Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares
0
0
0
s2smodern

escudo congregación

Homilías


Génesis 3,9-15.20

Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: "¿Dónde estás?" Él contestó: "Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí." El Señor le replicó: "¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?" Adán respondió: "La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí." El Señor dijo a la mujer: "¿Qué es lo que has hecho?" Ella respondió: "La serpiente me engañó, y comí." El Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón."

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

 

Salmo responsorial: 97

 

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo, / porque ha hecho maravillas: / su diestra le ha dado la victoria, / su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria, / revela a las naciones su justicia: / se acordó de su misericordia y su fidelidad / en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de nuestro Dios. / Aclama al Señor, tierra entera; / gritad, vitoread, tocad. R.

 

Efesios 1,3-6.11-12

 

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

 

Lucas 1,26-38

 

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo." Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." Y María dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible." María contestó: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y la dejó el ángel.

 

 

HOMILÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

 

Yo siempre os he dicho desde aquí, a los que habitualmente venís aquí y que ya nos conocemos de otros sitios y de años que, para entender a Dios, para comprender a Dios, para conocer su voluntad, hay que dedicarle tiempo como a todas las cosas en esta vida. El que quiere ser arquitecto pues, tiene que dedicarle tiempo al estudio, el que quiere ser… hay que dedicarle tiempo a las cosas. Pero a Dios hay que dedicarle más tiempo que lo que habitualmente se dedica a las cosas normales, porque sino no lo entenderemos, porque nosotros estamos cegados, estamos cegados… Desde que nacemos estamos cegados para ver, estamos sordos para oírlo, estamos… nos faltan los sentidos. Parece que todo nos habla de todo menos de El. Hay algo, un instinto en el hombre, en lo más profundo del hombre, que dice: aquí hay algo que no se llena más que con una idea de Dios, con esa realidad que es Dios. Y hoy es un día de esos. Hoy para entender bien lo que la Iglesia, lo que los bautizados celebramos, es un día para perder el tiempo con Dios, si no será pues… otra Inmaculada más., en el puente de la Constitución, en donde me he dedicado pues, a eso, a descansar del trabajo, a perder el tiempo viendo la tele y si acaso en visitar a algún pariente o a mi madre si la tengo en el hospital. Hay que dedicarle tiempo a Dios. Fijaos, decía el Salmo, porque en la Iglesia no está nada al azar, decía el Salmo: cantar, hoy es un día para cantar las maravillas del Señor y es verdad. Hoy es un día para cantar, para alabar, para detenerme y ver todo lo que Dios ha hecho. Es un día en el que el mismo Dios quiere que contemplemos a una criatura, que miremos a María. Que veamos pues eso, a la Inmaculada Concepción, que Ella desde el vientre de su madre se vio libre del pecado, Aquella que es traída y llevada, desde que entra en este mundo, de Belén a Nazaret, de Nazaret a Jerusalén, a la Cruz… Pues así. Es un día para eso, pero es un día que ya os digo, para cantar las maravillas y ver y entender una cosa y gravarse una cosa en el corazón a fuego como marcamos a veces a los ganaos para que todos sepan que son nuestros. Pues nosotros llevamos una marca y es la de la Cruz de Cristo, cuando nos bautizan. Pues hoy es un día para perder el tiempo y mirar, saber que todo lo que se ha hecho, todo lo que en la Iglesia me dicen que ha hecho Jesús o que ha hecho María, todo, la causa de eso soy yo. Y vivo así en primera persona del singular, para que nos involucremos más, nos involucremos nosotros, pues soy yo. Si cogéis la segunda Lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios, que es un himno de alabanza que Pablo hace inspirado a Dios, dice una cosa, dice: Él, Dios, Él nos eligió a nosotros, a mí, Él nos eligió en la persona de Cristo, o sea, cuando miraba a su Hijo en la eternidad, Él también pensó en mí. Y nos eligió antes de crear el mundo, antes de que existiera el sol, antes de que explotara ese “Big Ban” que dicen ahora los científicos, antes de que existiera nada, ya Dios pensó en mí. Y me eligió ¿Para qué? Para vivir con Él, para que fuésemos Santos e irreprochables ante Él por el amor. Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, a mí, cura, bajito, gordo, calvo, con muy mal genio o con poca paciencia, así, Él me eligió a mí, con todas mis debilidades y con todas mis cosas, para que yo fuese, para que yo viviese su misma vida y pudiese presentarme delante de Él irreprochable, solo por una cosa, no por haber tenido mucho dinero o poco o mucha caridad, por el amor, nada más que por eso. Fijaos, atendiendo a esto, entiendes mejor la primera Lectura, que te relatan el gran drama de la humanidad. O sea, es de fe, es de fe, hasta la ciencia, hasta la ciencia hoy mismo, hoy la ciencia dice: todos nosotros venimos de un solo hombre y de una sola mujer, con toda seguridad de una sola mujer, o sea, de una sola hembra. Pues te relatan en la primera Lectura la Creación del Hombre, o sea, nos recuerda nuestra fe. Dios creó al hombre y a la mujer y los creó bien. Pero fijaos, para que vosotros lo entendáis, ¿por qué dice Jesús tantas veces, mirad a los niños, mirad a los niños y aprended de los niños?, porque de los que son como niños entraran en el Reino de los Cielos, Cuando Dios nos creó y nos creó por amor, nos hizo en la vida interior, nos hizo en el amor pequeños como los niños. Ese niño que está ahí con su madre, Gabriel, que se está portando muy bien, está todo el rato encima de la madre y besando a la madre y para arriba y para abajo y ahora solo quiere a su madre a su padre y a su hermano. Pero cuando sea mayor querrá a una mujer y querrá a sus hijos. Y si encima se arrima a Cristo aprenderá a amar a todos los hombres. O sea, Dios nos creó a nosotros por amor y nos hizo capaces de amar. Pero cuando creó a Adán y a Eva, los hizo niños en el amor. Y los hizo para que el amor sea verdadero. Para que el amor sea verdadero tiene que ser libre porque si no, no hay mérito. No hay amor verdadero cuando me obligan a que te quiera. Déjame quererte por lo que tú eres. Pues los hizo libres. Y en ese hacerlos libres y en ese ponerlos a Adán y a Eva a andar hacia Él por el amor, cabía la posibilidad, cabía la posibilidad, no es que Dios nos pusiera a prueba, que Dios no nos prueba, porque Dios nos quiere. Cabía la posibilidad que en ese caminar hacia el Cielo y caminar por el amor que metiéramos la pata. Y Adán y Eva metieron la pata. Y así te cuentan, te cuentan lo de la manzana y que comieron la manzana. Una manzana o dos manzanas, o tres o una docena de huevos, da lo mismo. Adán y Eva, pequeños en el amor, niños en el amor, metieron la pata. O sea, se arrimaron donde no tenían que arrimarse, donde estaban avisados. No te arrimes ahí que te enfermas, no te arrimes ahí que te incapacitas para amar. Pero la curiosidad… se acercaron y enfermaron. Y esa es la herencia que nos han dejado. Esa es la herencia que nos han dejado. Ese primer pecado, esa desobediencia, ese decirle no al amor de Dios, porque podían decírselo. Esa posibilidad que Dios ya preveía de que pudiéramos meter la pata se realizó. Ellos metieron la pata. Y la herencia que nos dejaron ellos es esta incapacidad que hay en nosotros para ser buenos. Fijaos, es que a mí me gusta, se refiere a los textos, fijaos lo que dice San Pablo, es San Pablo, es Palabra de Dios, es la Escritura: Yo soy carnal, o sea, yo soy San Pablo Columna de la Iglesia, un santazo, que dio la vida por Cristo, al que le cortaron la cabeza por Cristo, dice: yo soy carnal, yo soy de carne, vendido por esclavo al pecado, porque no se lo que hago, ya que no pongo por obra lo que quiero si no lo que aborrezco, lo que no degusta eso hago. Yo sé que no hay en mí, eso es, en mi carne en mi persona, cosa buena, porque el querer el bien está en mí pero el hacerlo no, no hago el bien que quiero si no el mal que no quiero. Siento otra ley en mis miembros, dentro de mí, que me repugna a la ley de mi mente y me encadena a ley del pecado que está en mis miembros. Desgraciado de mí ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? Y dice San Pablo, Jesucristo el Señor. Pues fijaos, este Dios que pensó en nosotros antes de crear nada, que pensó en nosotros y nos amó, que nos puso en una camino hacia Él, para que fuésemos Hijos como lo era Jesús antes de la creación de nada, este Dios que nos hizo caminar y que previó que podíamos meter la pata y decirle no, pues cuando nos equivocamos ¿creéis que nos dejó tirados, como hacemos a veces nosotros, incluso con los nuestros, con los de nuestra propia sangre? No. No nos dejó ahí en nuestro pecado, no nos dejó ahí en nuestro fango, en nuestro dolor. Fijaos, fijaos lo que dice… por eso digo que hay que perder el tiempo, relatan esto, cometen el pecado y dice que Dios bajaba como todos los días a pasear a la hora de la tarde, a la hora de la brisa, a pasear con Adán y Eva. Dice que se escondieron. Adán, Dios lo llamó ¿Adán, dónde estás? Y qué es lo que dice, qué es lo que dice Adán, dice: Oí tú ruido, oí tú ruido, o sea, el ruido que hace al venir hacia mí. Oí tú ruido y me dio miedo. Eso es lo que nos ha quedado en herencia a todos: miedo de Dios y ruido de las cosas de Dios, que sabemos pero no entendemos. Pues fijaos, Dios no nos dejó a nosotros en la estacada, no nos abandonó, porque Dios, sus dones, son para siempre y si dice que te ama es hasta el último instante de tu vida terrena. No nos dejó ahí, si no que se puso como aquél que dice manos a la obra. Bajó Él, decidió Él encarnarse, hacerse hombre, para sacarme del lío en el que me había metido. Y en ese lío en el que me había metido, para sacarme de ahí, necesitaba una mujer y se preservó, se guardó a María. Hizo de María una nueva Eva. Hizo de María una criatura como era Eva antes de pecar, hizo de María una mujer libre, pero que podía perfectamente decirle que no al Señor. Pero María jamás le dijo que no a Dios. A María la libró de esa inclinación que tenemos nosotros para hacer las cosas mal, ese egoísmo que cuando nos sale, cuando nos piden no damos y si damos con cuentagotas, ese egoísmo que tenemos nosotros que queremos que nos quieran mucho, pero nosotros queremos querer o amar poco. De esa inclinación mala Dios preservó a María. Hizo de María una criatura nueva, la hizo con un corazón limpio pero con un corazón libre, eh, acordaos de esto, no la hizo tonta ni una marioneta. María cuando le dijeron de ir al Calvario a llevar a su Hijo podía haber dicho a Dios, no, es mío, lo quiero, no dijo que no. ¡Hágase en mí según Tú Palabra! Se lo dijo siempre. María fue preservada por Dios del pecado porque Dios necesitaba sacarnos, aquí, a nosotros, no a María, a nosotros, del lío en el que nos habíamos metido. Porque cuando, pequeños como éramos en el amor, Él quería llevarnos a la santidad. Lo que dice la segunda Lectura, luego leerla: en su querido Hijo, hacernos hijos en el Hijo. La Fiesta que hoy celebramos, es verdad que es mirarla a Ella, es decir, y pensar… ¿Y mereció la pena comerse aquella manzana? Porque como Ella es bella, eternamente joven, eternamente buena, eternamente humilde, eternamente amable, eternamente Madre, eternamente amante de Dios y de nosotros. Así es como Dios nos creó y pensó en nosotros. Pero Adán y Eva decidieron… pues eso: vamos a ver que tal se vive lejos de Dios. Así nos hemos quedado todos nosotros, capaces de abortar niños como habéis visto ahí en Barcelona y Madrid, de ocho meses en el vientre de sus madres, o capaces de coger chavales de veintitrés años, meterlos en un coche y dispararles a la cabeza y quedarnos tan tranquilos. Eso fue lo que nos consiguieron Adán y Eva. De eso es de lo que Dios…, no nos dejó ahí. Pensó en librarnos de eso. Necesitó de María y María le dijo siempre, si, si, si. Hágase en mí según Tú palabra. Pues María es modelo, es Madre. O sea, Dios no se la ha reservado para sí, sino que encima, fijaos nos la ha dado a nosotros. Esa Inmaculada Concepción que hoy celebramos, es para nosotros. Y nos la ha dado para quitarnos el miedo que nos da Dios y su ruido que no entendemos bien, nos la ha dado como Madre ¿Quién tiene miedo a una Madre? Las hay malas, no lo digo yo, que Dios me libre de juzgar, que bastante tengo conmigo mismo. Pero es que Dios lo dice por boca de Isaías ¿Puede una madre olvidarse de su hijo? Lo dice Dios. Y dice Dios… puede. Pero aunque ellas lo hagan Yo jamás te olvidaré. Pero el común es que las madres sean buenas. ¿Quién tiene miedo a su madre? Pues esta Inmaculada Concepción que Él se preparó, Él se guardó y que Ella nunca le dijo que no, nos la dio como Madre. Su Hijo, su Unigénito, lo más valioso, la niña de sus ojos, lo que Dios más quiere que es Jesús, no lo dio como Pan, para que nosotros nos lo comamos, o sea, hoy es un día para cantar, si, cantar las maravillas que ha hecho Dios, si, pero no solo en María, porque ha hecho la Creación, la Redención y en todo eso el centro, la causa de todo eso, soy yo, si, señores, hermanos míos, que compartimos todos la misma fe. Yo, hombre con nombre y apellidos, mujer con nombre y apellidos, casado o divorciado, bueno o malo, guapo o feo, blanco o negro, delgada o gorda. Da igual. El centro de esta maravilla que Él ha hecho, soy yo. Esta es nuestra fe y eso es lo que nos cuesta creer, esas son las cosas que nos cuestan creer. Dice Jesús: “si tuvierais fe, como un granito de mostaza, para creer estas cosas, o sea, el amor inmenso que consume el corazón de Dios por ti, le diríais a ese árbol, a una montaña, quítate de ahí y tírate al mar, y lo haría. Eso lo dice Jesús, no lo digo yo, un papagayo, no hago más que repetir las Palabras de Jesús. Pues esto es lo que hoy celebramos, es un día para cantar sus maravillas, para cantar como un amor inmenso, que no merezco y que no entiendo que no entiendo, porque no hay en mí, por más que mire, nada por lo que sea digno de ser amado. Pues aún así, Dios me ama infinitamente, hasta el punto de preservarse a una mujer y hacerla Inmaculada y Santa a María y entregárnosla como Madre y hasta el punto, maravilla más grande todavía, de hacerse hombre como yo y entrar en el mundo para cargar con todo lo que a mí me impide amar y enseñarme a amar, para que yo llegue a ser lo que Dios siempre pensó sobre mí, santo e inmaculado ante Él en su presencia, por el amor. Pues perdamos hoy el tiempo, de verdad un poquito, un poquito nada más y si mi cabeza no alcanza más, con rezar un Padre Nuestro desde lo más profundo del corazón, entendiendo todo lo que digo y diciéndoselo bien, eso da a Dios una gloria infinita y me hace todavía objeto de más amor por parte de Dios. Ahora, si tenéis tiempo y tenéis capacidad, que yo creo que si y de sobra, coged la palabra de Dios y meditadla, así se santificaran las Fiestas. No solo yendo a Misa y después me olvido, no, Santificaras las Fiestas, el tercer Mandamiento. Las Fiestas se Santifican, cogiendo la Palabra de Dios y meditándola y guardándola en el corazón, como hacía la Inmaculada Concepción. Venga ánimo.

{jcomments on}