Oratorio San Felipe Neri de Alcalá de Henares

 

Ana, la anciana, nos enseña el camino de la penitencia y de la oración diarias para educar el corazón. Sí, efectivamente, el corazón ha de ser purificado para hacerse capaz de contemplar a Dios: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Ha de ser entrenado y educado para ser capaz de penetrar en la verdad de las cosas, distinguir y reconocer a Dios: «Señor, da luz a mis ojos» (Sal 13,4)

Con la escena de Ana me venían a la memoria unas palabras que había leído unos días atrás: «La vida de contemplación es irremisiblemente una vida de todos los días, de pequeñas fidelidades, de pequeños servicios, hecho todo con el espíritu del amor que todo lo aligera y a todo da calor. Sol y claridad pueden verse cubiertos, de vez en cuando y hasta con frecuencia, por la niebla y por  nubes. Aquí vale la sentencia de Pablo: “Quien no trabaja, que no coma”» (Hans Urs von Balthasar, Das betrachtende Gebet, 123-124)

Tiempo. Penitencia. Oración. Para llegar a ver es necesario educar el corazón.

 

joomplu:2420