NUESTRA SEÑORA DEL VAL
20-IX-2026
Alcalá de Henares
«No tienen vino» (Jn 2,3)
Desde hace muchos siglos, la fiesta propia de nuestra ciudad es la que también hoy celebramos: la Virgen del Val, una fiesta en torno a la imagen de la Virgen María que presenta a su hijo Jesús. Esta tradición es como una voz que nos llega de nuestros antepasados y que, en el fondo, nos dice lo mismo que esta Palabra que nos viene de lo alto en el Evangelio: que el hombre encuentra su gozo al encontrarse con Jesús; que de este gozo nace la verdadera fiesta; y que María nos da a Jesús.
En el primer capítulo del libro del Génesis, la obra creadora de Dios culmina con la creación del hombre. De todas las criaturas se dice: «y vio Dios que era bueno», pero solo del hombre se dice que fue creado a «imagen de Dios». Él es la culminación de creación. Nuevas ideologías, sin ningún fundamento racional, quieren mostrar al hombre como un elemento más de la naturaleza, como si fuera el producto del azar; o peor, como si fuera un error: «La naturaleza estaría mejor si este hombre no hubiera aparecido nunca sobre la tierra, la naturaleza estaría mejor si el hombre se extinguiese». Pero el libro del Génesis muestra al hombre como culmen de la creación. Todo ha sido creado en función del hombre, todo ha sido creado para el hombre: «Creced. Multiplicaos. Llenad la tierra y sometedla». Esta verdad tiene importantes consecuencias, pero no quiero pararme aquí.
El mismo relato del Génesis muestra a Dios creando todas las cosas con un ritmo preciso: «pasó una noche, pasó una mañana, día primero», «pasó una noche, pasó una mañana, día segundo…». Y con ese ritmo, con ese orden, se llega a la última obra creada, el hombre, en el día sexto, y queda concluida la obra creadora. Sin embargo, aunque la creación ha sido concluida, hay un día más, el día séptimo, un día en el que Dios no crea nada. ¿Qué hace el día sétimo? Descansa y consagra ese día. La creación tiene una dirección intrínseca escrita en su ser: el descanso, el gozo de Dios. Toda la creación es para el hombre y el fin del hombre es entrar en el descanso, en el gozo de Dios. No se trata solo del necesario descanso físico o psicológico, el hombre necesita mucho más que eso: necesita entrar en el gozo de Dios para que su corazón sea satisfecho. Pero, ¿cómo alcanzar este descanso?, ¿cómo alcanzar a Dios?
Nuestros conciudadanos y también nosotros seguimos buscando gozo y descanso sin saber que buscamos a Dios. Muchos rechazan a Dios, sin saber que así rechazan el gozo que ansían. Necesitan el gozo y por eso hacen fiesta, pero no tienen aquello que llena de gozo el corazón y da sentido a la fiesta. Buscan mil cosas para hacer fiesta, unas buenas y otras malas, pero, al final, vacías todas si no está Aquel que creó el corazón del hombre para él. Yo no tengo intención de acusar a nadie de perversión cuando buscan hacer fiesta en la bebida, en la droga, en el sexo desordenado, o en cualquier otra cosa. No es mi intención acusar, solo quisiera decir: os equivocáis. Y me pregunto si los cristianos no ayudamos a confundir a los demás, justamente por hacer lo mismo que ellos: buscar la fiesta antes que buscar el gozo verdadero del que nace la fiesta, el gozo que nace de la adoración a Dios. Al final, de ellos y de nosotros, María puede decir: «No tienen vino». Sí, el hombre sin Dios es como una boda sin vino. Y nosotros, los cristianos, hemos escondido el vino bueno con nuestro olvido de Dios, relegando a Dios al puesto de una criatura, al dejar de tender a él como a nuestro único fin, lo hemos escondido a los ojos de nuestros contemporáneos y también nosotros nos hemos quedado sin vino.
Pero, ¿dónde buscar a Dios? A muchos les parece una búsqueda imposible. Y ¡sin embargo es tan sencilla! Es él quien nos ha buscado, quien se ha hecho hombre para encontrarnos. Y es su madre la que le insta a verter su vino bueno en nuestro corazón: «No tienen vino». El Hijo de Dios se ha hecho hombre para encontrar al hombre perdido, al hombre que busca donde no puede encontrar, que quiere extraer gozo de unas criaturas que no pueden darle lo que pide. El hombre violenta a las criaturas exigiéndoles lo que no tienen, y el Hijo se ha hecho hombre y se ha dejado violentar por el hombre, se ha dejado exprimir, para darle su amor, el único vino bueno. Eso es la cruz y eso es la Eucaristía.
En las bodas de Caná María vio lo que sigue viendo desde el cielo: hombres que no tienen vino. En Caná con su amor maternal dirigió el corazón de su Hijo hacia los hombres y el corazón de los hombres hacia su Hijo. Al Hijo le dice: «No tienen vino». Y a aquellos hombres: «Haced lo que él os diga». Y el Hijo adelantó para aquellos esposos y sus invitados el vino que había de verterse de su corazón abierto en la cruz. Hoy María sigue viendo el corazón de los que ha tomado por hijos, cansados, muchas veces hastiados: dirige la mirada de Cristo hacia ellos, hacia nosotros, y dirige nuestra mirada hacia Cristo.
Dios lo creó todo para nosotros y a nosotros para entrar en su descanso, en el gozo de su amor eterno, del amor de la Trinidad, donde nuestro corazón se ensancha como en su verdadera casa. Y como nosotros nos hemos hecho incapaces de dirigirnos hacia él y somos incapaces de alcanzarlo, ha querido él tomar parte de esta creación suya, hacerse hombre, mostrarnos humanamente su amor divino, para atraer nuestro amor con el suyo, y para verter en nuestro corazón el amor de Dios. Solo así se alcanza el gozo y el hombre puede hacer fiesta y gozar de todo lo bueno que Dios ha creado. Repito lo que os decía al principio: la voz de la tradición que nos llega de nuestros antepasados y la voz de lo alto que nos llega en el Evangelio vienen a decirnos lo mismo: encontramos el gozo al encontrarnos con Jesús. De este gozo nace la verdadera fiesta. Y María nos da a Jesús. No nos privemos de este vino y no lo escondamos a nuestros conciudadanos. Acudamos a María, que ella hable a Cristo de nosotros. Escuchemos a María, «haced lo que él os diga».
Alabado sea Jesucristo
Siempre sea alabado
P. Enrique Santayana C.O. Homilía de la Solemnidad de la Virgen del Val III domingo de septiembre (20.9.2026) Oratorio de San Felipe Neri. Alcalá de Henares.