa. Pues nada, pidámosle al Señor la Gracia, la Gracia de un corazón como el de Él, desprendido, humilde, que no exige, que no pide, que tiene muy clarito lo que tiene que hacer, entregar la vida y derramar hasta la última gota de sangre para que los demás vivan. Pidámosle al Señor esa conciencia para que caminemos a su lado o justo detrás poniendo los pies donde Él ya los ha puesto y no paralelos o más lejos o por delante de Él, no, no. Ya lo decía San Pedro: “Él ha sufrido y nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus huellas, pues así, pidámosle al Señor eso, dejarnos crucificar, porque solo así es como daremos vida al mundo, solo así será cómo Jesús, cómo Dios sea glorificado. Venga ánimo.

 

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